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viernes, noviembre 13, 2009
Rehab
Por que si tu no me hubieras encontrado, yo te habría encontrado a ti.
Etiquetas:
egoismo,
Loves like these..,
That's why it's good to be ME
sábado, junio 27, 2009
The Best I Ever Had Is Just a Memory
Me sentaba en el escalón de la puerta todos los miercoles por la noche a esperarte a que salieras. Ese era el mejor día por que mis papás pasaban tarde por mi... Y bueno, por ti a veces ni pasaban. Platicábamos de quien-sabe-que cosas y tonterías de niños. Pero eran esas mis tontería favoritas.
Recuerdo dos torneo en especial. En el primero, me pediste un beso en la mejilla a cambio de mi puerquito de la suerte. Y después intentaste el viejo truco de "tienes algo en el ojo" pero como era tan torpe y yo tan inocente no te salió muy bien. También ese mismo día jugando te dejé de hablar y enseguida corriste a pedir disculpas. No pasó mas ayá de un: "mugroso!" y de un empujón. Y luego con los demás al terminar, pudiendo irte con tus amigos o con otras niñas, me buscaste a mi. Tú el inquieto hablador niño larguircuho y yo la seria sarcastica niña burlona.
Desde entonces los dos supimos.
El segundo torneo todos se salieron y tu te quedaste conmigo por que yo no podía ir. Y me acompañaste a la tiendita a pesar del calor y de que nos prohibieron salir del hotel. Cuando me lastimé en la tarde entrenando, tu llamaste al médico y me dijiste: "te estoy agarrando la mano" cuando me inyectaron por que tu bien sabías lo mucho que odio las inyecciones.
Cuando tu competiste, estuve apoyandote siempre. Y cuando perdiste, te levanté y te reiste. Cuando yo competí. eras el primero que se veía entre la gente. Y tu voz sonaba más fuerte entre el difuso borron de gritos.
Si, perdí. Pero me levantaste. Yo me puse a llorar, pero tu me sonreiste y me diste de tu CarlosV. Siempre tenías una sonrisa para ambos.
Después fue esa fiesta gigante. De nuestras primeras fiestas de Quince Años. Lo recuerdo muy bien por que tu eras chambelán y otro de los chambelanes te había dicho que quería bailar conmigo. Crees que no me di cuenta, pero si.
Ni bien me servían de comer y tu fuiste el primero en decirme desde el otro lado de la mesa, alzando la voz sobre el retumbe de la música: "quieres bailar?" Claro que te dije que si, pero primero quería comer. Tu insististe y pude ver en tus ojos que de verdad necesitabas bailar conmigo antes que el otro chambelán. Y nos paramos a la pista.
No habían más de 8 o 10 personas en una pista de baile como para 50. La música era de José José, de esa que ponen mientras las personas comen. Ni tu ni yo sabíamos bailar eso (José José se baila??) pero tu habías tenido la idea. Torpemente nos metimos entre la poca gente. Tu mirando tus pies para no tropezarte. Yo sintiendome torpe, tonta y preguntándome si esto en verdad era tan importante para mi.
Me dijiste algo como: "que pena, nos estan viendo todos" y terminó la canción. Yo corrí a sentarme y tu detrás de mi toda la fiesta, cuidando que no se me acercara el otro. Fallaste, haha. Pero tu fuiste mi favorito. Nunca nadie ha sido tan tierno.
Después, de repente te pusiste de malas. Todos los días estabas mal, conmigo. Solo conmigo. Nunca entendí por que. Y poco a poco lo echamos a perder.
Sin embargo, siempre me he culpado por lo peor. Yo se que yo tuve la culpa. Y tu lo tienes muy en claro, por que hace ya 4 años que no nos hablamos.
Y lo siento, tanto. Cada vez que pienso en ti, cada que escucho tu canción favorita en la radio. Cada que entreno, cada vez que voy a un torneo. Cuando alguien habla de ti. Cada Marzo lo siento tanto. O será Marzo el que se burla de mi? Cada vez que escucho a José José...
Hoy andabas rondando cerca de mi. En un torneo tan grande, y tenías que pararte por ahí, dándome la espalda. Después de 3 años de no vernos, apareciste de la nada. El primer punzón fue escuchar decir que estabas ahí. El segundo golpe fue verte de lejos. El tercero fue tu seco y único "hola". La manera como lo dijiste y como me miraste... Me deshiciste.
Y yo que pensé que no habías sido la gran cosa. Siempre tuve en la mente a otros antes que a ti. Hoy me di cuenta de que si eras importante. Sigues siendo importante. Siempre serás el primero. El autor de mis mas grandes carcajadas, de los momentos más tiernos, de los peores dolores de cabeza. Ya vez como es eso del amor adolescente. Y si debo confesarlo para poder dormir tranquila: Si, te quiero. Aunque eso siempre lo has sabido.
Recuerdo dos torneo en especial. En el primero, me pediste un beso en la mejilla a cambio de mi puerquito de la suerte. Y después intentaste el viejo truco de "tienes algo en el ojo" pero como era tan torpe y yo tan inocente no te salió muy bien. También ese mismo día jugando te dejé de hablar y enseguida corriste a pedir disculpas. No pasó mas ayá de un: "mugroso!" y de un empujón. Y luego con los demás al terminar, pudiendo irte con tus amigos o con otras niñas, me buscaste a mi. Tú el inquieto hablador niño larguircuho y yo la seria sarcastica niña burlona.
Desde entonces los dos supimos.
El segundo torneo todos se salieron y tu te quedaste conmigo por que yo no podía ir. Y me acompañaste a la tiendita a pesar del calor y de que nos prohibieron salir del hotel. Cuando me lastimé en la tarde entrenando, tu llamaste al médico y me dijiste: "te estoy agarrando la mano" cuando me inyectaron por que tu bien sabías lo mucho que odio las inyecciones.
Cuando tu competiste, estuve apoyandote siempre. Y cuando perdiste, te levanté y te reiste. Cuando yo competí. eras el primero que se veía entre la gente. Y tu voz sonaba más fuerte entre el difuso borron de gritos.
Si, perdí. Pero me levantaste. Yo me puse a llorar, pero tu me sonreiste y me diste de tu CarlosV. Siempre tenías una sonrisa para ambos.
Después fue esa fiesta gigante. De nuestras primeras fiestas de Quince Años. Lo recuerdo muy bien por que tu eras chambelán y otro de los chambelanes te había dicho que quería bailar conmigo. Crees que no me di cuenta, pero si.
Ni bien me servían de comer y tu fuiste el primero en decirme desde el otro lado de la mesa, alzando la voz sobre el retumbe de la música: "quieres bailar?" Claro que te dije que si, pero primero quería comer. Tu insististe y pude ver en tus ojos que de verdad necesitabas bailar conmigo antes que el otro chambelán. Y nos paramos a la pista.
No habían más de 8 o 10 personas en una pista de baile como para 50. La música era de José José, de esa que ponen mientras las personas comen. Ni tu ni yo sabíamos bailar eso (José José se baila??) pero tu habías tenido la idea. Torpemente nos metimos entre la poca gente. Tu mirando tus pies para no tropezarte. Yo sintiendome torpe, tonta y preguntándome si esto en verdad era tan importante para mi.
Me dijiste algo como: "que pena, nos estan viendo todos" y terminó la canción. Yo corrí a sentarme y tu detrás de mi toda la fiesta, cuidando que no se me acercara el otro. Fallaste, haha. Pero tu fuiste mi favorito. Nunca nadie ha sido tan tierno.
Después, de repente te pusiste de malas. Todos los días estabas mal, conmigo. Solo conmigo. Nunca entendí por que. Y poco a poco lo echamos a perder.
Sin embargo, siempre me he culpado por lo peor. Yo se que yo tuve la culpa. Y tu lo tienes muy en claro, por que hace ya 4 años que no nos hablamos.
Y lo siento, tanto. Cada vez que pienso en ti, cada que escucho tu canción favorita en la radio. Cada que entreno, cada vez que voy a un torneo. Cuando alguien habla de ti. Cada Marzo lo siento tanto. O será Marzo el que se burla de mi? Cada vez que escucho a José José...
Hoy andabas rondando cerca de mi. En un torneo tan grande, y tenías que pararte por ahí, dándome la espalda. Después de 3 años de no vernos, apareciste de la nada. El primer punzón fue escuchar decir que estabas ahí. El segundo golpe fue verte de lejos. El tercero fue tu seco y único "hola". La manera como lo dijiste y como me miraste... Me deshiciste.
Y yo que pensé que no habías sido la gran cosa. Siempre tuve en la mente a otros antes que a ti. Hoy me di cuenta de que si eras importante. Sigues siendo importante. Siempre serás el primero. El autor de mis mas grandes carcajadas, de los momentos más tiernos, de los peores dolores de cabeza. Ya vez como es eso del amor adolescente. Y si debo confesarlo para poder dormir tranquila: Si, te quiero. Aunque eso siempre lo has sabido.
sábado, junio 20, 2009
All the Young Dudes
Me gusta sentarme en las escaleras y ver las telarañas, aunque le tengo miedo a las arañas. Me gusta mirarme en el espejo y enseñarme la lengua, las tardes en la arena que se escurre como agua, y ver las nubes corriendo hacia el norte.
Me gusta manejar los domingos por el malecón y ver la linea enorme como el pulso del mundo que es el horizonte. Y el azul inmenso aplastándonos como tormenta. Me gusta como suena el ukelele aunque no me agrada la playa. Me gusta la sal del aire en mi cara, aunque no como salado.
Me gusta el invierno, mucho más que el verano. Comer helado sentada en el pasto y hablar de Gore y dinosaurios. Me gustan los nerds y más cuando se ponen nerviosos. Me gusta el aeropuerto y el ruido que hacen los zapatos contra el suelo, abrazar los árboles y bailar los viernes. Si, me gustan los viernes.
Es mejor cuando esta cubierto de mermelada de fresa. Me gustan las fresas. Y los cactus con flores de color rosa. Me gusta mirarme los pies y alborotarme el pelo. Ir al cine a comer palomitas y las Margaritas, como me gustan las Margaritas! Y acordarme de tiempos mejores, de Enero o Noviembre.
Me gusta verte parado en la ventana con tus ojos de película de antes, y escuchar tu música rara anque diga que es ruido de granjeros. Me gusta más cuando cierras los ojos. No hay algo que me guste más que eso.
Cuando la lluvia se calma y entonces llegas con tu andar de valiente. Me gusta eso, y me gusta el queso también. Me gusta esa canción extraña de la película de la niña embarazada, la que no dejo de tararear desde ese día en el cine. Me gustan las pláticas de ovnis y fantasmas y me gusta como abres mucho los ojos al hablar. Me fascina eso.
También me gusta tomarle fotos a los árboles grandes y raros que hay a orilla de carretera. Pero esa es otra historia.
Me gusta manejar los domingos por el malecón y ver la linea enorme como el pulso del mundo que es el horizonte. Y el azul inmenso aplastándonos como tormenta. Me gusta como suena el ukelele aunque no me agrada la playa. Me gusta la sal del aire en mi cara, aunque no como salado.
Me gusta el invierno, mucho más que el verano. Comer helado sentada en el pasto y hablar de Gore y dinosaurios. Me gustan los nerds y más cuando se ponen nerviosos. Me gusta el aeropuerto y el ruido que hacen los zapatos contra el suelo, abrazar los árboles y bailar los viernes. Si, me gustan los viernes.
Es mejor cuando esta cubierto de mermelada de fresa. Me gustan las fresas. Y los cactus con flores de color rosa. Me gusta mirarme los pies y alborotarme el pelo. Ir al cine a comer palomitas y las Margaritas, como me gustan las Margaritas! Y acordarme de tiempos mejores, de Enero o Noviembre.
Me gusta verte parado en la ventana con tus ojos de película de antes, y escuchar tu música rara anque diga que es ruido de granjeros. Me gusta más cuando cierras los ojos. No hay algo que me guste más que eso.
Cuando la lluvia se calma y entonces llegas con tu andar de valiente. Me gusta eso, y me gusta el queso también. Me gusta esa canción extraña de la película de la niña embarazada, la que no dejo de tararear desde ese día en el cine. Me gustan las pláticas de ovnis y fantasmas y me gusta como abres mucho los ojos al hablar. Me fascina eso.
También me gusta tomarle fotos a los árboles grandes y raros que hay a orilla de carretera. Pero esa es otra historia.
martes, junio 02, 2009
Very True (Bitchy) Love
I'm in love with this crazy, biopolar bitch called Twitter.
De verdad, y se que sonará triste y estúpido, pero amo esta tontería. Adoro las endorfinas de mis followers incrementando. Esa gente encantadora que encuentra mis imbéciles vanalidades divertidas. Me encanta que todos lean lo que hago, por más diminuto que sea (huh?).
Incluso lo amo cuando se satura y se pone caprichoso y no me deja tweetear más pues sobrepasé mi limite de tweets aceptados. Estoy obsesionada con Twitterrific a pesar de que es una perra insufrible que me limita y no me deja ver a mis followers como me lo permite Twitterfon (suspiro*).
Me encanta despertar en las mañanas, encender el Ipod y escuchar la dulce melodía que emite el pajarito ese azul encerrado dentro de mi reproductor, y refrescar la pantalla y encontrarme con todo lo que mis amigos han escrito mientras yo dormía.
Siento una felicidad increible cuando me quejo de la vida en tres idiomas distintos, cuando pido que alguien apague el sol, o que me alimenten, o escribo cartas de queja a corporaciones internacionales.
Y la adrenalina, ooooh! la adrenalina de saber que hay gente aya afuera que, por algún extraño, enfermo y estúpido motivo, encuetra interesantes mis aburridos y vanales tweets. Que alguien en este mundo, me sigue... Es como ser acosada... Get the trhills now?
Yo sé, estoy conciente, de que esta relación me esta consumiendo. Que es solo dar y nada de recibir, pero no puedo parar. Es adictivo. Con todo y sus fallos técnicos y estúpidos limites de 100 tweets por hora por usuario. Pero lo amo y no podría vivir sin él.
De verdad, y se que sonará triste y estúpido, pero amo esta tontería. Adoro las endorfinas de mis followers incrementando. Esa gente encantadora que encuentra mis imbéciles vanalidades divertidas. Me encanta que todos lean lo que hago, por más diminuto que sea (huh?).
Incluso lo amo cuando se satura y se pone caprichoso y no me deja tweetear más pues sobrepasé mi limite de tweets aceptados. Estoy obsesionada con Twitterrific a pesar de que es una perra insufrible que me limita y no me deja ver a mis followers como me lo permite Twitterfon (suspiro*).
Me encanta despertar en las mañanas, encender el Ipod y escuchar la dulce melodía que emite el pajarito ese azul encerrado dentro de mi reproductor, y refrescar la pantalla y encontrarme con todo lo que mis amigos han escrito mientras yo dormía.
Siento una felicidad increible cuando me quejo de la vida en tres idiomas distintos, cuando pido que alguien apague el sol, o que me alimenten, o escribo cartas de queja a corporaciones internacionales.
Y la adrenalina, ooooh! la adrenalina de saber que hay gente aya afuera que, por algún extraño, enfermo y estúpido motivo, encuetra interesantes mis aburridos y vanales tweets. Que alguien en este mundo, me sigue... Es como ser acosada... Get the trhills now?
Yo sé, estoy conciente, de que esta relación me esta consumiendo. Que es solo dar y nada de recibir, pero no puedo parar. Es adictivo. Con todo y sus fallos técnicos y estúpidos limites de 100 tweets por hora por usuario. Pero lo amo y no podría vivir sin él.
tema sugerido por @cosmo182. thanks man!
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Por que soy taaaan imbécil
martes, mayo 19, 2009
Elle A les Yeux Grands
Mientras veía la mejor película del mundo (y probablemente mi nueva favorita), yo no podía dejar de pensar: Dios, tiene los ojos grandes! Y riendo con una felicidad tan inmensa que tenía mucho tiempo no sentía, dejé que la chica de los ojos grandes y el joven de los ojos tristes me enamoraran. Sentí amor sin siquiera estarlo. Sentada en la clase e francés de esta tarde, entre un montón de gente inepta que probablemente no entendieron nada de la belleza de la película, sonreí como estúpida y aún sigo sin dejar de hacerlo.
En mi mente hay dos cosas justo ahora: Nino Quincampoix y "Que ojotes tiene Audrey Tautou!"
En mi mente hay dos cosas justo ahora: Nino Quincampoix y "Que ojotes tiene Audrey Tautou!"
"Sans toi, le bonheur d'ajourd'hui est la crasse d'hier"
martes, mayo 12, 2009
I Love You From the Cheeks to the Nose to the Foot You Tap on the Floor
A continuación, un trivial suceso, como los otros que he narrado y narraré, sobre nuestras aburridas vidas. El aburrimiento de hoy ocurrió durante años mejores que estos, en una tarde típica en la universidad. Nunca le presté mucha atención a lo que Lietza me decía, hasta ese día.
Salí acalorada del edificio de idiomas. Para ser una tarde nublada, como las típicas tardes en la ciudad, hacía demasiado calor. Al pasar a toda prisa frente a una ventana, pude ver mi rostro enrojecido por el bochorno. Me pasé la mano para ver si así se quitaba un poco. Solo lo empeoré. Ya me habían dicho antes que las mejillas se me enrojecían con el frío o el calor. Osea, casi siempre estaban de un color rosa mexicano.
Me apresuré dentro de la biblioteca para escapar del calor y ver si así se me bajaba un poco el color. Refunfuñando quien-sabe-que-cosas me interné entre los estantes repletos de libros desde el piso hasta el techo y me paré justo debajo de una salida del aire acondicionado. Cerré los ojos y dejé que el aire me arrullara. Pronto iría a encontrar algún lugarcito afuera en el pasto y me quedaría dormida un rato. Primero aprovecharía para buscar unos libros que necesitaba.
Abri los ojos y busqué mis libros en menos de diez minutos. Me disponía a la huida cuando lo vi.
Sentadito como en la foto de un alumno prodigio. Usaba lentes de pasta negra gruesa, un poco más que los mios. El cabello alborotado y café claro. No separaba la mirada del libro que estaba leyendo. Era tan grueso como un diccionario enciclopédico, pero parecía fascinado por como sus ojos brillaban mientras recorrían hambrientos las líneas del texto. Ya me podía imaginar el tamaño diminuto de la letra y la miopía o atismatismo que esto le causaría.
-Qué nerdazo! - me dije a mi misma y salí sin más del edificio.
Unas semanas después, de vuelta a la biblioteca huyendo del calor como siempre, lo volví a ver. Los mismos lentes, el mismo cabello desaliñado, y si me hubiera fijado mejor la primera vez juraría que traía la misma ropa. No sé. Me dediqué a lo mio, de nuevo aproveché para buscar libros que necesitaba. Mientras la mujer de la entrada registraba los titulos, le eché una mirada rápida, solo para ver si el ente se movía en señal de que aún respiraba. Por una fracción de segundo me pareció que no respiraba, pero después movió torpemente una mano para cambiar la página de su enorme libro. Esta vez era uno más grande y lo leía con igual entusiasmo.
-Qué flojera! - salí corriendo pues ya me esperaban afuera para ir a no se donde a embrutecernos.
Siete días después, recién me habían encargado un trabajo y no podía esperar. La fecha límite era hasta dentro de dos meses, y nisiquiera era algo grande, pero últimamente me sentía muy responsable y hacía mis tareas por adelantado. Era medio día, la universidad estaba casi vacía. Además era viernes. Todos debían estar en casa, o en alguna clase, muchos ya estarían perdidos en alcohol a estas horas. Pero no, yo ahí estaba, en un bonito incio de fin de semana, dentro de una biblioteca. Sentí que me merecía un premio.
Entré, busqué mis libros y me senté en una mesita sin levantar la vista. Yo había ido ahí a trabajar y eso haría. Al parecer estaba desierto, nadie en su sano juicio iría a ese lugar en viernes. Buena cosa que yo ya había perdido el juicio hacía muchos años.
Levanté la cara solo para ver si alguien más compartía mi locura. Vacio. Rei para mi misma. Regresé la mirada a mi mesa y de nuevo, como me juré a mi misma, levanté los ojos por alguien por la última vez.
Entró, con su andar ligero que a cualquier otro le hubiera parecido encorvado y guandajo. Esa actitud relajada que se reflejaba desde como agachaba los hombros hasta la manera en que caminaba de forma automática hasta la estantería donde lo esperaba su libro de siempre. Se sentó en la misma mesa de hacía una semana, y hacía un mes, y hacía dos. Recargó todo su peso sobre un codo y apoyó su rostro cansado sobre esa mano mientras con la otra tocaba la portada del libro como si se tratara de una flor muy exquisita y delicada. Y entonces, como nunca antes en mi vida, deseé ser rosa, o violeta, o camelia.
Hojeó hasta encontrar la página amarillenta que ya había marcado hábilmente con un hilo rojo (arrancado de su camisa, supuse enseguida) y posó toda su atención sobre las letras y palabras. Por segunda vez en el día, deseé ser algo más. Me quedé mirándolo for the longest time, tanto que casi sentí que my eyes popped out.
Las horas pasaron así, y yo no podía superar la manera en que se acomodaba los lentes empujándolos hacia arriba con el dedo índice. O como arrugaba la nariz mientras leía (supuse que eran partes desagradables o aburridas o que simplemente no eran de su agrado), y entonces sentí la urgencia de saber que era lo que le gustaba o interesaba, que le causaba gracia, que lo hacía enojar. Obviamente me olvidé por completo del trabajo. Tanto, que faltando dos días para entregarlo decidí hacerlo en mi casa para evitarme distracciones.
Después de ese viernes la biblioteca era mi refugio. Ahí me escondía, si hacía calor, que bien. Si hacía frío, llevaba un sueter. Todos los demás pensaron que se trataba de un intento por mejorar calificaciones, y aunque no me iba nada mal, nadie notó mejora alguna en mis notas. Pronto comensaron a aburrirse de mis idas a ese edificio tan desconocido y místico para ellos. Pero no me importaba, yo solo quería saber del chico callado y pensativo de la tercera mesa, de derecha a izquierda.
Solía sentarme tres o cuatro mesas más atrás, lo suficientemente cerca para verle la cara, pero lo suficientemente lejos para que no se diera cuenta de que lo observaba. Llegué a sentirme como una acosadora, pero era imposible evitarlo.
Con el tiempo descubrí que el libro que tanto tiempo llevaba leyendo era una recopilación de literatura inglesa. Días después encontré el primer libro con el que lo vi, historia mundial. Un día, Martes, entró con audifonos. Por los leves movimientos de sus pies bajo la mesa y sus manos golpeteando suavemente sobre el libro, llegué a la conclusión de que escuchaba música que involucraba a un baterista. Quizá Rock, Jazz o Blues. Tuve el impulso de pararme e ir a hablar con el de bandas, pero me contuve.
Continué así el resto del semestre. Me perdí tanto que algunas personas con las que acostumbraba salir a parrandear dejaron de buscarme. Incluso terminé por cortar con mi novio. Pero claro, eso era más que obvio que pasaría. Y me quité un gran peso de encima. Pero con esa descarga, llegó una pesadez mayor. El chico simplemente no parecía notarme. Siempre ahí, sentado, leyendo, acomodándose los lentes, alborotándose el pelo con la mano. Casi inmovil, como sin respirar.
Me sentí una inútil, una estúpida... Pero lo pensé y decidí que no me importaba. Ultimamente el era mi desayuno, comida, y cena, hasta que él dejara la biblioteca y yo unos metros detrás de él. Llegó Diciembre. Era mi última oportunidad de verlo antes de irme a casa para vacaciones. Tenía demasiadas ganas de ver a Lietza, Mago, Felipe y Rafa. Pero una parte de mi, la más fuerte, quería quedarse colgada de la espalda de "mi nerd", como lo bauticé, aunque ya sabía que su nombre era Andrés.
Entré a la biblioteca, y no lo ví ahí. Me fui sintiendo una presión horrible en el pecho, sin esperar unos minutos a ver si llegaba. Sería la peor Navidad de todas, lo sabía.
Regresé a la Universidad. Había sido una buena Navidad. Buena comida, buena gente, buenos regalos, risas, abrazos. Casi de manera conciente había dejado a un lado al nerd. Pero en mi inconciente, estaba tan presente como el primer día.
Después de las clases de la mañana, mis pies me llevaron automáticamente a la biblioteca. Sin saber muy bien que hacía ahí, encontré una mesa y me senté. Escuchando música con mi reproductor, los sonidos del exterior eran casi mudos. Solo escuchaba la música y mi propia respiración. No tenía tareas ni examenes. Solo estaba ahí por que ahí había pensado en ir. La lista de reproducción aleatoria puso una canción que en ese entonces (y aún hoy en día) me encantaba. Me puse a tararearla en voz baja, conciente del lugar en donde me encontraba.
Unos dedos sobre mi hombro me sobresaltaron y me quité los audifonos. Levanté la cara y lo vi, frente a mi. Con todo y su cabello y sus lentes y su nariz que se arrugaba.
- Estás en mi silla.
Que debía decir!? Tenía la voz grave pero clara, profunda pero suave, y sus ojos eran de color miel, como la miel que saboreaba en mi boca en ese instante... CONCENTRATE! Me dije (grité) a mi misma.
- Lo... siento? - pero si no era SU silla! - Pero esta no es TU silla...
- Lo sé, pero es mi lugar. Creí que estaba claro.
- ...Además no tiene tu nombre en ningún... Claro? Que estaba claro?
- Pues que yo vengo aquí, todos los días de Lunes a Viernes, de 4 a 6pm, a leer mi literatura, y que tu vienes todos los días de Lunes a Viernes de 4 a 6pm y te sientas ayá - señaló la mesa que había soportado mi peso por casi cuatro meses - y te pones a leer, a escribir, o simplemente a mirarme.
... Y yo que pensaba que era una buena espía. Me quedé sin palabras (cosa casi tan rara como un eclipse solar), y solo se me ocurrió decir:
- Me gustan tus lentes - mientras sacaba los mios de su estuche y me los ponía para que viera que eran prácticamente iguales.
Se rio con un ruido profundo, como un "Hum Hum Hum" y se sentó frente a mi, del otro lado de la mesa. Tomó mi reproductor y comenzó a urgarlo. Yo no me sentí invadida ni ofendida, solo me limité a observarlo. Asintía de vez en cuando y se reía a veces. Una o dos veces arrugó la nariz y una sola vez se acomodó los entes que se resbalaban sobre su perfil largo y recto.
Hablamos y al final, los dos miramos el reloj colgado en la pared. Las 7:30pm. Se volvió a reir con sus Hums Hums y me dijo muy seguro:
- Nos vemos mañana - se fue con su andar enconrvado y me dejó sentada.
El nerdazo no tenía nada de nerd. Y lo demás, es historia.
Salí de la habitación con los ojos rojos por las ganas de llorar, pero mis pupilas estaban secas como piedra. Sin embargo, no podía dejar de sonreir. Me dejé caer sobre un bulto café, que supuse era un sofá, no me fijé bien. Cerrado era mi amigo, y ahora estaba muerto. Pero había hablado con él, y habíamos dicho todo.
De pronto la tristeza me golpeó. Todo el cansancio, todo el trabajo, la idea de no volver a reir los cinco juntos una vez al año en Central Park. Y en medio de mi tormenta, en la orilla vislumbré al faro, a mi puerto seguro.
Andrés puso su mano sobre mi espalda y me dijo al oido lo mismo que siempre me decía cuando sentía que me ahogaba.
En ese momento, di gracias a quien fuera que nos estuviera viendo ayá arriba (por que ahora gracias a Rafael sabía que si había alguien ayá), tomé de la mano a mi esposo y me uní a Mago, Lietza y Felipe en el velatorio. La vida había sido buena conmigo, y quería que siguiera siendo así.
Salí acalorada del edificio de idiomas. Para ser una tarde nublada, como las típicas tardes en la ciudad, hacía demasiado calor. Al pasar a toda prisa frente a una ventana, pude ver mi rostro enrojecido por el bochorno. Me pasé la mano para ver si así se quitaba un poco. Solo lo empeoré. Ya me habían dicho antes que las mejillas se me enrojecían con el frío o el calor. Osea, casi siempre estaban de un color rosa mexicano.
Me apresuré dentro de la biblioteca para escapar del calor y ver si así se me bajaba un poco el color. Refunfuñando quien-sabe-que-cosas me interné entre los estantes repletos de libros desde el piso hasta el techo y me paré justo debajo de una salida del aire acondicionado. Cerré los ojos y dejé que el aire me arrullara. Pronto iría a encontrar algún lugarcito afuera en el pasto y me quedaría dormida un rato. Primero aprovecharía para buscar unos libros que necesitaba.
Abri los ojos y busqué mis libros en menos de diez minutos. Me disponía a la huida cuando lo vi.
Sentadito como en la foto de un alumno prodigio. Usaba lentes de pasta negra gruesa, un poco más que los mios. El cabello alborotado y café claro. No separaba la mirada del libro que estaba leyendo. Era tan grueso como un diccionario enciclopédico, pero parecía fascinado por como sus ojos brillaban mientras recorrían hambrientos las líneas del texto. Ya me podía imaginar el tamaño diminuto de la letra y la miopía o atismatismo que esto le causaría.
-Qué nerdazo! - me dije a mi misma y salí sin más del edificio.
Unas semanas después, de vuelta a la biblioteca huyendo del calor como siempre, lo volví a ver. Los mismos lentes, el mismo cabello desaliñado, y si me hubiera fijado mejor la primera vez juraría que traía la misma ropa. No sé. Me dediqué a lo mio, de nuevo aproveché para buscar libros que necesitaba. Mientras la mujer de la entrada registraba los titulos, le eché una mirada rápida, solo para ver si el ente se movía en señal de que aún respiraba. Por una fracción de segundo me pareció que no respiraba, pero después movió torpemente una mano para cambiar la página de su enorme libro. Esta vez era uno más grande y lo leía con igual entusiasmo.
-Qué flojera! - salí corriendo pues ya me esperaban afuera para ir a no se donde a embrutecernos.
Siete días después, recién me habían encargado un trabajo y no podía esperar. La fecha límite era hasta dentro de dos meses, y nisiquiera era algo grande, pero últimamente me sentía muy responsable y hacía mis tareas por adelantado. Era medio día, la universidad estaba casi vacía. Además era viernes. Todos debían estar en casa, o en alguna clase, muchos ya estarían perdidos en alcohol a estas horas. Pero no, yo ahí estaba, en un bonito incio de fin de semana, dentro de una biblioteca. Sentí que me merecía un premio.
Entré, busqué mis libros y me senté en una mesita sin levantar la vista. Yo había ido ahí a trabajar y eso haría. Al parecer estaba desierto, nadie en su sano juicio iría a ese lugar en viernes. Buena cosa que yo ya había perdido el juicio hacía muchos años.
Levanté la cara solo para ver si alguien más compartía mi locura. Vacio. Rei para mi misma. Regresé la mirada a mi mesa y de nuevo, como me juré a mi misma, levanté los ojos por alguien por la última vez.
Entró, con su andar ligero que a cualquier otro le hubiera parecido encorvado y guandajo. Esa actitud relajada que se reflejaba desde como agachaba los hombros hasta la manera en que caminaba de forma automática hasta la estantería donde lo esperaba su libro de siempre. Se sentó en la misma mesa de hacía una semana, y hacía un mes, y hacía dos. Recargó todo su peso sobre un codo y apoyó su rostro cansado sobre esa mano mientras con la otra tocaba la portada del libro como si se tratara de una flor muy exquisita y delicada. Y entonces, como nunca antes en mi vida, deseé ser rosa, o violeta, o camelia.
Hojeó hasta encontrar la página amarillenta que ya había marcado hábilmente con un hilo rojo (arrancado de su camisa, supuse enseguida) y posó toda su atención sobre las letras y palabras. Por segunda vez en el día, deseé ser algo más. Me quedé mirándolo for the longest time, tanto que casi sentí que my eyes popped out.
Las horas pasaron así, y yo no podía superar la manera en que se acomodaba los lentes empujándolos hacia arriba con el dedo índice. O como arrugaba la nariz mientras leía (supuse que eran partes desagradables o aburridas o que simplemente no eran de su agrado), y entonces sentí la urgencia de saber que era lo que le gustaba o interesaba, que le causaba gracia, que lo hacía enojar. Obviamente me olvidé por completo del trabajo. Tanto, que faltando dos días para entregarlo decidí hacerlo en mi casa para evitarme distracciones.
Después de ese viernes la biblioteca era mi refugio. Ahí me escondía, si hacía calor, que bien. Si hacía frío, llevaba un sueter. Todos los demás pensaron que se trataba de un intento por mejorar calificaciones, y aunque no me iba nada mal, nadie notó mejora alguna en mis notas. Pronto comensaron a aburrirse de mis idas a ese edificio tan desconocido y místico para ellos. Pero no me importaba, yo solo quería saber del chico callado y pensativo de la tercera mesa, de derecha a izquierda.
Solía sentarme tres o cuatro mesas más atrás, lo suficientemente cerca para verle la cara, pero lo suficientemente lejos para que no se diera cuenta de que lo observaba. Llegué a sentirme como una acosadora, pero era imposible evitarlo.
Con el tiempo descubrí que el libro que tanto tiempo llevaba leyendo era una recopilación de literatura inglesa. Días después encontré el primer libro con el que lo vi, historia mundial. Un día, Martes, entró con audifonos. Por los leves movimientos de sus pies bajo la mesa y sus manos golpeteando suavemente sobre el libro, llegué a la conclusión de que escuchaba música que involucraba a un baterista. Quizá Rock, Jazz o Blues. Tuve el impulso de pararme e ir a hablar con el de bandas, pero me contuve.
Continué así el resto del semestre. Me perdí tanto que algunas personas con las que acostumbraba salir a parrandear dejaron de buscarme. Incluso terminé por cortar con mi novio. Pero claro, eso era más que obvio que pasaría. Y me quité un gran peso de encima. Pero con esa descarga, llegó una pesadez mayor. El chico simplemente no parecía notarme. Siempre ahí, sentado, leyendo, acomodándose los lentes, alborotándose el pelo con la mano. Casi inmovil, como sin respirar.
Me sentí una inútil, una estúpida... Pero lo pensé y decidí que no me importaba. Ultimamente el era mi desayuno, comida, y cena, hasta que él dejara la biblioteca y yo unos metros detrás de él. Llegó Diciembre. Era mi última oportunidad de verlo antes de irme a casa para vacaciones. Tenía demasiadas ganas de ver a Lietza, Mago, Felipe y Rafa. Pero una parte de mi, la más fuerte, quería quedarse colgada de la espalda de "mi nerd", como lo bauticé, aunque ya sabía que su nombre era Andrés.
Entré a la biblioteca, y no lo ví ahí. Me fui sintiendo una presión horrible en el pecho, sin esperar unos minutos a ver si llegaba. Sería la peor Navidad de todas, lo sabía.
Regresé a la Universidad. Había sido una buena Navidad. Buena comida, buena gente, buenos regalos, risas, abrazos. Casi de manera conciente había dejado a un lado al nerd. Pero en mi inconciente, estaba tan presente como el primer día.
Después de las clases de la mañana, mis pies me llevaron automáticamente a la biblioteca. Sin saber muy bien que hacía ahí, encontré una mesa y me senté. Escuchando música con mi reproductor, los sonidos del exterior eran casi mudos. Solo escuchaba la música y mi propia respiración. No tenía tareas ni examenes. Solo estaba ahí por que ahí había pensado en ir. La lista de reproducción aleatoria puso una canción que en ese entonces (y aún hoy en día) me encantaba. Me puse a tararearla en voz baja, conciente del lugar en donde me encontraba.
Unos dedos sobre mi hombro me sobresaltaron y me quité los audifonos. Levanté la cara y lo vi, frente a mi. Con todo y su cabello y sus lentes y su nariz que se arrugaba.
- Estás en mi silla.
Que debía decir!? Tenía la voz grave pero clara, profunda pero suave, y sus ojos eran de color miel, como la miel que saboreaba en mi boca en ese instante... CONCENTRATE! Me dije (grité) a mi misma.
- Lo... siento? - pero si no era SU silla! - Pero esta no es TU silla...
- Lo sé, pero es mi lugar. Creí que estaba claro.
- ...Además no tiene tu nombre en ningún... Claro? Que estaba claro?
- Pues que yo vengo aquí, todos los días de Lunes a Viernes, de 4 a 6pm, a leer mi literatura, y que tu vienes todos los días de Lunes a Viernes de 4 a 6pm y te sientas ayá - señaló la mesa que había soportado mi peso por casi cuatro meses - y te pones a leer, a escribir, o simplemente a mirarme.
... Y yo que pensaba que era una buena espía. Me quedé sin palabras (cosa casi tan rara como un eclipse solar), y solo se me ocurrió decir:
- Me gustan tus lentes - mientras sacaba los mios de su estuche y me los ponía para que viera que eran prácticamente iguales.
Se rio con un ruido profundo, como un "Hum Hum Hum" y se sentó frente a mi, del otro lado de la mesa. Tomó mi reproductor y comenzó a urgarlo. Yo no me sentí invadida ni ofendida, solo me limité a observarlo. Asintía de vez en cuando y se reía a veces. Una o dos veces arrugó la nariz y una sola vez se acomodó los entes que se resbalaban sobre su perfil largo y recto.
Hablamos y al final, los dos miramos el reloj colgado en la pared. Las 7:30pm. Se volvió a reir con sus Hums Hums y me dijo muy seguro:
- Nos vemos mañana - se fue con su andar enconrvado y me dejó sentada.
El nerdazo no tenía nada de nerd. Y lo demás, es historia.
Salí de la habitación con los ojos rojos por las ganas de llorar, pero mis pupilas estaban secas como piedra. Sin embargo, no podía dejar de sonreir. Me dejé caer sobre un bulto café, que supuse era un sofá, no me fijé bien. Cerrado era mi amigo, y ahora estaba muerto. Pero había hablado con él, y habíamos dicho todo.
De pronto la tristeza me golpeó. Todo el cansancio, todo el trabajo, la idea de no volver a reir los cinco juntos una vez al año en Central Park. Y en medio de mi tormenta, en la orilla vislumbré al faro, a mi puerto seguro.
Andrés puso su mano sobre mi espalda y me dijo al oido lo mismo que siempre me decía cuando sentía que me ahogaba.
En ese momento, di gracias a quien fuera que nos estuviera viendo ayá arriba (por que ahora gracias a Rafael sabía que si había alguien ayá), tomé de la mano a mi esposo y me uní a Mago, Lietza y Felipe en el velatorio. La vida había sido buena conmigo, y quería que siguiera siendo así.
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lunes, mayo 04, 2009
Trivialidades, Bodas y Waffles
Esto ocurrió varios años antes de la muerte de Cerrado. Es una de las tantas anécdotas dignas de contar. En esta no pasa nada raro o sobrenatural, no hay gente hablando sola, ni cadáveres que hablan. Es solo algo trivial, típico de nosotros. Enjoy.
El novio no dejaba de moverse. No tengo ultra visión ni nada por el estilo, pero juro que vi desde el otro lado de la iglesia como se le saltaba una vena en la frente. Mi naturaleza neurótica me tenía a mi más estresada que a la misma novia. No contestaba al celular, como era su costumbre. Volví a intentar. Tono de marcado... Nada.
De nuevo. Tono... y vaya! Por fin contestó. Su voz se escuchaba calmada, pero con un pequeño ápice de nerviosismo.
- Wey, la cagas. Tu propia boda!
- Mames, el tráfico está cabrón.
- Me vale, es tu pinche boda y yo estoy peor que novia de rancho que se comió la torta antes de tiempo.
- Haha, mamona...
- Tu wey! Apurate que se te va el novio!
- Si si si, ya voy! Nos vemos en diez.
- Ok... Y Lietza...
- Mande...
- No intentes huir.
Colgó con una risilla. Guardé el celular habilmente entre los dobleces de mi vestido y me acomodé el outfit por centésima vez. Ni siquiera en mi propia boda había estado tan nerviosa.
Lietza siempre había dicho que yo era el tipo de personas que conseguría un novio en la universidad, duraríamos toda la carrera y después nos casaríamos. No se equivocó. Era perfecto, todo tan perfecto que hacía que mis ojos saltaran fuera de sus orbitas. Como dicen en inglés? Ah si si, my eyes popped out!
Me asomé por la puerta. Recorrí con la vista a todos los invitados sentados en las incómodas banquitas de la iglesia. Algunos moviendose incómodos, otros dormidos, y unos cuantos (del lado de la novia) platicando y bromeando. Decidí revisar al novio, solo par asegurarme de que ahi siguiera. Nuestras miradas se encontraron justo en el centro. El me miraba parte desesperado, parte deprimido, y una parte, la mas grande de las tres, era como de locura y rabia.
Mi mirada fue un "Lo siento" débil. Del otro lado, sentí la mirada furiosa de la Morsa, el papá de Lietza, sobre mi. Probablemente pensaba que su hija había decidido escapar y que yo la estaba encubriendo. Cerré la puerta antes de que alguien más me mirara feamente.
Me di media vuelta, y ahí vi a Mago, en una esquina, hecha un manojo de nervios, llorando histéricamente.
- Y que pasa si le pasó algo, Marie? Qué hacemos!? Yo no quiero decirle al novio que ya es viudo antes de ser casado! No puedo! Como le digo: Hola, que crees, Lietza se murió y dce que no va a venir!?? No no no no... - gemido y luego palabras que no entendí - muerte!
- Mago cál-ma-te!¬¬ Te necesito entera para esto. No me puedes dejar sola. Respira!
En eso, como trueno, sudando y temblando de exitación, entra Lietza al recibidor.
- Maquillaje exprés!
Le caimos encima como buitres, pero el resultado no fue un cadaver descarnado y deforme. Era... hermoso, mi creación más mágica. Mi Opera Prima. Mago balbuceó algo que no entendí, como de costumbre, y sin más, la empujé por la puerta hacia el pasillo.
La marcha de Wagner comenzó a sonar mientras la gente se volteaba para ver. Mago seguía lloriqueando. La Morsa estaba más roja que de costumbre. Mientras caminaba con las demás damas, entre las caras de los invitados pude distinguir a unos cuantos buenos amigos. Luego, a personas que no creí ver ahí. Me reí para mis adentros y seguí caminando.
Fue una ceremonia larga, lenta y un poco cursi. Fue una buena boda.
A la salida de la iglesia, Felipe y Rafa estaban en muy buena disposición con el arroz y se lo arrojaron a Lietza a la cara con más fuerza de la necesaria. El recién esposo los miró con ojos de pistola, pero al ver a su esposa reir, se le olvidó todo.
En la recepción, tocó la mejor orquesta. La comida fue excelente. Y la decoración era hermosa. Ahí tuvimos complicaciones ya que Lietza había puesto a mi mamá como encargada de la decoración, pero la gente del salón no compartía la visión bohemia de mi madre de poner una plataforma de plexiglass sobre la piscina para que la gente pudiera bailar sobre ella, mietras por debajo flotaban velas en forma de flores de colores. Era una buena idea, lástima.
Llegó la hora del brindis. Y, aunque Rafa insistía en que no le importaba no haber hablado, tomó una copa (vacía por que ya se había acabado con Felipe las cinco botellas que les habían llevado a su mesa) y se levantó de la mesa.
- Amigosss! - hipo chistoso - amiga - dijo mirando a Lietza con condescendencia y ternura - hoy es tu día. Hoy, eres una mujer. No por que tengas más de quince años - hipo y una mirada nerviosa al novio - tampoco digo que te veas de más de quince años... y tampoco digo que tu esposo sea un pedófilo... Naaaah, para nadaaa! Lo que intento decir, es que hoy eres una mujer, hecha y derecha, indepenfff... indepdddd... perrrrdón... in-de-pen-dien-te-men-te de la noche de bodasssss, y tampoco digo que...
- Gracias Rafa. Ve a sentarte - intenté quitarle el micrófono, pero se aferraba como a su vida misma.
- Una última cosa, mujer- me dijo ofendido y se volteó hacia los novios - Lietza, de todo corazón, chinga a tu madre.
- Si Rafa si ¬¬. - lo mandé a su mesa donde Felipe ya lo esperaba con otra botella de quien sabe que.
Le dediqué a los novios el discurso más lacrimógeno y cursi que pude escribir jamás, desempolvando mis habilidades de blogger que no usaba en años.
Después el discurso del padrino. Felipe también intentó balbucear algo, pero lo dejó por la paz.Y Mago, incapaz de dejar de llorar, no se animó.
La fiesta acabó a eso de las 5am. Lietza y su nuevo marido se habían ido como a las 3am para cambiarse y subir las maletas al auto. En un mismo carro nos fuimos Cerrado, Felipe, Mago y yo hasta el aeropuerto.
Llegamos tarde gracias a que Rafa y yo discutimos por quien manejaría. Al final, como era el Mercedez de Mago, ella lo manejó. Por la seguridad de todos. Al llegar a las salidas internacionales, solo alcanzamos a ver una mano ondeando entre la gente, despidiendose de quien sabe quien. Nosotros nos adueñamos de ella.
Salimos molidos, golpeados, mojados, peleados, ebrios y con los pies hinchados. Nos quedamos los cuatro ahí parados bajo el frío de la noche de Dublin en silencio. Alguien habló. Estaba tan cansada (ebria) que no reconocí muy bien la voz. Creo que fue Cerrado.
Cerrado: Quien - hipo de ebrio feliz - quiere Waffles!??
Felipe: Yyyyoooo!!
Marie: Pero sin plátano,eeeeh! ¬¬
Cerrado: Culera haha!
Felipe: giggle giggle
Mago: No entendí!!
Nos subimos los cuatro al Mercedez y manejamos dentro de la noche hasta encontrar una cocina con wafflera para preparar waffles.
El novio no dejaba de moverse. No tengo ultra visión ni nada por el estilo, pero juro que vi desde el otro lado de la iglesia como se le saltaba una vena en la frente. Mi naturaleza neurótica me tenía a mi más estresada que a la misma novia. No contestaba al celular, como era su costumbre. Volví a intentar. Tono de marcado... Nada.
De nuevo. Tono... y vaya! Por fin contestó. Su voz se escuchaba calmada, pero con un pequeño ápice de nerviosismo.
- Wey, la cagas. Tu propia boda!
- Mames, el tráfico está cabrón.
- Me vale, es tu pinche boda y yo estoy peor que novia de rancho que se comió la torta antes de tiempo.
- Haha, mamona...
- Tu wey! Apurate que se te va el novio!
- Si si si, ya voy! Nos vemos en diez.
- Ok... Y Lietza...
- Mande...
- No intentes huir.
Colgó con una risilla. Guardé el celular habilmente entre los dobleces de mi vestido y me acomodé el outfit por centésima vez. Ni siquiera en mi propia boda había estado tan nerviosa.
Lietza siempre había dicho que yo era el tipo de personas que conseguría un novio en la universidad, duraríamos toda la carrera y después nos casaríamos. No se equivocó. Era perfecto, todo tan perfecto que hacía que mis ojos saltaran fuera de sus orbitas. Como dicen en inglés? Ah si si, my eyes popped out!
Me asomé por la puerta. Recorrí con la vista a todos los invitados sentados en las incómodas banquitas de la iglesia. Algunos moviendose incómodos, otros dormidos, y unos cuantos (del lado de la novia) platicando y bromeando. Decidí revisar al novio, solo par asegurarme de que ahi siguiera. Nuestras miradas se encontraron justo en el centro. El me miraba parte desesperado, parte deprimido, y una parte, la mas grande de las tres, era como de locura y rabia.
Mi mirada fue un "Lo siento" débil. Del otro lado, sentí la mirada furiosa de la Morsa, el papá de Lietza, sobre mi. Probablemente pensaba que su hija había decidido escapar y que yo la estaba encubriendo. Cerré la puerta antes de que alguien más me mirara feamente.
Me di media vuelta, y ahí vi a Mago, en una esquina, hecha un manojo de nervios, llorando histéricamente.
- Y que pasa si le pasó algo, Marie? Qué hacemos!? Yo no quiero decirle al novio que ya es viudo antes de ser casado! No puedo! Como le digo: Hola, que crees, Lietza se murió y dce que no va a venir!?? No no no no... - gemido y luego palabras que no entendí - muerte!
- Mago cál-ma-te!¬¬ Te necesito entera para esto. No me puedes dejar sola. Respira!
En eso, como trueno, sudando y temblando de exitación, entra Lietza al recibidor.
- Maquillaje exprés!
Le caimos encima como buitres, pero el resultado no fue un cadaver descarnado y deforme. Era... hermoso, mi creación más mágica. Mi Opera Prima. Mago balbuceó algo que no entendí, como de costumbre, y sin más, la empujé por la puerta hacia el pasillo.
La marcha de Wagner comenzó a sonar mientras la gente se volteaba para ver. Mago seguía lloriqueando. La Morsa estaba más roja que de costumbre. Mientras caminaba con las demás damas, entre las caras de los invitados pude distinguir a unos cuantos buenos amigos. Luego, a personas que no creí ver ahí. Me reí para mis adentros y seguí caminando.
Fue una ceremonia larga, lenta y un poco cursi. Fue una buena boda.
A la salida de la iglesia, Felipe y Rafa estaban en muy buena disposición con el arroz y se lo arrojaron a Lietza a la cara con más fuerza de la necesaria. El recién esposo los miró con ojos de pistola, pero al ver a su esposa reir, se le olvidó todo.
En la recepción, tocó la mejor orquesta. La comida fue excelente. Y la decoración era hermosa. Ahí tuvimos complicaciones ya que Lietza había puesto a mi mamá como encargada de la decoración, pero la gente del salón no compartía la visión bohemia de mi madre de poner una plataforma de plexiglass sobre la piscina para que la gente pudiera bailar sobre ella, mietras por debajo flotaban velas en forma de flores de colores. Era una buena idea, lástima.
Llegó la hora del brindis. Y, aunque Rafa insistía en que no le importaba no haber hablado, tomó una copa (vacía por que ya se había acabado con Felipe las cinco botellas que les habían llevado a su mesa) y se levantó de la mesa.
- Amigosss! - hipo chistoso - amiga - dijo mirando a Lietza con condescendencia y ternura - hoy es tu día. Hoy, eres una mujer. No por que tengas más de quince años - hipo y una mirada nerviosa al novio - tampoco digo que te veas de más de quince años... y tampoco digo que tu esposo sea un pedófilo... Naaaah, para nadaaa! Lo que intento decir, es que hoy eres una mujer, hecha y derecha, indepenfff... indepdddd... perrrrdón... in-de-pen-dien-te-men-te de la noche de bodasssss, y tampoco digo que...
- Gracias Rafa. Ve a sentarte - intenté quitarle el micrófono, pero se aferraba como a su vida misma.
- Una última cosa, mujer- me dijo ofendido y se volteó hacia los novios - Lietza, de todo corazón, chinga a tu madre.
- Si Rafa si ¬¬. - lo mandé a su mesa donde Felipe ya lo esperaba con otra botella de quien sabe que.
Le dediqué a los novios el discurso más lacrimógeno y cursi que pude escribir jamás, desempolvando mis habilidades de blogger que no usaba en años.
Después el discurso del padrino. Felipe también intentó balbucear algo, pero lo dejó por la paz.Y Mago, incapaz de dejar de llorar, no se animó.
La fiesta acabó a eso de las 5am. Lietza y su nuevo marido se habían ido como a las 3am para cambiarse y subir las maletas al auto. En un mismo carro nos fuimos Cerrado, Felipe, Mago y yo hasta el aeropuerto.
Llegamos tarde gracias a que Rafa y yo discutimos por quien manejaría. Al final, como era el Mercedez de Mago, ella lo manejó. Por la seguridad de todos. Al llegar a las salidas internacionales, solo alcanzamos a ver una mano ondeando entre la gente, despidiendose de quien sabe quien. Nosotros nos adueñamos de ella.
Salimos molidos, golpeados, mojados, peleados, ebrios y con los pies hinchados. Nos quedamos los cuatro ahí parados bajo el frío de la noche de Dublin en silencio. Alguien habló. Estaba tan cansada (ebria) que no reconocí muy bien la voz. Creo que fue Cerrado.
Cerrado: Quien - hipo de ebrio feliz - quiere Waffles!??
Felipe: Yyyyoooo!!
Marie: Pero sin plátano,eeeeh! ¬¬
Cerrado: Culera haha!
Felipe: giggle giggle
Mago: No entendí!!
Nos subimos los cuatro al Mercedez y manejamos dentro de la noche hasta encontrar una cocina con wafflera para preparar waffles.
sábado, abril 11, 2009
Miedo
A seguir sin ti. De no saber en donde me dejaste. De no saber como ser la de antes. Antes de ti. Antes de conocer el miedo. Miedo de perderte. De que te fueras y de no volverte a ver. Un miedo que en ese entonces parecía irracional. En ese entonces, cuando no había pena y cantabas canciones a mi oido. Y esas canciones sonaban fuerte y claro en mi mente. Y mi corazón se aceleraba salvaje al verte y mis pupilas se dilataban cuando mi nariz percibía la droga de tu aroma. En ese entonces, el único miedo que conocía era el de no morir de ti, de tu veneno.
Cuando extrañarte no existía en mi mente, por que extrañarte significaba tu ausencia. Y en ese entonces yo sabía que nunca me dejarías. Y todos los días era un nuevo cielo el que me saludaba y tu perfecto ocaso me aseguraba con un abrazo cálido que siempre sería así. En ese entonces, cuando juraste que no te irías, cuando el miedo aún no se apoderaba de mi.
El miedo que los demás sentían eran los celos. Celos de no tener algo como tu y yo. Nunca hubo nada como tu y yo. En ese entonces, eramos de fantasía.
Todo era perfecto, como una pequeña vasija de cristal. Y mi único miedo era el de que esa vasija se pudiese llegar a romper. Pero no, por que tu tenías tanto cuidado y cariño. Nunca hubo nada que pudiese romperla, ni un terremoto, nada. Ni siquiera mi torpeza, ni mi inseguridad, ni mi inmadurez. En ese entonces, cuando no había un yo sin ti.
Y pudo seguir así, y tu sabes que es verdad. Pero el miedo, maldito miedo, nos alcanzó. Tarde o temprano lo haría, todos lo decían, y tenían razón. Pero en ese entonces siempre creí que solo tenían eso, miedo.
El primer ataque de pánico, lo recuerdo bien. Recuerdo la sensación ácida de mis órganos estrujándose como hojas secas de un árbol, y la migraña constante que no me ha abandonado aún. Fue como un tren golpeándome directo en la boca del estómago, y escupí mi corazón y todo ese día. Pero no te preocupes, yo se que no fue tu culpa. Ni la mía, aunque seguramente yo estoy pagándo todo. En ese entonces, hubiesemos compartido la carga, pero el miedo nos embargó a los dos, y mi utopía de cristal empezó a agrietare lentamente.
Nunca revelaste tu miedo, ni yo el mío. Así que lo confieso, mi miedo era egoísmo puro. Miedo a quedarme sola, sin ti. De no saber que hacer sin ti los sábados en la mañana. De no tener quien me avisara cuando la luna se pone amarilla y grande. De no poder olvidar, y no poder hacer nuevos recuerdos. Miedo que me causaba la incertidumbre de saber si mi cuerpo reaccionaría al primer segundo que te alejaras de mi. Miedo a haberme vuelto dependiente de ti, miedo de haber roto mi promesa de nuca hacer eso. Miedo de que tus canciones se borraran para siempre de mi mente y de no poder recordar ni siquira tu cara, aunque fuese una imágen borrosa.
Que tontos eran mis miedos.
El primer año fue letal. Tuve muchos miedos. De creer no conocerte en realidad, de que hubieras cambiado y de que la verdadera razón de tu partida hubiese sido... yo. Miedo de todos los meses, pero en realidad más de Abril, por que sería una prueba visible de que realmente no volverías.
En ese entonces, todo se volvío importante. Mis imágenes borrosas de como te mordías los labios, de como se fruncía tu ceño cuando la claridad de los martes te lastimaba los ojos, de esos ojos y de esas cejas. Y la canción que poco a poco se difuminaba en mi mente, ese era el mayor miedo, perder tu canción. Si se borraba, sería igual a asumir que te habrías ido, y yo quería todo menos eso, perderte así, en la máxima expresión de tu escencia.
Miedo, me volvió tan... tan como soy hoy en día.
El segundo año, fue de estancamiento. Quedé en automático. Y el miedo en ese entonces fue el de no volver a respirar. Todo lo demás se borró lentamente, inclusó llegué a creer que realmente tu canción se había ido para siempre. En ese entonces, eso me parecía algo bueno. En ese entonces, no pensaba mucho, siendo sincera. Comencé a crecer, a putazos, pero al fin a crecer. Y en algún lugar dentro de mi, yo misma me la creí. El miedo ahora, era el de averiguar como empezar de nuevo. De seguir sin verte reflejado en los ojos de las personas. Creí habere olvidado.
En ese entonces, me sentía la persona más valiente del mundo.
El tercer año, el que recién se cumplió este jueves pasado, fue de autodescubrimiento. El miedo se volvió ciego. Miedo a no poder encontrar a alguien más. De compararlos a todos contigo. De que ningun otro hombre sobre este planeta tuviera tu sonrisa, o tus ojos, o tu pelo, o tu voz. Miedo de realmente haber olvidado tu canción para siempre. De no recordar ni tu aroma de amapolas. De estar completamente vacía por dentro. En ese entonces, yo no era yo, era la yo verdadera. Lo crudo, la matria prima sin procesar. Y el miedo me hizo crecer y aprendí a levantarme, incluso después de haberme tropezado y roto la madre. Miedo de no saber que hacer con los añicos de mi vasija rota.
En ese entonces, hasta el jueves pasado, solo te aparecías entre sueños como una tarde de lluvia helada cuando más calor tenía: como justo lo que necesitaba.
En el cuarto año, este que corre actualmente, ya no se que miedo es más grande. El de no poder recordar tu canción completamente, o el de no querer que se vaya. Si se va, te pierdo. Si se va, puedo seguir con mi vida. Si se va, ya no soy yo. Tal vez, no quiero mi vida sin tu canción, sin ti. Y eso, me asusta hasta llorar como no tienes idea. El miedo ahora, esta noche mientras escribo, mañana y hasta el siguiente nueve de Abril, será de no saber si ya te perdí para siempre, o si aún hay oportunidad. Miedo de querer buscarte en cada hombre. De querer encontrarte en cada martes, en cada sábado. De pasar las tardes lluviosas buscándote en cada gota que caiga del cielo. De no saber que pasa por tu mente. De que tu canción algún día, se convierta en otra memoria borrosa, en otro miedo. Miedo de descubrir que en verdad soy la idiota que todos me dicen que soy.
Y el miedo más grande de todos: que quizá, y es lo más seguro, nunca llegues a leer esto.
Cuando extrañarte no existía en mi mente, por que extrañarte significaba tu ausencia. Y en ese entonces yo sabía que nunca me dejarías. Y todos los días era un nuevo cielo el que me saludaba y tu perfecto ocaso me aseguraba con un abrazo cálido que siempre sería así. En ese entonces, cuando juraste que no te irías, cuando el miedo aún no se apoderaba de mi.
El miedo que los demás sentían eran los celos. Celos de no tener algo como tu y yo. Nunca hubo nada como tu y yo. En ese entonces, eramos de fantasía.
Todo era perfecto, como una pequeña vasija de cristal. Y mi único miedo era el de que esa vasija se pudiese llegar a romper. Pero no, por que tu tenías tanto cuidado y cariño. Nunca hubo nada que pudiese romperla, ni un terremoto, nada. Ni siquiera mi torpeza, ni mi inseguridad, ni mi inmadurez. En ese entonces, cuando no había un yo sin ti.
Y pudo seguir así, y tu sabes que es verdad. Pero el miedo, maldito miedo, nos alcanzó. Tarde o temprano lo haría, todos lo decían, y tenían razón. Pero en ese entonces siempre creí que solo tenían eso, miedo.
El primer ataque de pánico, lo recuerdo bien. Recuerdo la sensación ácida de mis órganos estrujándose como hojas secas de un árbol, y la migraña constante que no me ha abandonado aún. Fue como un tren golpeándome directo en la boca del estómago, y escupí mi corazón y todo ese día. Pero no te preocupes, yo se que no fue tu culpa. Ni la mía, aunque seguramente yo estoy pagándo todo. En ese entonces, hubiesemos compartido la carga, pero el miedo nos embargó a los dos, y mi utopía de cristal empezó a agrietare lentamente.
Nunca revelaste tu miedo, ni yo el mío. Así que lo confieso, mi miedo era egoísmo puro. Miedo a quedarme sola, sin ti. De no saber que hacer sin ti los sábados en la mañana. De no tener quien me avisara cuando la luna se pone amarilla y grande. De no poder olvidar, y no poder hacer nuevos recuerdos. Miedo que me causaba la incertidumbre de saber si mi cuerpo reaccionaría al primer segundo que te alejaras de mi. Miedo a haberme vuelto dependiente de ti, miedo de haber roto mi promesa de nuca hacer eso. Miedo de que tus canciones se borraran para siempre de mi mente y de no poder recordar ni siquira tu cara, aunque fuese una imágen borrosa.
Que tontos eran mis miedos.
El primer año fue letal. Tuve muchos miedos. De creer no conocerte en realidad, de que hubieras cambiado y de que la verdadera razón de tu partida hubiese sido... yo. Miedo de todos los meses, pero en realidad más de Abril, por que sería una prueba visible de que realmente no volverías.
En ese entonces, todo se volvío importante. Mis imágenes borrosas de como te mordías los labios, de como se fruncía tu ceño cuando la claridad de los martes te lastimaba los ojos, de esos ojos y de esas cejas. Y la canción que poco a poco se difuminaba en mi mente, ese era el mayor miedo, perder tu canción. Si se borraba, sería igual a asumir que te habrías ido, y yo quería todo menos eso, perderte así, en la máxima expresión de tu escencia.
Miedo, me volvió tan... tan como soy hoy en día.
El segundo año, fue de estancamiento. Quedé en automático. Y el miedo en ese entonces fue el de no volver a respirar. Todo lo demás se borró lentamente, inclusó llegué a creer que realmente tu canción se había ido para siempre. En ese entonces, eso me parecía algo bueno. En ese entonces, no pensaba mucho, siendo sincera. Comencé a crecer, a putazos, pero al fin a crecer. Y en algún lugar dentro de mi, yo misma me la creí. El miedo ahora, era el de averiguar como empezar de nuevo. De seguir sin verte reflejado en los ojos de las personas. Creí habere olvidado.
En ese entonces, me sentía la persona más valiente del mundo.
El tercer año, el que recién se cumplió este jueves pasado, fue de autodescubrimiento. El miedo se volvió ciego. Miedo a no poder encontrar a alguien más. De compararlos a todos contigo. De que ningun otro hombre sobre este planeta tuviera tu sonrisa, o tus ojos, o tu pelo, o tu voz. Miedo de realmente haber olvidado tu canción para siempre. De no recordar ni tu aroma de amapolas. De estar completamente vacía por dentro. En ese entonces, yo no era yo, era la yo verdadera. Lo crudo, la matria prima sin procesar. Y el miedo me hizo crecer y aprendí a levantarme, incluso después de haberme tropezado y roto la madre. Miedo de no saber que hacer con los añicos de mi vasija rota.
En ese entonces, hasta el jueves pasado, solo te aparecías entre sueños como una tarde de lluvia helada cuando más calor tenía: como justo lo que necesitaba.
En el cuarto año, este que corre actualmente, ya no se que miedo es más grande. El de no poder recordar tu canción completamente, o el de no querer que se vaya. Si se va, te pierdo. Si se va, puedo seguir con mi vida. Si se va, ya no soy yo. Tal vez, no quiero mi vida sin tu canción, sin ti. Y eso, me asusta hasta llorar como no tienes idea. El miedo ahora, esta noche mientras escribo, mañana y hasta el siguiente nueve de Abril, será de no saber si ya te perdí para siempre, o si aún hay oportunidad. Miedo de querer buscarte en cada hombre. De querer encontrarte en cada martes, en cada sábado. De pasar las tardes lluviosas buscándote en cada gota que caiga del cielo. De no saber que pasa por tu mente. De que tu canción algún día, se convierta en otra memoria borrosa, en otro miedo. Miedo de descubrir que en verdad soy la idiota que todos me dicen que soy.
Y el miedo más grande de todos: que quizá, y es lo más seguro, nunca llegues a leer esto.
martes, abril 07, 2009
Those awfully long days..
Like the one you crossed my way and i was so nervous i stumbled with your dog's chain. Like that one time you decided to talk to me and you spitted out the words. It was so lame, man! Long days like all the time you stood for me.
Like the day you told me you were leaving and the one you left.
And then days became weeks, and suddenly i couldn't tell anymore the month we were at. Time became one single long blurry gray day, and then i myself became gray and small.
Long day like those when my friends tried to rescue me, and those when i thought you were coming back. But you never really did.
Like every single time i feared i was never going to see your face again.
Long like all these years i've been dying inside, long as the years i've been waiting for your return. Long and cold, and so frustrating. Long like my wonders about why you left me here so alone and lost. Long like the headaches, and those evenings i thought i was going to have a heart attack. Painful and awfully long.
And i'm still wondering when the heck this long day will end, and when will night arrive to give me some rest from this long, long day.
Like the day you told me you were leaving and the one you left.
And then days became weeks, and suddenly i couldn't tell anymore the month we were at. Time became one single long blurry gray day, and then i myself became gray and small.
Long day like those when my friends tried to rescue me, and those when i thought you were coming back. But you never really did.
Like every single time i feared i was never going to see your face again.
Long like all these years i've been dying inside, long as the years i've been waiting for your return. Long and cold, and so frustrating. Long like my wonders about why you left me here so alone and lost. Long like the headaches, and those evenings i thought i was going to have a heart attack. Painful and awfully long.
And i'm still wondering when the heck this long day will end, and when will night arrive to give me some rest from this long, long day.
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lunes, abril 06, 2009
Por Mujeres Como Yo *updated
Y como todas las demás mujeres de este mierdero tercer mundo, y las del primer mundo también, el mundo está como está. Es la verdad. Somos delicadas criaturas mamonas como la mera chingada y mortales como veneno de cobra. Tenemos las maneras más engañosas y sutiles para enredar a los demás (hombres y otras mujeres incluidas) y cuando alguna de nosotras cae, no podemos evitar revolcarnos sobre sus tripas, regocijandonos de alegría por su dolor.
Y cómo no? Si somos de lo más traicioneras! Está histórica y científicamente comprobado que las mujeres son los seres más viciados sobre este planeta. Solo corran al cuarto de sus mamis y abran el cajón donde guarda el librote ese que parece diccionario que lee todos los domingos ese hombre en vestido en el lugar a donde los llevan arrastrando. Abranlo en las primeras páginas y lean el génesis. Es el pasaje (no de camión) de Adán y Eva. De como fueron creados, enseñados y expulsados del Edén. Claro, que de no haber sido echados, la raza humana seguiría corriendo por ahí desnudos y felices, tal y como debió de haber sido desde el principio.
Pero no, no no y no! Tenía que llegar Eva de pinche caliente toda encuerada a robarse las manzanas de un árbol que bien sabía estaba prohibido. Y que ni intente echarle la culpa al pobrecito de Satanás, que si ella hubiera querido, lo hubiera ignorado. Pero no, la muy pendeja se sintió más lista que el mismisimo Dios y ahora toda la humanidad está condenada.
A ver, quien nos asegura que este fue el único desmadre que hemos hecho? Cómo sabemos que no hemos sido las mujeres las que hemos iniciado guerras, genocidios, chismes, huelgas? Ehhh? Alguno de ustedes hombres me lo puede explicar??
Es más! Nuestro poder es tan grande, que de hecho existen hombres que darían su vida por ser como nosotras,que con solo mover un dedo o abrir la boca, desatamos nuestra maldad sobe la tierra. Destruímos familias, iniciamos pleitos, rompemos corazones,damos falsas esperanzas.
Hoy, y me siento mal al admitirlo, hize llorar a un pobre niño (no, no llegaba ni a morro). Todo empezó como un simple juego. Diversión sana por internet, cosa que es muy difícil de encontrar, en un día nublado y frío como hoy. Básicamente lo que hice fue decirle a un wey X por msn que estaba muy guapo y llamarlo "bebé" o "mi vida" y cosas por el estilo. Yo en realidad me estaba remolineando en mi cama de risa, diciéndole a mi prima que escribirle, y todo iba tan pero taaaaan divertido que no me importó lo que le pasara al pobre, y yo seguí dándole vuelo. El pedo llegó cuando se empezó a poner él más aventado, como que en verdad se la estaba creyendo. Y eso me dió más risa aún. Hasta me puso su webcam! Pero bueno, todo en un momento deja de ser gracioso, sobre todo si te da hambre! Entonces como ya me urgía largarme a tragar, y no le veía fin al wey, le tuve que decir la brutal verdad (que en realidad se la escribió mi prima):
Y cómo no? Si somos de lo más traicioneras! Está histórica y científicamente comprobado que las mujeres son los seres más viciados sobre este planeta. Solo corran al cuarto de sus mamis y abran el cajón donde guarda el librote ese que parece diccionario que lee todos los domingos ese hombre en vestido en el lugar a donde los llevan arrastrando. Abranlo en las primeras páginas y lean el génesis. Es el pasaje (no de camión) de Adán y Eva. De como fueron creados, enseñados y expulsados del Edén. Claro, que de no haber sido echados, la raza humana seguiría corriendo por ahí desnudos y felices, tal y como debió de haber sido desde el principio.
Pero no, no no y no! Tenía que llegar Eva de pinche caliente toda encuerada a robarse las manzanas de un árbol que bien sabía estaba prohibido. Y que ni intente echarle la culpa al pobrecito de Satanás, que si ella hubiera querido, lo hubiera ignorado. Pero no, la muy pendeja se sintió más lista que el mismisimo Dios y ahora toda la humanidad está condenada.
A ver, quien nos asegura que este fue el único desmadre que hemos hecho? Cómo sabemos que no hemos sido las mujeres las que hemos iniciado guerras, genocidios, chismes, huelgas? Ehhh? Alguno de ustedes hombres me lo puede explicar??
Es más! Nuestro poder es tan grande, que de hecho existen hombres que darían su vida por ser como nosotras,que con solo mover un dedo o abrir la boca, desatamos nuestra maldad sobe la tierra. Destruímos familias, iniciamos pleitos, rompemos corazones,damos falsas esperanzas.
Hoy, y me siento mal al admitirlo, hize llorar a un pobre niño (no, no llegaba ni a morro). Todo empezó como un simple juego. Diversión sana por internet, cosa que es muy difícil de encontrar, en un día nublado y frío como hoy. Básicamente lo que hice fue decirle a un wey X por msn que estaba muy guapo y llamarlo "bebé" o "mi vida" y cosas por el estilo. Yo en realidad me estaba remolineando en mi cama de risa, diciéndole a mi prima que escribirle, y todo iba tan pero taaaaan divertido que no me importó lo que le pasara al pobre, y yo seguí dándole vuelo. El pedo llegó cuando se empezó a poner él más aventado, como que en verdad se la estaba creyendo. Y eso me dió más risa aún. Hasta me puso su webcam! Pero bueno, todo en un momento deja de ser gracioso, sobre todo si te da hambre! Entonces como ya me urgía largarme a tragar, y no le veía fin al wey, le tuve que decir la brutal verdad (que en realidad se la escribió mi prima):
Bueno X, ya me voy a cenar, nos estamos viendo porai... Ah, por cierto, era broma eh!
Por supuesto que el wey seguía viajado. Así que le dejé caer el segundo bombazo:
Ay no mamar! Si ya me conoces como soy de mamona. Mira a la cámara, estás en Te Caché!! :D... Andale ya que tengo hambre!
Y no, no no. Para que les digo. El wey se puso A LLORAR!! No pinches mames! Así vilmente se arrancó a chillar el muy niña como por cinco minutos. Y yo viéndolo todo por la webcam!!
Nomás me le quedé viendo y le puse:
Bueno X, me llegó la hora. Baygón!
Y sobres, que me desconecto y me largo a atravesarme unos hotcakes deliciosos. Regreso a ver Grey's Anatomy (no mamar, Denny lo amo y regresó a la serie como fantasmín horny). El remordimiento me llegó después.
La cosa es que, no importa cuanto lo neguemos, todas tenemos una jijadeputa dentro esperando a saltar sobre la primera alma desamparada que se nos cruce. Yo nunca había hecho nada así, y no es algo tan grave (a menos que el tipo decida suicidarse y dejar una carta póstuma donde diga que yo fui el veneno letal que secó a su corazón), pero me siento como si hubiese asesinado al mismísimo Papa.
Putísima madre, no podré dormir hoy nomás del puro remordimiento. Ojalá que si decide suicidarse, su espíritu no venga a vengarse de mi... POR QUE SOY TAN IMBECIL!
-------update(: --------------------------------------------------------------------------------
Y no mamen que quien sabe como demonios consiguió mi cel y ahora me marca y cuelga. Que pinche miedo!
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Por que soy taaaan imbécil
miércoles, abril 01, 2009
J'aurais voulu être libre et fou!
Si, yo quisiera ser libre y loca. Vivir sin que nada me importara. Flotar por el azulado cielo nocturno de Abril, sentarme en la playa y no dejar que nadie más se bañe en ella. Solo a las estrellas les permito jugar en mis aguas. Quisiera sentirme grande, tan grande que las personas me voltearan a ver y se dijeran a si mismas "Yo quiero ser como ella!". Quiero ser libre, bailar y saltar cuando la neblina que me amarra por los tobillos me sostiene pechotierra, con la cabeza más cerca al suelo.
Quisiera estar en la noche todo el día, que no saliera el sol, y que un viento fresco soplara llevandose lejos de aquí las nubes y dejara un cielo negro y limpio, con puntos estelares de plata y jade. Y que esos puntos que son las estrellas se perdieran jugando. Quisiera ser libre para gritar y loca para cantar. Quisiera que mi cabeza se permitiera huir hacia otros lugares, que llegara lejos, casi a la segunda estrella a la derecha que aparece justo en el crepúsculo. Y que en esa estrella se sentara, y desde arriba me observara vivir y me dejara seguir sola sin pensar, atreviéndome, lanzándome, tropezando.
Quisiera que llegara tu fantasma, como llega todas las noches de verano, como en la obra sublime de un romántico inglés.Y que la noche fuese eterna para que tu fantasma se quedara conmigo. Quisiera soñar contigo, como lo hago todas las noches de verano, y quisiera despertar con el sabor de ti en mis labios, preguntándome como estás, si sigues vivo, si aún piensas en mi. Pero si la noche atraca aquí, el sol se queda de aquel lado donde tu existes, y si nunca llega a ti la noche, nunca llegas tu a mi, pues viajas en la brisa salina de las corrientes cálidas de luna llena.
Quisiera no dejar de sentir nunca esta duda, esta terrible ansiedad. Por que a pesar de que duele, es la señal en carne viva de que sigues vivo en mi, de que no te he dejado ir, justo como lo prometí ese martes. Y el dolor significa que sigo viva, y si mi dueles todavía, quiere decir que tu también. Quisiera dolerte tanto como tu me dueles a mi.
Lo malo de morir, es que no sea de ti.
Quisiera poder encontrarte y decirte que te quiero. Quisiera que me quisieras decir todo lo que nunca me dijiste. Y yo se que tu sabes que siempre supe. Y haber tratado más fuerte, oh, quisiera ser más fuerte! Pero no puedo. Por que no soy fuerte, ni valiente, ni libre, ni loca. Solo soy un despojo gris, una fotografía manchada de lo que era antes de ti, antes de que te fueras. Quisiera que no te hubieras ido.
Quisiera no haberte conocido, y no haber reido, no haber amado, no haber dicho hola y no haber dicho adios. Quisiera no ser tan tonta, y si no lo fuera, sabría perfectamente controlarme y seguir. Pero me retracto al tener este pensamiento, pues prefiero anhelarte, a nisiquiera tener noción alguna de tu hermosa existencia. De tu belleza que me quema la garganta como sangre hirviendo. Y esos ojos, oh tus ojos. Renunciaría a todas las lunas llenas por el resto de mi vida solo por verlos de nuevo, y nadar en ellos, y ahogarme en ellos. Y que mi cuerpo se quedara ahí flotando entre las estrellas vertidas en tus ojos por los dioses.
Pero no puedo querer. Ya no más, nunca, si no eres tu. No existe más. Nunca existió y nunca existirá. Por que yo pertenesco a la tierra del invierno en primavera. Y tu al mundo del otoño eterno.
Por ti quisiera ser libre y loca.
Quisiera estar en la noche todo el día, que no saliera el sol, y que un viento fresco soplara llevandose lejos de aquí las nubes y dejara un cielo negro y limpio, con puntos estelares de plata y jade. Y que esos puntos que son las estrellas se perdieran jugando. Quisiera ser libre para gritar y loca para cantar. Quisiera que mi cabeza se permitiera huir hacia otros lugares, que llegara lejos, casi a la segunda estrella a la derecha que aparece justo en el crepúsculo. Y que en esa estrella se sentara, y desde arriba me observara vivir y me dejara seguir sola sin pensar, atreviéndome, lanzándome, tropezando.
Quisiera que llegara tu fantasma, como llega todas las noches de verano, como en la obra sublime de un romántico inglés.Y que la noche fuese eterna para que tu fantasma se quedara conmigo. Quisiera soñar contigo, como lo hago todas las noches de verano, y quisiera despertar con el sabor de ti en mis labios, preguntándome como estás, si sigues vivo, si aún piensas en mi. Pero si la noche atraca aquí, el sol se queda de aquel lado donde tu existes, y si nunca llega a ti la noche, nunca llegas tu a mi, pues viajas en la brisa salina de las corrientes cálidas de luna llena.
Quisiera no dejar de sentir nunca esta duda, esta terrible ansiedad. Por que a pesar de que duele, es la señal en carne viva de que sigues vivo en mi, de que no te he dejado ir, justo como lo prometí ese martes. Y el dolor significa que sigo viva, y si mi dueles todavía, quiere decir que tu también. Quisiera dolerte tanto como tu me dueles a mi.
Lo malo de morir, es que no sea de ti.
Quisiera poder encontrarte y decirte que te quiero. Quisiera que me quisieras decir todo lo que nunca me dijiste. Y yo se que tu sabes que siempre supe. Y haber tratado más fuerte, oh, quisiera ser más fuerte! Pero no puedo. Por que no soy fuerte, ni valiente, ni libre, ni loca. Solo soy un despojo gris, una fotografía manchada de lo que era antes de ti, antes de que te fueras. Quisiera que no te hubieras ido.
Quisiera no haberte conocido, y no haber reido, no haber amado, no haber dicho hola y no haber dicho adios. Quisiera no ser tan tonta, y si no lo fuera, sabría perfectamente controlarme y seguir. Pero me retracto al tener este pensamiento, pues prefiero anhelarte, a nisiquiera tener noción alguna de tu hermosa existencia. De tu belleza que me quema la garganta como sangre hirviendo. Y esos ojos, oh tus ojos. Renunciaría a todas las lunas llenas por el resto de mi vida solo por verlos de nuevo, y nadar en ellos, y ahogarme en ellos. Y que mi cuerpo se quedara ahí flotando entre las estrellas vertidas en tus ojos por los dioses.
Pero no puedo querer. Ya no más, nunca, si no eres tu. No existe más. Nunca existió y nunca existirá. Por que yo pertenesco a la tierra del invierno en primavera. Y tu al mundo del otoño eterno.
Por ti quisiera ser libre y loca.
martes, marzo 24, 2009
Bullet Proof, I wish I were...
Oscar y Carlos bajaron por entre los árboles del bosque de Chipinque hasta un pequeño barranco. Los oficiales que los seguían con lámparas y perros se habían quedado muy atrás, probablemente perdidos entre la densidad de la noche sin estrellas.
Según me informaron, Oscar se inclinó sobre el acantilado para poder ver mejor el supuesto "cuerpo del delito", pero la negrura de aquel abismo parecía succionarlo a él y a toda la luz como si fuese una especie de hoyo negro. Casi sintió como la noche lo sujetaba por los tobillos y lo arrastraba hacia abajo. Carlos se acercó con una lámpara pequeña e intentó alumbrar un poco a su compañero.
Ahí estaba, tal y como lo habían reportado los guardabosques. Por la poca luz que les brindaba la lámparita de mano, se podía notar que era una mujer joven, de tez morena clara y cabello negro. Bonitas piernas, pensó Carlos. Vestía una blusa azul con manchas de un azul más oscuro sobre el abdomen, sangre seca, y unos jeans. Oscar notó enseguida que le faltaba un tennis. No muy lejos, ambos escucharon a los perros de la policía ladrar.
Casi inmediato, los agentes y forenses ya tenían al cuerpo removido y la escena del crimen limpia, todo en menos de una hora. Oscar se acercó para ver el cuerpo, que yacía sobre una camilla cubierto con la típica sábana blanca. No pudo evitar pasar sus dedos rasposos sobre el rostro golpeado de aquella jovencita. A pesar del tiempo que llevaba expuesta, aún conservaba el color y la belleza de una mujer viva. Era solo una niña. De pronto sintió una gran rabia. Sintió la necesidad, no, la urgencia de cazar al monstruo responsable de aquella atrosidad.
Pasaron los días, las semanas, los meses. Nunca encontraron al culpable. Oscar eventualmente lo olvidó. Hasta el día que, sentado en la sala de su departamento, se le antojaron unas Sabritas.
Bien sabía que no había comprado, pero no perdía nada con revisar la alacena antes de decidirse a salir a comprar a la tiendita de la esquina. Demonios, ni una pinche papa en esta casa, pensó mientras se ponía el pantalón y salía por la puerta.
Iba caminando por la calle, maldiciendo a todo y a todos cuando la vio. No entendió muy bien como. Ni siquiera lo entendió al momento de morir, que cuando se supone se te revelan todos los misterios del mundo.
Yo, que cuento la historia, tampoco lo entiedo. Solo sé que mi deber es contar esta historia.
En fin, la vio parada, con su cabello negro y sus tennis, ambos pares, en la parada del autobus que va hasta Santa Catalina. Su piel dorada resplandecía bajo el sol de 39º de verano como si fuera de diamante. Oscar se quedó pasmado con la belleza de la criatura que tenía enfrente. Dio dos pasos adelante, para ver si así podía tocarla con la punta de los dedos. Se detuvo.
Perdón, perdí la concentración...
No puede ser, pensó, ella estaba muerta. Debe de ser su hermana... gemela o algo. No puede ser, no puede ser.La joven lo volteó a ver extrañada. Estaba claro por el vacío de sus ojos que no tenía ni idea de que ocurría. Esta bien, no es ella. Oscar, ahora a un metro de la mujer y con la mano aún estirada, le sonrió tímidamente y susurró un débil "Lo siento" que hubiera hecho sonar a un ratón más valiente.
Lo que ocurre a continuación, no esta dentro de mi entendimiento. Y la verdad no pretendo entenderlo ni que lo entiendan, yo solo cuento la historia como me la contaron. Ahora que pienso en el pobre Oscar, no me quedan ganas de seguir, pero debo.
La jovencita tomó la mano de Oscar entre las suyas y paseó sus pequeñas palmas sobre la mano áspera del hombre confundido y asustado que estaba parado frente a ella.
- Rasposas, las recuerdo - le sonrió abiertamente mientras se tocaba la mejilla con una mano, aún sosteniendo la de Oscar con la otra.Oscar se quedó ahí parado sin hacer o decir nada.
La joven lo soltó y se fue sin decir nada más, subió a un taxi y desapareció.Nunca supo que había sido eso. Destino? Karma? Coincidencia? Amor? Venganza? El universo comploteando contra él?
Fuese lo que fuese que había pasado aquella noche en el bosque, y aquel día en la parada de autobuses, Oscar se juró desde ese día no contarle nada de esto a nadie, por miedo a que lo tacharan de loco, y que le quitaran su placa. Pero bueno, ya ven como son estas cosas. Al final todo se sabe, y es mi deber relatar lo que pasó.
Según me informaron, Oscar se inclinó sobre el acantilado para poder ver mejor el supuesto "cuerpo del delito", pero la negrura de aquel abismo parecía succionarlo a él y a toda la luz como si fuese una especie de hoyo negro. Casi sintió como la noche lo sujetaba por los tobillos y lo arrastraba hacia abajo. Carlos se acercó con una lámpara pequeña e intentó alumbrar un poco a su compañero.
Ahí estaba, tal y como lo habían reportado los guardabosques. Por la poca luz que les brindaba la lámparita de mano, se podía notar que era una mujer joven, de tez morena clara y cabello negro. Bonitas piernas, pensó Carlos. Vestía una blusa azul con manchas de un azul más oscuro sobre el abdomen, sangre seca, y unos jeans. Oscar notó enseguida que le faltaba un tennis. No muy lejos, ambos escucharon a los perros de la policía ladrar.
Casi inmediato, los agentes y forenses ya tenían al cuerpo removido y la escena del crimen limpia, todo en menos de una hora. Oscar se acercó para ver el cuerpo, que yacía sobre una camilla cubierto con la típica sábana blanca. No pudo evitar pasar sus dedos rasposos sobre el rostro golpeado de aquella jovencita. A pesar del tiempo que llevaba expuesta, aún conservaba el color y la belleza de una mujer viva. Era solo una niña. De pronto sintió una gran rabia. Sintió la necesidad, no, la urgencia de cazar al monstruo responsable de aquella atrosidad.
Pasaron los días, las semanas, los meses. Nunca encontraron al culpable. Oscar eventualmente lo olvidó. Hasta el día que, sentado en la sala de su departamento, se le antojaron unas Sabritas.
Bien sabía que no había comprado, pero no perdía nada con revisar la alacena antes de decidirse a salir a comprar a la tiendita de la esquina. Demonios, ni una pinche papa en esta casa, pensó mientras se ponía el pantalón y salía por la puerta.
Iba caminando por la calle, maldiciendo a todo y a todos cuando la vio. No entendió muy bien como. Ni siquiera lo entendió al momento de morir, que cuando se supone se te revelan todos los misterios del mundo.
Yo, que cuento la historia, tampoco lo entiedo. Solo sé que mi deber es contar esta historia.
En fin, la vio parada, con su cabello negro y sus tennis, ambos pares, en la parada del autobus que va hasta Santa Catalina. Su piel dorada resplandecía bajo el sol de 39º de verano como si fuera de diamante. Oscar se quedó pasmado con la belleza de la criatura que tenía enfrente. Dio dos pasos adelante, para ver si así podía tocarla con la punta de los dedos. Se detuvo.
Perdón, perdí la concentración...
No puede ser, pensó, ella estaba muerta. Debe de ser su hermana... gemela o algo. No puede ser, no puede ser.La joven lo volteó a ver extrañada. Estaba claro por el vacío de sus ojos que no tenía ni idea de que ocurría. Esta bien, no es ella. Oscar, ahora a un metro de la mujer y con la mano aún estirada, le sonrió tímidamente y susurró un débil "Lo siento" que hubiera hecho sonar a un ratón más valiente.
Lo que ocurre a continuación, no esta dentro de mi entendimiento. Y la verdad no pretendo entenderlo ni que lo entiendan, yo solo cuento la historia como me la contaron. Ahora que pienso en el pobre Oscar, no me quedan ganas de seguir, pero debo.
La jovencita tomó la mano de Oscar entre las suyas y paseó sus pequeñas palmas sobre la mano áspera del hombre confundido y asustado que estaba parado frente a ella.
- Rasposas, las recuerdo - le sonrió abiertamente mientras se tocaba la mejilla con una mano, aún sosteniendo la de Oscar con la otra.Oscar se quedó ahí parado sin hacer o decir nada.
La joven lo soltó y se fue sin decir nada más, subió a un taxi y desapareció.Nunca supo que había sido eso. Destino? Karma? Coincidencia? Amor? Venganza? El universo comploteando contra él?
Fuese lo que fuese que había pasado aquella noche en el bosque, y aquel día en la parada de autobuses, Oscar se juró desde ese día no contarle nada de esto a nadie, por miedo a que lo tacharan de loco, y que le quitaran su placa. Pero bueno, ya ven como son estas cosas. Al final todo se sabe, y es mi deber relatar lo que pasó.
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miércoles, marzo 18, 2009
Existencialism in Prom Nights: I'm Such a Nerd!
Se sentía como un tonto, ahí parado frente a la gran puerta de cedro pintada de blanco, con un smokin negro, corbatín y zapatos que brillaban de nuevos. Su cabello negro relamido hacia atrás con una especie de gel que decía algo como "Moco de King Kong, extra fijación".
Del interior de la gran casa blanca salían risas tontas de las chicas que esperaban a sus parejas en el recibidor entusiasmadas por la fiesta. Presumía sus vestidos y sus peinados, y hablaban de sus citas y de lo maravillosamente mágica que esta noche sería. Y él simplemente no quería ni pensar en esa noche. Sabía que era un pepino al lado de todos aquellos atletas, hijos de empresarios, y fiesteros. Sabía perfectamente que ella estaría incomoda si él lo estaba y que solo le arruinaría la noche. La chica más bella del lugar con Michael, el nerd más grande de todo el campus, juntos en el baile.
Tomó la decisión y giró sobre sus talones. Era un ridículo, un perdedor, y no se merecía estar con la chica más hermosa del campus. Comenzó a bajar los escalones lentamente, avergonzandose de su cobardía cuando la puerta se abrió un poco y la luz del interior brillo sobre su hombro.
Y entonces supo que hacía ahí. Supo que estaba ahí por sus ojos azules, que combinaban divinamente con su vestido azul turquesa y con el negro azulado de la noche. Estaba ahí parado haciendo el ridículo por su boca y sus perlas, que eran más bellas que las estrellas de verano. Estaba ahí por el aroma de su piel, más dulce que el de las manzanas y la canela. Y sobre todo, estaba ahí por ella, por su corazón, por su belleza, por su caracter. Por que debía ser agradecido por tenerla y por que Dios, si es que existe alguno, le permitiera compartir con ella.
Supo que ella se merecía más que un cobarde incapaz de entablar una conversción por pena, sin preocuparle lo que ella sintiera. Estaba claro que esta noche era sobre ella, sobre ella y como brillaban sobre su cabello dorado las luces de la ciudad. De como la lluvia de la madrugada resbalaba por sus hombros y de como su piel blanca se ruborizaba por el frío. Y no había otra más hermosa, ni más sincera, ni más dulce, y mucho menos más adorable. No había otra chica que nadie pudiera ver más que ella.
- ¿Michael? ¿Qué haces afuera?
- Lo... lo siento, ya iba a entrar - suspiró - vamos, se nos hace tarde.
Michael tomó suavemente el rostro de Ally entre sus manos y la besó delicadamente, solo para confirmar toda la epifanía que había tenido. La miró con ternura y encontró el calor y la fuerza que buscaba en aquellos ojos azules que el tanto amaba.
- Vamos al baile - Ally lo tomó de la mano y le sonrió.
- Te amo.
Del interior de la gran casa blanca salían risas tontas de las chicas que esperaban a sus parejas en el recibidor entusiasmadas por la fiesta. Presumía sus vestidos y sus peinados, y hablaban de sus citas y de lo maravillosamente mágica que esta noche sería. Y él simplemente no quería ni pensar en esa noche. Sabía que era un pepino al lado de todos aquellos atletas, hijos de empresarios, y fiesteros. Sabía perfectamente que ella estaría incomoda si él lo estaba y que solo le arruinaría la noche. La chica más bella del lugar con Michael, el nerd más grande de todo el campus, juntos en el baile.
Tomó la decisión y giró sobre sus talones. Era un ridículo, un perdedor, y no se merecía estar con la chica más hermosa del campus. Comenzó a bajar los escalones lentamente, avergonzandose de su cobardía cuando la puerta se abrió un poco y la luz del interior brillo sobre su hombro.
Y entonces supo que hacía ahí. Supo que estaba ahí por sus ojos azules, que combinaban divinamente con su vestido azul turquesa y con el negro azulado de la noche. Estaba ahí parado haciendo el ridículo por su boca y sus perlas, que eran más bellas que las estrellas de verano. Estaba ahí por el aroma de su piel, más dulce que el de las manzanas y la canela. Y sobre todo, estaba ahí por ella, por su corazón, por su belleza, por su caracter. Por que debía ser agradecido por tenerla y por que Dios, si es que existe alguno, le permitiera compartir con ella.
Supo que ella se merecía más que un cobarde incapaz de entablar una conversción por pena, sin preocuparle lo que ella sintiera. Estaba claro que esta noche era sobre ella, sobre ella y como brillaban sobre su cabello dorado las luces de la ciudad. De como la lluvia de la madrugada resbalaba por sus hombros y de como su piel blanca se ruborizaba por el frío. Y no había otra más hermosa, ni más sincera, ni más dulce, y mucho menos más adorable. No había otra chica que nadie pudiera ver más que ella.
- ¿Michael? ¿Qué haces afuera?
- Lo... lo siento, ya iba a entrar - suspiró - vamos, se nos hace tarde.
Michael tomó suavemente el rostro de Ally entre sus manos y la besó delicadamente, solo para confirmar toda la epifanía que había tenido. La miró con ternura y encontró el calor y la fuerza que buscaba en aquellos ojos azules que el tanto amaba.
- Vamos al baile - Ally lo tomó de la mano y le sonrió.
- Te amo.
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lunes, marzo 02, 2009
Peut-être cette musique française j'écoute ces jours...
O la comida de la cafetería? No, en definitiva es esa música entrabalenguada que vengo escuchado desde los últimos días. Debe ser eso, que más podría ser?
Seguramente es la música la que se mete por mis oídos la que esta messing around con mi cabeza. Es la que sube y baja y va y viene. Haciendo ajustes, moviendo cosas. Ajustando la mirada, afinando la voz. Es la música la que me pone así.
Despierto cantando, me baño bailando. El día se va como un playlist que no tiene fin. Y yo solo tarareo y tarareo. Incluso los impulsos asesinos se fueron y ahora solo tengo un soundtrack de verano. La tarde es un acorde. Un Do mayor. Es naranja y violeta, con unos toques de rojo cereza coronando las nubes más bajas. Y sobre el horizonte está escrita la letra de una canción. De amor. En francés, por supuesto.
Y las noches! Ay las noches. Esas son de indie rock, y la guitarra se extiende y se lanza al vacío. Los tambores retiemblan al paso de la penumbra. Y la voz de la Luna es la que canta los falsetes más agudos. Y yo intento seguirle el compás. En francés, claro.
Pero en general, es algo extraño, como tener arena en los pantalones. Como cuando un gato te lame los dedos de los pies. Raro. Como flotar sobre fuego, sin quemarse pero sintiendo el calor. Como cuando te duele el estómago de tanto reír. Y estás feliz y no dejas de cantar y de sonreir.
Pero se muy bien que es la música. Esa música francesa que he estado escuchando. Qué más podría ser?
Seguramente es la música la que se mete por mis oídos la que esta messing around con mi cabeza. Es la que sube y baja y va y viene. Haciendo ajustes, moviendo cosas. Ajustando la mirada, afinando la voz. Es la música la que me pone así.
Despierto cantando, me baño bailando. El día se va como un playlist que no tiene fin. Y yo solo tarareo y tarareo. Incluso los impulsos asesinos se fueron y ahora solo tengo un soundtrack de verano. La tarde es un acorde. Un Do mayor. Es naranja y violeta, con unos toques de rojo cereza coronando las nubes más bajas. Y sobre el horizonte está escrita la letra de una canción. De amor. En francés, por supuesto.
Y las noches! Ay las noches. Esas son de indie rock, y la guitarra se extiende y se lanza al vacío. Los tambores retiemblan al paso de la penumbra. Y la voz de la Luna es la que canta los falsetes más agudos. Y yo intento seguirle el compás. En francés, claro.
Pero en general, es algo extraño, como tener arena en los pantalones. Como cuando un gato te lame los dedos de los pies. Raro. Como flotar sobre fuego, sin quemarse pero sintiendo el calor. Como cuando te duele el estómago de tanto reír. Y estás feliz y no dejas de cantar y de sonreir.
Pero se muy bien que es la música. Esa música francesa que he estado escuchando. Qué más podría ser?
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domingo, marzo 01, 2009
La Muerte de Marzo.
Te dicen lluvia, pero yo se quien eres. Tu eres Marzo que llegas cantando y me pides pasar de frente en alto. Y yo simplemente no me puedo negar, me vuelves a tentar.
Es que te he amado tanto y te he estado extrañando y hace ya casi un año que no paras aquí. Deberías seguir tu camino derecho pero me persigues como lobo hambriento.
Alejate de mi, no me mires así. Mirame y dime una última vez que ya no lo vuelves a hacer, prometelo Marzo, prométemelo! Te quisiera perdonar, pero es más fuerte el deseo de matar.
Y si te vuelves a ir, no regreses por aquí, por que sé que es lo mismo cada primavera cuando las flores nacen pierdes la cabeza, no te vuelvas a ir!
No regreses ya núnca si me dejas así. No regreses y pierdete, Marzo, con tu lluvia y tus flores y tu luz cegadora y tus aves de magia y tu magia de miel.
Esa magia que tienes que tanto me enreda y me dice: ¡Mujer! No lo vuelvas a hacer. Ojalá que te ahogues con toda tu lluvia y ojalá se marchiten todas tus flores.
Y esas aves tan bellas que revolotean mi cabeza, ojalá que se mueran. Y ojalá mueras tu también. ¡Maldición Marzo, te tenías que ir, y después de un año qusiste regresar!
Ay, Marzo eres sol, Marzo eres luna y eres calor. Marzo olvidalo todo y regresa aquí. No me importa que te vayas siempre que regreses a mí. Marzo mirame bien.
Escuchame y haz lo que te pido. Puedes ir y venir a tu antojo pero recuerda que tienes una cita conmigo. Cada martes del mes te espero sentada en el piso.
Y si ya no me quieres, dimelo Marzo, pero lo sabes y si no, no me importa. Pero no me abandones así. Marzo quedate aquí.
Es que te he amado tanto y te he estado extrañando y hace ya casi un año que no paras aquí. Deberías seguir tu camino derecho pero me persigues como lobo hambriento.
Alejate de mi, no me mires así. Mirame y dime una última vez que ya no lo vuelves a hacer, prometelo Marzo, prométemelo! Te quisiera perdonar, pero es más fuerte el deseo de matar.
Y si te vuelves a ir, no regreses por aquí, por que sé que es lo mismo cada primavera cuando las flores nacen pierdes la cabeza, no te vuelvas a ir!
No regreses ya núnca si me dejas así. No regreses y pierdete, Marzo, con tu lluvia y tus flores y tu luz cegadora y tus aves de magia y tu magia de miel.
Esa magia que tienes que tanto me enreda y me dice: ¡Mujer! No lo vuelvas a hacer. Ojalá que te ahogues con toda tu lluvia y ojalá se marchiten todas tus flores.
Y esas aves tan bellas que revolotean mi cabeza, ojalá que se mueran. Y ojalá mueras tu también. ¡Maldición Marzo, te tenías que ir, y después de un año qusiste regresar!
Ay, Marzo eres sol, Marzo eres luna y eres calor. Marzo olvidalo todo y regresa aquí. No me importa que te vayas siempre que regreses a mí. Marzo mirame bien.
Escuchame y haz lo que te pido. Puedes ir y venir a tu antojo pero recuerda que tienes una cita conmigo. Cada martes del mes te espero sentada en el piso.
Y si ya no me quieres, dimelo Marzo, pero lo sabes y si no, no me importa. Pero no me abandones así. Marzo quedate aquí.
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Canción de Marzo
Era marzo de lluvia, en un martes de luna
que llegó con guitarra en mano y volando
le dijo a una nube: "que el viento se entere
que esta noche nada evita que me acerque
a su ventana cantado y le diga "mi amor",
y me vaya soñando y me robe el calor
de sus labios rosados llenos de dulzura
y con un beso suyo me robe su color,
con aroma a verano y corazón de ruiseñor."
El viento viajó por el cielo de noche
y llegó a su ventana, entró por el balcón.
Se acercó hasta su cama y en suspiros le dijo
lo que el músico enamorado le confió.
Y ella que era tan joven enseguida saltó
y le preguntó si este hombre de mundo
tenía los ojos azules como el medio día
o si eran cobrizos como el amanecer.
Ella queria saber, pero el viento intrigado
soplando despacio no sabía responder.
"Mira niña de rosa, cabello dorado,
no entiendo tu pregunta tan superficial,
pero si tu supieras como él te ha buscado
y que su amor por ti se ve tan natural,
no querrías preguntar el color de su mirada
pues seguramente quedarías atrapada."
La niña sorprendida e incluso ofendida
mira al viento indignado y le dice de frente:
"Que no ves que no entiendes, amigo del norte?
me refiero al color de su alma, es de agua
o acaso es de oro, o será de carmín?
Debe tener un alma que sea de espuma
de otra manera y de no ser así,
yo no podria vivir, sabiendo que lo amo
y queriéndolo aquí sin poderlo seguir
al lugar a donde vaya después de morir.
"Y si no tiene un alma de escarcha plateada
le entrego la mía para que en el cielo él pueda cantar,
y yo lo voy a esperar una eternidad,
si pudiera yo al cielo con él regresar."
Y la niña y el viento miraron al cielo pensando en él.
Las estrellas bajaron hasta su regazo
y ahí se quedaron hasta el amanecer.
Pero él nunca llegó, y la niña lo espera
despierta en la noche, buscando su rostro
entre constelaciones y gritandole
"Amor, cuándo es que tu vendrás?"
Y el músico triste la observa desde su rincón,
prohibido hacia ella tenía tanto amor.
Y cuando ella duerme en las tardes de marzo
él se acerca a su lado y respira su aliento,
perfume de abril, y la observa soñar.
Y le canta canciones de reyes valientes,
princesas encantadas y castillos de oriente,
y no puede evitar las ganas de llorar.
Pues a pesar de que ella no lo sabe,
él ni un momento la ha dejado de amar.
que llegó con guitarra en mano y volando
le dijo a una nube: "que el viento se entere
que esta noche nada evita que me acerque
a su ventana cantado y le diga "mi amor",
y me vaya soñando y me robe el calor
de sus labios rosados llenos de dulzura
y con un beso suyo me robe su color,
con aroma a verano y corazón de ruiseñor."
El viento viajó por el cielo de noche
y llegó a su ventana, entró por el balcón.
Se acercó hasta su cama y en suspiros le dijo
lo que el músico enamorado le confió.
Y ella que era tan joven enseguida saltó
y le preguntó si este hombre de mundo
tenía los ojos azules como el medio día
o si eran cobrizos como el amanecer.
Ella queria saber, pero el viento intrigado
soplando despacio no sabía responder.
"Mira niña de rosa, cabello dorado,
no entiendo tu pregunta tan superficial,
pero si tu supieras como él te ha buscado
y que su amor por ti se ve tan natural,
no querrías preguntar el color de su mirada
pues seguramente quedarías atrapada."
La niña sorprendida e incluso ofendida
mira al viento indignado y le dice de frente:
"Que no ves que no entiendes, amigo del norte?
me refiero al color de su alma, es de agua
o acaso es de oro, o será de carmín?
Debe tener un alma que sea de espuma
de otra manera y de no ser así,
yo no podria vivir, sabiendo que lo amo
y queriéndolo aquí sin poderlo seguir
al lugar a donde vaya después de morir.
"Y si no tiene un alma de escarcha plateada
le entrego la mía para que en el cielo él pueda cantar,
y yo lo voy a esperar una eternidad,
si pudiera yo al cielo con él regresar."
Y la niña y el viento miraron al cielo pensando en él.
Las estrellas bajaron hasta su regazo
y ahí se quedaron hasta el amanecer.
Pero él nunca llegó, y la niña lo espera
despierta en la noche, buscando su rostro
entre constelaciones y gritandole
"Amor, cuándo es que tu vendrás?"
Y el músico triste la observa desde su rincón,
prohibido hacia ella tenía tanto amor.
Y cuando ella duerme en las tardes de marzo
él se acerca a su lado y respira su aliento,
perfume de abril, y la observa soñar.
Y le canta canciones de reyes valientes,
princesas encantadas y castillos de oriente,
y no puede evitar las ganas de llorar.
Pues a pesar de que ella no lo sabe,
él ni un momento la ha dejado de amar.
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sábado, febrero 28, 2009
Good Intentions
I wish i never had to miss you. I wish i could stay with you forever, i wish i were the cloud that protects you from the sun.I wish i were the sun that warms you when its cold.
I wish i were the air that goes into your lungs, i wish i were the breath escaping through your lips. And feel the smoothness of your cheeks, and taste the sweetness of your lips made of cinnamon.
I wish i were the landscape you see every tuesday's morning just to be the very first thing you set your eyes on. And you can't, couldn't, understand the importance of watching your eyes.
I wish i were the deep blue summer sky, just to be as deep as your eyes, and as blue as your soul. And every evening, i wish i were the purple sky just to watch your clear pupils turn orange as the sunset flamming under your nose.
I wish i were the glass of water next to your bed, to kiss you-goodnight and to kiss you-goodmorning. To watch you sleep, to hear you dream. I want to be the lost sock just to know how it feels you're looking for me, hoping for me to appear. Wouldn't it be nice?
And maybe i could be that glass everynight, right by your side. I would never leave you, you know i wouldn't.
I wish i were that song that makes you dance, i wish i were that movie that makes you cry, i wish i were that poem that touches your heart. And maybe that way i could be inside your chest. Close to your heart, near the very center of everything you are. Of everything i ever asked for.
I wish i could be a memory, to be always in your mind. And then i could haunt you like a ghost while you sleep, and then you would dream of me, and love me. I wish i were a kiss, to travel through the air and get to the land were i could be were i always wanted to be. Your mouth.
I wish i were the air that goes into your lungs, i wish i were the breath escaping through your lips. And feel the smoothness of your cheeks, and taste the sweetness of your lips made of cinnamon.
I wish i were the landscape you see every tuesday's morning just to be the very first thing you set your eyes on. And you can't, couldn't, understand the importance of watching your eyes.
I wish i were the deep blue summer sky, just to be as deep as your eyes, and as blue as your soul. And every evening, i wish i were the purple sky just to watch your clear pupils turn orange as the sunset flamming under your nose.
I wish i were the glass of water next to your bed, to kiss you-goodnight and to kiss you-goodmorning. To watch you sleep, to hear you dream. I want to be the lost sock just to know how it feels you're looking for me, hoping for me to appear. Wouldn't it be nice?
And maybe i could be that glass everynight, right by your side. I would never leave you, you know i wouldn't.
I wish i were that song that makes you dance, i wish i were that movie that makes you cry, i wish i were that poem that touches your heart. And maybe that way i could be inside your chest. Close to your heart, near the very center of everything you are. Of everything i ever asked for.
I wish i could be a memory, to be always in your mind. And then i could haunt you like a ghost while you sleep, and then you would dream of me, and love me. I wish i were a kiss, to travel through the air and get to the land were i could be were i always wanted to be. Your mouth.
viernes, febrero 27, 2009
L'amour est par excellence ce qui fait être.
Yo solía ser fuerte, era audaz y alegre. Nada me derrumbaba y siempre ganaba en cualquier situación. Pasé muchos años sin llorar y nunca sentí frío ni soledad. Tenía más amigos, salía más y no tenía problemas para concentrarme. Incluso creo que ultimamente sé menos de lo que sabía antes. Nunca tube problemas al hablar en público y no me avergonzaba cantar. ME gustabacaminar bajo la lluvia y enfermarme por meses de una molesta gripa. Me gustaba correr hasta ya no poder más y sacarle la lengua a los demás conductores en las luces rojas de los semáforos. Nadie se metía conmigo, y yo con nadie. Me caía y me fracturaba, y seguía adelante. Nada de lo que me dijeran me disuadía de mis metas.Yo solía ser fuerte.
Yo solía ser una persona sin amor.
"El amor es por excelencia lo que te hace ser."
Yo solía ser una persona sin amor.
"El amor es por excelencia lo que te hace ser."
viernes, enero 16, 2009
Have You Ever Felt Rain?
Ese día también llovía, como hoy. Era un aguacero cerrado, como el de hoy. Nos paramos justo en medio de la calle desolada sin importarnos un carajo la pulmonía o la fiebre. Sostuvimos nuestras manos por un largo tiempo, pudieron ser segundos u horas. Tus ojos cerrados en los míos, temía que esta fuese la última vez que los volvería a ver. Eran cafés, supongo que lo siguen siendo. Profundos y cálidos, algo muy extraño pues los ojos oscuros rara vez son así de luminosos.
Pude sentir como se derretían sobre mis pupilas, sobre mis mejilla, sobre mi frente, sobre mis labios. Sentí el líquido recorriendo los escondites más secretos de mi ser, su calor calmando mi piel erizada por el agua fría que no tenía piedad de nosotros.
Tus labios temblaron un poco, como siempre que intentabas decir algo pero te arrepentías antes. Sentí la urgencia de besarte, darle firmeza a tu boca, pero no me atreví. De alguna manera, me estaba protegiendo.
Tu solo diste un paso al frente y tomaste mi cara entre tus manos, la lluvia resbalándose entre tus dedos y por el filo helado de mi nariz. Te acercaste lentamente, tu boca roja por el frío llena de duda. Me miraste intenso con ese rayo de ambar tibio derramándose por tus párpados y me besaste como nunca. Era suave pero lleno de fuerza, en una sincronización perfecta con los latidos arrítmicos de mi corazón. Dejé que todo mi peso cayera sobre tus brazos, pero tu no te tambaleaste ni lo más mínimo.
Vistos desde fuera, seguramente parecíamos un cadaver y un ángel intentado darle respiración boca a boca. Siempre parecíamos eso.
Te alejaste suavemente y rozaste la punta de tu nariz contra mi ceño fruncido para relajarlo. Quizá pensaste que estaba enfadada. No. Nunca podría, solo estaba intentado no llorar. Incluso ahí con el aire soplando y la lluvia pellizcandonos las caras, tu piel me quemaba como brazas vivas. El ácido de no volver a sentir tu calor me carcomío la garganta hasta las entrañas.
Aseguré mis brazos alrededor de tu cintura y encajé mi cabeza sobre tu pecho. Era como si fueramos dos piezas únicas de un rompecabezas y estuviésemos hechos para coincidir a la perfección. No había otro lugar en el mundo para mi que no fuese entre tus brazos.
Escuché con atención dentro de tu pecho. Tu corazón seguía firme como siempre, tus pulmones administraban el oxigeno a tu cuerpo impecable y tu respiración seguía siendo el mismo marcapasos infalible de mis latidos.
Hablaste y escuché las palabras retumbar como un eco encerrado solo para mi en tu aliento. Pero no te dejé ir, me quedé aferrada a tu cuerpo mojado. Sentí tus manos soltar las mías de tu cintura y luego separarme de tu calor. Repetiste lo que me habías dicho, esta vez te esuché con más claridad.
- Por favor, no hagas esto.
La lluvia soltó todo su peso sobre nuestras cabezas.
- Adios.
Besaste mi frente y te fuiste en un coche. Nunca te volví a ver. Y ahora aquí, por la ventana viendo la misma lluvia de Enero caer, te encuentro escondido en cada gota que resbala por el cristal. Cuando rozan mis mejillas, son tus dedos dibujando sobre mi piel y a pesar del frío, mi piel quema como cuando me tocabas. Y siempre que el viento sopla, escucho tu respiración como una canción de cuna, y entonces mi corazón hecho cenizas se atreve a latir y solo entonces me siento un poco viva. Solo un mes al año, cuando el clima es así de gélido, pues me recuerda a ti.
Pero dime, llueve en donde tu estas?
Pude sentir como se derretían sobre mis pupilas, sobre mis mejilla, sobre mi frente, sobre mis labios. Sentí el líquido recorriendo los escondites más secretos de mi ser, su calor calmando mi piel erizada por el agua fría que no tenía piedad de nosotros.
Tus labios temblaron un poco, como siempre que intentabas decir algo pero te arrepentías antes. Sentí la urgencia de besarte, darle firmeza a tu boca, pero no me atreví. De alguna manera, me estaba protegiendo.
Tu solo diste un paso al frente y tomaste mi cara entre tus manos, la lluvia resbalándose entre tus dedos y por el filo helado de mi nariz. Te acercaste lentamente, tu boca roja por el frío llena de duda. Me miraste intenso con ese rayo de ambar tibio derramándose por tus párpados y me besaste como nunca. Era suave pero lleno de fuerza, en una sincronización perfecta con los latidos arrítmicos de mi corazón. Dejé que todo mi peso cayera sobre tus brazos, pero tu no te tambaleaste ni lo más mínimo.
Vistos desde fuera, seguramente parecíamos un cadaver y un ángel intentado darle respiración boca a boca. Siempre parecíamos eso.
Te alejaste suavemente y rozaste la punta de tu nariz contra mi ceño fruncido para relajarlo. Quizá pensaste que estaba enfadada. No. Nunca podría, solo estaba intentado no llorar. Incluso ahí con el aire soplando y la lluvia pellizcandonos las caras, tu piel me quemaba como brazas vivas. El ácido de no volver a sentir tu calor me carcomío la garganta hasta las entrañas.
Aseguré mis brazos alrededor de tu cintura y encajé mi cabeza sobre tu pecho. Era como si fueramos dos piezas únicas de un rompecabezas y estuviésemos hechos para coincidir a la perfección. No había otro lugar en el mundo para mi que no fuese entre tus brazos.
Escuché con atención dentro de tu pecho. Tu corazón seguía firme como siempre, tus pulmones administraban el oxigeno a tu cuerpo impecable y tu respiración seguía siendo el mismo marcapasos infalible de mis latidos.
Hablaste y escuché las palabras retumbar como un eco encerrado solo para mi en tu aliento. Pero no te dejé ir, me quedé aferrada a tu cuerpo mojado. Sentí tus manos soltar las mías de tu cintura y luego separarme de tu calor. Repetiste lo que me habías dicho, esta vez te esuché con más claridad.
- Por favor, no hagas esto.
La lluvia soltó todo su peso sobre nuestras cabezas.
- Adios.
Besaste mi frente y te fuiste en un coche. Nunca te volví a ver. Y ahora aquí, por la ventana viendo la misma lluvia de Enero caer, te encuentro escondido en cada gota que resbala por el cristal. Cuando rozan mis mejillas, son tus dedos dibujando sobre mi piel y a pesar del frío, mi piel quema como cuando me tocabas. Y siempre que el viento sopla, escucho tu respiración como una canción de cuna, y entonces mi corazón hecho cenizas se atreve a latir y solo entonces me siento un poco viva. Solo un mes al año, cuando el clima es así de gélido, pues me recuerda a ti.
Pero dime, llueve en donde tu estas?
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domingo, diciembre 21, 2008
Celeste
El universo nunca había tenido tanto sentido. Ni siquiera para él, siendo un hombre de ciencia, el cosmos era algo revelado. Pero ahora, ahí sentado en esa banca en la iglesia, lo veía todo con claridad.
Ni siquiera sabía como demonios había ido a parar ahí, él, comprometido con la investigación, acción-reacción, hecho y materia, nunca habría soñado con ir a la iglesia, menos durante misa. Y sin embargo, ahí estaba él, en plena Misa de Gallo, sentado, aturdido y cegado.
Observaba la catidad de luces de Navidad que colgaban de las paredes, del árbol enorme erguido frente a él. Era como la Via Láctea miniaturizada. Sus ojos ahora viciados paseaban de un lado a otro, intoxicandose de aquella sustancia tan... rejuvenecedora. No se había sentido así en años.
Siempre atado al trabajo, a fórmulas y cuentas. Ciencia, ciencia, ciencia. Razón, lógica, pensamiento.
Hoy no, hoy era libre. Por algún... milagro? Bueno, ya estaba ahí, no le costaba nada admitir que esas cosas si pasaban.
Estaba teniendo ligeros problemas para decidir si esto que estaba expermientando era mágia o simplemente el universo abriendose solo para él. Decidió que no importaba. Mágia o no, era algo inigualable.
Dejó a su mente... y a su espíritu, brincar por todo el lugar, chispas surgían de ellos cada vez que se rozaban entre juegos. El solo los veía, con una sonrisa en el rostro como la de un padre que observa a sus hijos jugar en el parque. Sus retoños saltaban por encima de la gente que se encontraba escuchando la misa. Relajó los músculos un poco. Respiró hondo, dejando que el negro del infinito le picara la nariz.
De repente, los perdió de vista. ¿Dónde se podrían haber metido? Los buscó con la mirada ansiosa y con la respiración agitada. No quería perder esta sensación de libertad. No así, no tan rápido. Los vió, parados junto a una estrella hermosa. Alguna viajera que se habría perdido en su camino a una galaxia vecina.
Y la vio. Cómo nunca había visto a nadie más. Una supernova viajando grácil y poderosa entre los demás cuerpos sin luz propia. La estela de plata que dejaba a su paso era perturbadora, de un aroma subversivo. Pudo sentir con la punta de sus dedos los fragmentos de universo que quedaron flotando a la deriva gracias a la gravedad cuando aquella estrella pasó rompiendo el vacío. Uno de ellos le cortó ligeramente la mejilla. Había quedado marcado de por vida.
Pasó sus dedos temblorosos sobre el lugar en donde el universo había dejado su rastro. Fuera de serie, fuera de este planeta.
Un poco de lo que creyó era polvo de estrella rozó sus labios semiabiertos y no pudo evitar el dejar escapar el poco aliento que le quedaba. Las otras formas de vida de las galaxias cercanas no eran nada a su lado, le costaba imaginarse que después de la creación de un astro tal reluciente como aquella diosa, hubiera quedado material e imaginación para darle vida a todos los demás sobrantes.
Se encontró a si mismo flotando a la deriva en el espacio sideral, rodeado de cometas y basura espacial. De algún modo, todo recobraba sentido ahora. Las fuerzas que lo sostenían lo liberaron. Como si Newton nunca hubiera existido, la gravedad simplemente dejó de someterlo. Una fuerza nueva, más grande que la del planeta Tierra lo ataba ahora.
No había visto jamás la simetría del universo, pero ella parecía dimensionar todo lo infinito. Ponía un límite a la negrura eterna del espacio sideral. Y alrededor de ella, giraban las estrellas y los planetas. Como si el corazón de aquella mujer fuese su Sol, y ahora él giraba entorno a ella.
Su sola existencia era excusa suficiente para justificar la creación de todo el cosmos. Era un millón de veces más hermosa que las estrellas del firmamento veraniego. ¡Que se mueran los filósofos! ¡Que desaparezcan los poetas! ¡Y los científicos, ya ni se diga! Pues aquí, en esta iglesia pequeña y atiborrada se encontraba la respuesta a los secretos de la vida. La canción más bella. Tantos años de estudio, sacrificios y prejuicios. Guerras habían sido desatadas, muertes injustificadas, buscando la verdad del universo. Pintores y escultores y cantantes habrían vendido sus almas por encontrarla. Y ella se encontraba aquí, frente a él. Todo se resumía a ella.
Su nombre debe ser Ángel, pensó alucinado. No, no, su nombre es Celeste, como la Luna y las estrellas, el Sol mismo. Ella era eso, una combinación perfecta de todo el resplandor de los astros. Algo fuera de este planeta inmundo. Una estrella. Algo divino. La estrella de Belén. Un milagro. Mi milagro de navidad, murmuró en voz inaudible y sonrió estúpidamente.
Ni siquiera sabía como demonios había ido a parar ahí, él, comprometido con la investigación, acción-reacción, hecho y materia, nunca habría soñado con ir a la iglesia, menos durante misa. Y sin embargo, ahí estaba él, en plena Misa de Gallo, sentado, aturdido y cegado.
Observaba la catidad de luces de Navidad que colgaban de las paredes, del árbol enorme erguido frente a él. Era como la Via Láctea miniaturizada. Sus ojos ahora viciados paseaban de un lado a otro, intoxicandose de aquella sustancia tan... rejuvenecedora. No se había sentido así en años.
Siempre atado al trabajo, a fórmulas y cuentas. Ciencia, ciencia, ciencia. Razón, lógica, pensamiento.
Hoy no, hoy era libre. Por algún... milagro? Bueno, ya estaba ahí, no le costaba nada admitir que esas cosas si pasaban.
Estaba teniendo ligeros problemas para decidir si esto que estaba expermientando era mágia o simplemente el universo abriendose solo para él. Decidió que no importaba. Mágia o no, era algo inigualable.
Dejó a su mente... y a su espíritu, brincar por todo el lugar, chispas surgían de ellos cada vez que se rozaban entre juegos. El solo los veía, con una sonrisa en el rostro como la de un padre que observa a sus hijos jugar en el parque. Sus retoños saltaban por encima de la gente que se encontraba escuchando la misa. Relajó los músculos un poco. Respiró hondo, dejando que el negro del infinito le picara la nariz.
De repente, los perdió de vista. ¿Dónde se podrían haber metido? Los buscó con la mirada ansiosa y con la respiración agitada. No quería perder esta sensación de libertad. No así, no tan rápido. Los vió, parados junto a una estrella hermosa. Alguna viajera que se habría perdido en su camino a una galaxia vecina.
Y la vio. Cómo nunca había visto a nadie más. Una supernova viajando grácil y poderosa entre los demás cuerpos sin luz propia. La estela de plata que dejaba a su paso era perturbadora, de un aroma subversivo. Pudo sentir con la punta de sus dedos los fragmentos de universo que quedaron flotando a la deriva gracias a la gravedad cuando aquella estrella pasó rompiendo el vacío. Uno de ellos le cortó ligeramente la mejilla. Había quedado marcado de por vida.
Pasó sus dedos temblorosos sobre el lugar en donde el universo había dejado su rastro. Fuera de serie, fuera de este planeta.
Un poco de lo que creyó era polvo de estrella rozó sus labios semiabiertos y no pudo evitar el dejar escapar el poco aliento que le quedaba. Las otras formas de vida de las galaxias cercanas no eran nada a su lado, le costaba imaginarse que después de la creación de un astro tal reluciente como aquella diosa, hubiera quedado material e imaginación para darle vida a todos los demás sobrantes.
Se encontró a si mismo flotando a la deriva en el espacio sideral, rodeado de cometas y basura espacial. De algún modo, todo recobraba sentido ahora. Las fuerzas que lo sostenían lo liberaron. Como si Newton nunca hubiera existido, la gravedad simplemente dejó de someterlo. Una fuerza nueva, más grande que la del planeta Tierra lo ataba ahora.
No había visto jamás la simetría del universo, pero ella parecía dimensionar todo lo infinito. Ponía un límite a la negrura eterna del espacio sideral. Y alrededor de ella, giraban las estrellas y los planetas. Como si el corazón de aquella mujer fuese su Sol, y ahora él giraba entorno a ella.
Su sola existencia era excusa suficiente para justificar la creación de todo el cosmos. Era un millón de veces más hermosa que las estrellas del firmamento veraniego. ¡Que se mueran los filósofos! ¡Que desaparezcan los poetas! ¡Y los científicos, ya ni se diga! Pues aquí, en esta iglesia pequeña y atiborrada se encontraba la respuesta a los secretos de la vida. La canción más bella. Tantos años de estudio, sacrificios y prejuicios. Guerras habían sido desatadas, muertes injustificadas, buscando la verdad del universo. Pintores y escultores y cantantes habrían vendido sus almas por encontrarla. Y ella se encontraba aquí, frente a él. Todo se resumía a ella.
Su nombre debe ser Ángel, pensó alucinado. No, no, su nombre es Celeste, como la Luna y las estrellas, el Sol mismo. Ella era eso, una combinación perfecta de todo el resplandor de los astros. Algo fuera de este planeta inmundo. Una estrella. Algo divino. La estrella de Belén. Un milagro. Mi milagro de navidad, murmuró en voz inaudible y sonrió estúpidamente.
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