Di click sobre el link de Inicio y la página se refrescó enseguida. Solo había una nueva notificación: Arturo Mina pasó de "en una relación" a "soltero".
Ah cabrón! Cuando me cortó que ni me enteré!? Mi instinto stalker me hizo dar click sobre su nombre para correr a ver su perfil. Esto no era para nada mi estilo, nunca había entrado a su profile de Facebook para ver su muro ni nada. Me sentía sucia, pero era necesario.
En su profile estaba su horrible fotografía de siempre, la misma de Facebook y MSN. algo en su estúpida sonrisa y en sus ojos desviados me decía que el muy infeliz ya me había mandado a la chingada. Y efectivamente, al revisar su status, este mostraba un irritante "Soltero".
Comencé a preguntarme que había hecho mal para que terminara la relación así, sin decirme nada. Ni un pinche mensaje, ni una pinche llamada. Nada. Había estado en la ciudad hacía 3 días y no me había podido decir nada, maldito cobarde. Total, ya ni lo quería, pero esas fregaderas no se hacen. Más que nada, muy en el fondo, lo que más me dolía no era el haber terminado, si no que él me hubiera botado a mi. La verdad era que tenía dos meses intentando hacerlo, pero él siempre había sido tan... delicado. En fin, tarde o temprano yo lo iba a hacer y él me ahorró la pena.
Decidí que me daría un paseo por su perfil, haciendo lo que nunca había hecho antes: leer sus conversaciones con otros, checar sus fotos, ver su idiota granja, sus Pokes, sus cuestionarios. Todo. Lo primero que encontré lo explicó todo.
"Oliss hermOsoO! super shida la partie anOche. tQmMmMm. XXXOOOXXXOO.!*"
Y abajo, él le contestó:
"jajaja si, muy buena fiesta. nos vemos en el cace mañana? besos."
Di click en el link a mi profile, cambié mi status y me puse a contestar preguntas idiotas sobre mis contactos. la tercera pregunta fue:
"¿Si tuvieras que confesarle algo a Arturo Mina, qué sería?"
Solo se me ocurrió una cosa:
"Que me besé con Roberto hace dos días."
Puto.
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jueves, marzo 11, 2010
miércoles, febrero 10, 2010
No me chingues!
Tendría yo unos 11 o 12 años, era una noche entre semana del mes de febrero, había salido de entrenar y aprovechando que al lado del doyang había una estética que cerraba hasta muy tarde, pasé rápido a que me dieran mi tuzada bimestral. El lugar lo atendían unas hermanas "de la vida galante", de ese tipo de mujeres que, bueno ya saben, no?
Eran tres, altas, muy delgadas, demasiado. Siempre tenían el cabello pintado de colores no iban nada bien con su tono de piel, sus uñas eran largas y mal pintadas, cejas casi inexistentes y labios rojos, siempre muy rojos.
Todos los días que pasaba por ahí las veía con un hombre distinto. Los lunes eran de "Marcos", un hombre trajeado que llegaba en una camioneta amarilla muy fea. Se metían al local, con la televisión sintonizando Ventaneando a todo volumen. Los martes y miercoles eran de "Jorge", un muchacho nada feo que siempre llevaba comida para ellas y para sus hermanas mas chicas. Los viernes eran de "Toñito", al que en la colonía de una amiga lo conocían como "El padre Alberto", llegaba puntual desde las 5pm y ahí se quedaba hasta después de las 10pm cuando yo salía de entrenar.
Yo no decía nada, al fin y al cabo, eran sus... vidas... en las que se metían todos esos señores. Yo solo iba a que me cortaran el cabello. Además, estaba más que claro que ellas eran maestras en esos asuntos del amor y la carne. Y yo como a esa edad no sabía nada de nada, pues ni me interesaba.
Total, esa noche fui a su local y me senté. La mayor fue la que me atendió, claro que las otras dos estaban también ahí pasándole las cosas o solo chismeando. Procedieron a mojarme el cabello, a retorcer mechones y sujetarlos con esas pinzas feas que usan los estilistas. Siempre que me cortan el cabello, trato no verme al espejo, no me gusta como se ve mi cabeza con tantas cosas encima.
Justo entonces, escucho que me hablan desde la calle, volteo, y veo a un niño odioso que siempre me molestaba en los entrenamientos. Y yo no entendía por qué si nunca le había hecho nada! El muy descarado sacó su celular y me tomó una foto así, con las pinzas horrendas en la cabeza.
Horrorizada le grité algo como "Largate!" y él se fue riendo muy feliz. Entonces la hermana mayor se acerca y me dice "Es un niño muy guapo, eh" y soltó su risita como de ratón pispireto. No supe que tenía eso que ver con que me tomara fotos, digo, si era guapo, pero me molestaba siempre y ni me caía bien.
Decidí ignorarla y ella a mi, continuó cortando mi cabello, y a los 5 minutos llega otro wey, que no me caía mal pero era mayor que yo y casi no le hablaba, pasó por la estética y se regresó unos pasos al verme sentada. Primero sonrió mucho, como aguantándose la risa. Y entonces por alguna razón me sonrojé muchísimo. Después sacó su celular, tomó una foto, sonrió un poco más, y me dijo "Te veo mañana". Con eso, se fue.
Por detrás de la hermana mayor, se acerca una de las menores y me dice "Ese SI está muy bien" acompañado de más risitas tontas. Yo seguía sin entender que pasaba con la relación entre su imagen y el hecho de que me tomaran fotos y ellas comenzaron todo un debate sobre cual de los dos estaba más guapo y si pudieran, con cual andarían. Terminaron de atenderme, me fui y las dejé discutiendo el mismo tema.
Una semana después, 14 de febrero, esperaba a que abrieran la puerta del vestidos de mujeres para cambiarme y ponerme los zapatos. Entonces se acerca el mocoso odioso que me había tomado la foto primero y me da una carta, me aplica el típico "te manchaste... aaaaah no, caiste!" con el que te pegan en la nariz, y se va. Yo me quedo estupefacta pero lo dejo pasar, la carta tendría que esperar.
Después de eso salí para esperar a mi mamá y se me acercó el tipo grande que me había tomado la foto después. Me dijo un "hola" muy extraño, me entregó un globo, un beso en la mejilla y se fue. Me quedé parada en la banqueta sin saber muy bien que había pasado...
Al día siguiente, entrando al doyang, dos niñas se me acercan, me pendejean y reclaman porque sus novios me habían regalado cosas, a lo que yo solo respondí "este... eh?", y se van sin decir más.
Entonces entendí, de por vida, que el 14 de febrero solo existe para causar confución, conflicto, y dolores de cabeza pensando que ridiculez regalar. Y no sé si sea por que estoy sugestionada, una coincidencia o solo el destino, pero nunca he pasado un 14 con novio, siempre cortamos antes o empezamos después.
Como sea, este domingo para mi y mis amigos será uno más en el que haremos las mismas idioteces de todos los fines de semana, sin complicaciones ni dolores de cabeza.
Eran tres, altas, muy delgadas, demasiado. Siempre tenían el cabello pintado de colores no iban nada bien con su tono de piel, sus uñas eran largas y mal pintadas, cejas casi inexistentes y labios rojos, siempre muy rojos.
Todos los días que pasaba por ahí las veía con un hombre distinto. Los lunes eran de "Marcos", un hombre trajeado que llegaba en una camioneta amarilla muy fea. Se metían al local, con la televisión sintonizando Ventaneando a todo volumen. Los martes y miercoles eran de "Jorge", un muchacho nada feo que siempre llevaba comida para ellas y para sus hermanas mas chicas. Los viernes eran de "Toñito", al que en la colonía de una amiga lo conocían como "El padre Alberto", llegaba puntual desde las 5pm y ahí se quedaba hasta después de las 10pm cuando yo salía de entrenar.
Yo no decía nada, al fin y al cabo, eran sus... vidas... en las que se metían todos esos señores. Yo solo iba a que me cortaran el cabello. Además, estaba más que claro que ellas eran maestras en esos asuntos del amor y la carne. Y yo como a esa edad no sabía nada de nada, pues ni me interesaba.
Total, esa noche fui a su local y me senté. La mayor fue la que me atendió, claro que las otras dos estaban también ahí pasándole las cosas o solo chismeando. Procedieron a mojarme el cabello, a retorcer mechones y sujetarlos con esas pinzas feas que usan los estilistas. Siempre que me cortan el cabello, trato no verme al espejo, no me gusta como se ve mi cabeza con tantas cosas encima.
Justo entonces, escucho que me hablan desde la calle, volteo, y veo a un niño odioso que siempre me molestaba en los entrenamientos. Y yo no entendía por qué si nunca le había hecho nada! El muy descarado sacó su celular y me tomó una foto así, con las pinzas horrendas en la cabeza.
Horrorizada le grité algo como "Largate!" y él se fue riendo muy feliz. Entonces la hermana mayor se acerca y me dice "Es un niño muy guapo, eh" y soltó su risita como de ratón pispireto. No supe que tenía eso que ver con que me tomara fotos, digo, si era guapo, pero me molestaba siempre y ni me caía bien.
Decidí ignorarla y ella a mi, continuó cortando mi cabello, y a los 5 minutos llega otro wey, que no me caía mal pero era mayor que yo y casi no le hablaba, pasó por la estética y se regresó unos pasos al verme sentada. Primero sonrió mucho, como aguantándose la risa. Y entonces por alguna razón me sonrojé muchísimo. Después sacó su celular, tomó una foto, sonrió un poco más, y me dijo "Te veo mañana". Con eso, se fue.
Por detrás de la hermana mayor, se acerca una de las menores y me dice "Ese SI está muy bien" acompañado de más risitas tontas. Yo seguía sin entender que pasaba con la relación entre su imagen y el hecho de que me tomaran fotos y ellas comenzaron todo un debate sobre cual de los dos estaba más guapo y si pudieran, con cual andarían. Terminaron de atenderme, me fui y las dejé discutiendo el mismo tema.
Una semana después, 14 de febrero, esperaba a que abrieran la puerta del vestidos de mujeres para cambiarme y ponerme los zapatos. Entonces se acerca el mocoso odioso que me había tomado la foto primero y me da una carta, me aplica el típico "te manchaste... aaaaah no, caiste!" con el que te pegan en la nariz, y se va. Yo me quedo estupefacta pero lo dejo pasar, la carta tendría que esperar.
Después de eso salí para esperar a mi mamá y se me acercó el tipo grande que me había tomado la foto después. Me dijo un "hola" muy extraño, me entregó un globo, un beso en la mejilla y se fue. Me quedé parada en la banqueta sin saber muy bien que había pasado...
Al día siguiente, entrando al doyang, dos niñas se me acercan, me pendejean y reclaman porque sus novios me habían regalado cosas, a lo que yo solo respondí "este... eh?", y se van sin decir más.
Entonces entendí, de por vida, que el 14 de febrero solo existe para causar confución, conflicto, y dolores de cabeza pensando que ridiculez regalar. Y no sé si sea por que estoy sugestionada, una coincidencia o solo el destino, pero nunca he pasado un 14 con novio, siempre cortamos antes o empezamos después.
Como sea, este domingo para mi y mis amigos será uno más en el que haremos las mismas idioteces de todos los fines de semana, sin complicaciones ni dolores de cabeza.
viernes, diciembre 18, 2009
Cenar Fuera de Casa
La película terminó con una mala propuesta de matrimonio.
Salimos de la sala del cine más intrigados que molestos. Era increíble como esa mujer jugaba con las mentes de todos esos pobres adolescentes. Y mañana uno de ellos despertaría temprano pensando en que pronto se convertiría en uno más de nosotros... Simplemente me parecía estúpido que los humanos realmente pensaran que los vampiros "nacieran" así, de un contagio común, como una enfermedad corriente.
En cambio Damian estaba simplemente fascinado con el mar de inocencia que lo rodeaba. En sus ojos como fuego podía ver esa chispa alegre de curiosidad y diversión. Sus fosas nasales se inflaban extasiadas con los aromas de esos deliciosos jóvenes que se aglomeraban en la salida unos contra otros. Pude sentir la ansia de Damian cuando una niña frente a nosotros agitó su cabello largo y negro desplegando un exquisito olor a naranjas dulces, pero me impresionó al mantenerse calmado y seguir caminando junto a los demás humanos.
Pronto llegamos a un espacio más abierto y Damian se calmó por completo. De todas maneras no podía dejar de verlo con mirada preocupada. Un ataque aún dentro de la sala lo pude haber mantenido controlado. Pero aquí? Con tanta gente comprando entradas, palomitas, llegando y saliendo del cine, resultaba imposible, incluso para mi.
- Relájate - con voz estable y mirada firme Damian me demostró que todo estaba normal.
Volví a respirar solo después de verlo fijamente a los ojos y asegurarme de que era verdad. Esta noche eran de un carmín intenso, como no los había visto muchas veces en siglo y medio. Supe que un solo humano no bastaría esta noche. O quizá tendríamos que desaparecerlo por un par de noches y regresarlo confundido y sin memoria alguna a su casa más tarde.
Al contrario de lo que se dice en las películas, nosotros los vampiros no somos tan espantosos como nos pintan. Y con esto me refiero a que no andamos por la... vida? asesinando personas para alimentarnos ni convirtiéndonos en musarañas horrendas. No, nosotros a diferencia de otros seres, si tenemos honor. Somos una raza respetable y orgullosa.
En esto tiene razón uno de esos libros tontos, los vampiros no damos espectáculos. Nunca nos han podido fotografiar, capturar ni mucho menos matar. Todos esos supuestos vampiros quemados en la edad media? Algunos esquizofrénicos, inadaptados sociales o fotofóbicos. Simples confusiones. No somos para nada fáciles de localizar.
No, no brillamos en la luz del sol, ni causamos estruendo al chocar unos contra otros. Nuestra naturaleza es callada y discreta. Y esto nos facilita conseguir alimento.
Damian señaló con su dedo índice a la joven de melena negra que casi degollaba segundos atrás. Iba a resultar muy fácil enredarla, se veía a leguas el tipo de niña que era. También sería un problema pues se notaría su ausencia. Pero esa corriente sanguínea en su yugular se veía tan deliciosa y yo estaba tan hambrienta también...
Era más que obvio que Damian tendría que hacer el trabajo sucio. Implicaba las técnicas básicas. Seducción 101. Comenzó a avanzar lentamente hacia ella, antes de acercarse más me volteó a ver y me guiñó coqueto. Le devolví media sonrisa y dejé ver un colmillo reluciente como nacar. Un joven parado cerca de mi advirtió esto y me miró con ojos alarmados. Lo estudié con la mirada y retrocedí hasta una esquina oscura y alejada. Ahí esperaría la señal.
Observé casi inmovil todo el proceso de cazería. Damian era una verdadera máquina de seducción. Su cabello alborotado y negro como petróleo se agitaba con cada paso qeu daba. Enseguida comenzó a hablar con la presa. Sonreía y en ocasiones exactas tocaba su antebrazo firmemente pero gentil al mismo tiempo. Su voz era miel cálida y sus ojos eran armas letales. Pronto cayó rendida. Caminaron juntos hacia donde yo estaba recargada y me pasaron de largo sin voltearme a ver. La pobre niña pensó que Fernando (así se había puesto Damian para esta operación ya que su nombre era algo anticuado) me había botado por ella. Si claro.
Cuando pisaron el pavimento húmedo del estacionamiento me lancé tras ellos. En medio minuto me encontraba recargada en un pilar cercano a la pareja. Fernando ya tenía a Valeria (ese era su nombre) contra un pilar, su boca rozando su cuello al ritmo de sus labios que escupían palabras que no quise escuchar. Por un instante me imaginé mil maneras de matarla sin crear un vampiro nuevo. Me contuve, todo era parte del plan.
Di un paso "ruidoso" (para un vampiro) a propósito para que Valeria me escuchara y abriera los ojos. Al verme y darse cuenta de quien era quien los observaba una sonrisa burlona se dibujó en sus bonitos labios. Levantó una ceja de superioridad y habló. Error.
-Tu amiga está aquí.
- Hola Damian. - dije mientras me acercaba lentamente a ellos. La cena volteó a ver al vampiro que tenía sobre ella confundida.
-Damian?
- Perdón, "Fernando" te parece mejor? - Con una sonrisa dejé ver mis colmillos. - Ese nombre te gusta, no?
Los ojos de la cena eran una mezcla aguada de miedo, lágrimas y odio. Antes de que siquiera pudiera abrir la boca, Damian enterró sus colmillos en su yugular. El aroma que desprendió su sangre sobre su ropa combinado con el de la lluvia me enfermó de desesperación y sin más me lancé a ella.
Ambos perdimos el control y la noción del tiempo-espacio, aunque no corríamos riesgos pues nadie rondaba la zona. Solo una vez un carro pasó unas filas delante de nosotros. Con un movimiento invisible nos escondimos detrás de un pilar más alejado y sin iluminación. Ningún humano con sus débiles ojos podría vernos ahora. Succionamos hasta que secamos por completo el cuerpo de Valeria. Jamás había sido la intención, pero que se le podía hacer ahora? Volverla vampiro? Jamás!
Damian fue el último en dejar de succionar. Sin siquiera mirarme se levantó y la puso en sus hombros como si fuera un costal lleno de frijol o cualquier asquerosidad de alimento humano. Nosotros como vampiros natos nunca habíamos tenido que probar esa basura que deglutían tan ansiosos los hombres. Era repulsivo verlos comer.
El cuerpo de Valeria estuvo un día sin vida en nuestro departamento. A las cinco y veintiseis de la tarde del segundo día, sus dedos comenzaron a moverse, señal de que la transformación había terminado. Damian y yo entramos en silencio a la habitación donde la teníamos "descanzando". Sus grandes ojos una vez verdes eran ahora rojos como se habían visto los míos días atrás.
- ¿Qué pasó? - se sentó en la cama como un bebé curioso y se rascó la cabeza confusamente.
Damian dio un paso adelante, se sentó sobre la cama y pasó su brazo sobre la espalda de la recién creada. Su voz salió musical de su boca.
- Verás Valeria, lo que pasó fue que fuiste mordida por una pareja de vampiros muy, muy hambrientos.
Silencio. Después habló. -Entonces soy vampiro ahora?
-Así es, cariño - la suavidad de Damian me perturbaba.
- Y ahora que sigue? - el tono de Valeria era más exitado que preocupado o entristezido.
-Ahora - dijo Damian tocando la barbilla de la joven con su mano libre -tu mueres.
Y con un movimiento circular limpio le rompió la columna. Se levantó, arregló las mangas de su camisa y caminó hacia la puerta de la habitación dejando a la muerta sobre las sabanas nuevas. Antes de salir me dijo:
- Después del trabajo vengo a deshacerme del cuerpo. Te amo. - besó mi frente y salió.
Amaba a ese vampiro, pero muchas veces me desconcertaban sus maneras. Solo atiné a gritarle en una voz razonable para los humanos:
- La próxima vez yo escojo la cena, eh!
Y su risa resonó por todo el edificio.
Salimos de la sala del cine más intrigados que molestos. Era increíble como esa mujer jugaba con las mentes de todos esos pobres adolescentes. Y mañana uno de ellos despertaría temprano pensando en que pronto se convertiría en uno más de nosotros... Simplemente me parecía estúpido que los humanos realmente pensaran que los vampiros "nacieran" así, de un contagio común, como una enfermedad corriente.
En cambio Damian estaba simplemente fascinado con el mar de inocencia que lo rodeaba. En sus ojos como fuego podía ver esa chispa alegre de curiosidad y diversión. Sus fosas nasales se inflaban extasiadas con los aromas de esos deliciosos jóvenes que se aglomeraban en la salida unos contra otros. Pude sentir la ansia de Damian cuando una niña frente a nosotros agitó su cabello largo y negro desplegando un exquisito olor a naranjas dulces, pero me impresionó al mantenerse calmado y seguir caminando junto a los demás humanos.
Pronto llegamos a un espacio más abierto y Damian se calmó por completo. De todas maneras no podía dejar de verlo con mirada preocupada. Un ataque aún dentro de la sala lo pude haber mantenido controlado. Pero aquí? Con tanta gente comprando entradas, palomitas, llegando y saliendo del cine, resultaba imposible, incluso para mi.
- Relájate - con voz estable y mirada firme Damian me demostró que todo estaba normal.
Volví a respirar solo después de verlo fijamente a los ojos y asegurarme de que era verdad. Esta noche eran de un carmín intenso, como no los había visto muchas veces en siglo y medio. Supe que un solo humano no bastaría esta noche. O quizá tendríamos que desaparecerlo por un par de noches y regresarlo confundido y sin memoria alguna a su casa más tarde.
Al contrario de lo que se dice en las películas, nosotros los vampiros no somos tan espantosos como nos pintan. Y con esto me refiero a que no andamos por la... vida? asesinando personas para alimentarnos ni convirtiéndonos en musarañas horrendas. No, nosotros a diferencia de otros seres, si tenemos honor. Somos una raza respetable y orgullosa.
En esto tiene razón uno de esos libros tontos, los vampiros no damos espectáculos. Nunca nos han podido fotografiar, capturar ni mucho menos matar. Todos esos supuestos vampiros quemados en la edad media? Algunos esquizofrénicos, inadaptados sociales o fotofóbicos. Simples confusiones. No somos para nada fáciles de localizar.
No, no brillamos en la luz del sol, ni causamos estruendo al chocar unos contra otros. Nuestra naturaleza es callada y discreta. Y esto nos facilita conseguir alimento.
Damian señaló con su dedo índice a la joven de melena negra que casi degollaba segundos atrás. Iba a resultar muy fácil enredarla, se veía a leguas el tipo de niña que era. También sería un problema pues se notaría su ausencia. Pero esa corriente sanguínea en su yugular se veía tan deliciosa y yo estaba tan hambrienta también...
Era más que obvio que Damian tendría que hacer el trabajo sucio. Implicaba las técnicas básicas. Seducción 101. Comenzó a avanzar lentamente hacia ella, antes de acercarse más me volteó a ver y me guiñó coqueto. Le devolví media sonrisa y dejé ver un colmillo reluciente como nacar. Un joven parado cerca de mi advirtió esto y me miró con ojos alarmados. Lo estudié con la mirada y retrocedí hasta una esquina oscura y alejada. Ahí esperaría la señal.
Observé casi inmovil todo el proceso de cazería. Damian era una verdadera máquina de seducción. Su cabello alborotado y negro como petróleo se agitaba con cada paso qeu daba. Enseguida comenzó a hablar con la presa. Sonreía y en ocasiones exactas tocaba su antebrazo firmemente pero gentil al mismo tiempo. Su voz era miel cálida y sus ojos eran armas letales. Pronto cayó rendida. Caminaron juntos hacia donde yo estaba recargada y me pasaron de largo sin voltearme a ver. La pobre niña pensó que Fernando (así se había puesto Damian para esta operación ya que su nombre era algo anticuado) me había botado por ella. Si claro.
Cuando pisaron el pavimento húmedo del estacionamiento me lancé tras ellos. En medio minuto me encontraba recargada en un pilar cercano a la pareja. Fernando ya tenía a Valeria (ese era su nombre) contra un pilar, su boca rozando su cuello al ritmo de sus labios que escupían palabras que no quise escuchar. Por un instante me imaginé mil maneras de matarla sin crear un vampiro nuevo. Me contuve, todo era parte del plan.
Di un paso "ruidoso" (para un vampiro) a propósito para que Valeria me escuchara y abriera los ojos. Al verme y darse cuenta de quien era quien los observaba una sonrisa burlona se dibujó en sus bonitos labios. Levantó una ceja de superioridad y habló. Error.
-Tu amiga está aquí.
- Hola Damian. - dije mientras me acercaba lentamente a ellos. La cena volteó a ver al vampiro que tenía sobre ella confundida.
-Damian?
- Perdón, "Fernando" te parece mejor? - Con una sonrisa dejé ver mis colmillos. - Ese nombre te gusta, no?
Los ojos de la cena eran una mezcla aguada de miedo, lágrimas y odio. Antes de que siquiera pudiera abrir la boca, Damian enterró sus colmillos en su yugular. El aroma que desprendió su sangre sobre su ropa combinado con el de la lluvia me enfermó de desesperación y sin más me lancé a ella.
Ambos perdimos el control y la noción del tiempo-espacio, aunque no corríamos riesgos pues nadie rondaba la zona. Solo una vez un carro pasó unas filas delante de nosotros. Con un movimiento invisible nos escondimos detrás de un pilar más alejado y sin iluminación. Ningún humano con sus débiles ojos podría vernos ahora. Succionamos hasta que secamos por completo el cuerpo de Valeria. Jamás había sido la intención, pero que se le podía hacer ahora? Volverla vampiro? Jamás!
Damian fue el último en dejar de succionar. Sin siquiera mirarme se levantó y la puso en sus hombros como si fuera un costal lleno de frijol o cualquier asquerosidad de alimento humano. Nosotros como vampiros natos nunca habíamos tenido que probar esa basura que deglutían tan ansiosos los hombres. Era repulsivo verlos comer.
El cuerpo de Valeria estuvo un día sin vida en nuestro departamento. A las cinco y veintiseis de la tarde del segundo día, sus dedos comenzaron a moverse, señal de que la transformación había terminado. Damian y yo entramos en silencio a la habitación donde la teníamos "descanzando". Sus grandes ojos una vez verdes eran ahora rojos como se habían visto los míos días atrás.
- ¿Qué pasó? - se sentó en la cama como un bebé curioso y se rascó la cabeza confusamente.
Damian dio un paso adelante, se sentó sobre la cama y pasó su brazo sobre la espalda de la recién creada. Su voz salió musical de su boca.
- Verás Valeria, lo que pasó fue que fuiste mordida por una pareja de vampiros muy, muy hambrientos.
Silencio. Después habló. -Entonces soy vampiro ahora?
-Así es, cariño - la suavidad de Damian me perturbaba.
- Y ahora que sigue? - el tono de Valeria era más exitado que preocupado o entristezido.
-Ahora - dijo Damian tocando la barbilla de la joven con su mano libre -tu mueres.
Y con un movimiento circular limpio le rompió la columna. Se levantó, arregló las mangas de su camisa y caminó hacia la puerta de la habitación dejando a la muerta sobre las sabanas nuevas. Antes de salir me dijo:
- Después del trabajo vengo a deshacerme del cuerpo. Te amo. - besó mi frente y salió.
Amaba a ese vampiro, pero muchas veces me desconcertaban sus maneras. Solo atiné a gritarle en una voz razonable para los humanos:
- La próxima vez yo escojo la cena, eh!
Y su risa resonó por todo el edificio.
viernes, noviembre 13, 2009
Rehab
Por que si tu no me hubieras encontrado, yo te habría encontrado a ti.
Etiquetas:
egoismo,
Loves like these..,
That's why it's good to be ME
lunes, noviembre 02, 2009
Epifanías, Epitafios y Otras Drogas.
Este es un tema que me está costando muchísimo trabajo, y no sé por que. He soñado muchas veces que me muero y que me hacen un funeral, pero nunca me he fijado en lo que dice mi lápida. Sin embargo, dada mi condición de visitante frecuente a las salas de emergencia de los hospitales, se que yo moriré en uno. Si, así de sencillo, lo sé.
Es más, una vez estuve a minutos de terminar en la morgue. Todo sucedió hace unos diez años, aproximadamente, cuando después de haber sido picada por un alacrán me llevaron de urgencias al hospital regional de la ciudad. Yo ya le había asegurado a mi mamá que no tenía nada, que no estaba mareada ni tenía temperatura. El alacrán apenas me había rozado con su aguijón y el lugar de la picadura estaba morado pero no mucho.
Y aún con esto me llevaron. Entré y enseguida me pasaron a Urgencias, donde un "doctor" de alrededor de 25 años me metió a una camilla y me comenzaron a enchufar millones de agujas en los brazos.
"Hasta el momento no ha empeorado su estado y no muestra complicaciones" - Pues no, grandísimo imbécil! Si nunca las tuve! Perdí un día de clases (que en esas éocas era la gloria) y también una tarde de ver caricaturas (que en esas épocas era el infierno) de a gratis.
Pasé la tarde en una cama más tiesa que el piso, sin hacer nada más que ver al techo y hacer burbujas con mi propia baba (a las enfermeras les parecía asqueroso y a mi eso me hacía tan feliz), hasta que comencé a sudar, y es que hacía un calor infernal ahí, y yo que siempre he sido muy acalorada, con tantito sudo.
Pues las muy retrasadas enfermeras pensaron que era efecto del veneno y llamaron al negligente interno ese y dio paso a una de las experiencias más locas-mal viajadas de mi vida: me inyectaron Epinefrina.
Primero me dio muchísimo más calor del que ya tenía, después me derretí como manteca expuesta al Sol. Luego me dieron unos escalofríos seguidos peores que los que te dan cuando quieres ir a hacer pipí y te la aguantas por horas. Ni bien se me habían pasado los escalofríos, sentí que el techo se me venía abajo.
Era como si me hubieran metido diez lineas de coca seguidas, y no me refiero a las que venden en lata o botella. Me pusieron toda loca y poco me faltó para subirme a bailar al mostrador donde estaban las enfermeras echadas chismeando. Tuve mil y un visiones, e incluso una epifanía que se cumplió años después de esa tarde. Mi ritmo cardiaco aumentó (no recuerdo bien por que en ese entonces era una niña... y estaba drogada) y al parecer estuve cerca de un paro o de un derrame cerebral o algo así.
Para no hacerla larga: me sacaron, me llevaron a otro hospital, demandaron al hospital, ganamos y digamos que ya se lo que es estar cerca de la muerte por un pasón.
A todo esto, revisando la cantidadde veces y la frecuencia con la que voy al hospital y que no fue esa la única vez que me atiende un inepto, mi Epitafio, que ya lo había escuchado antes, tendría que decir más o menos algo así:
Es más, una vez estuve a minutos de terminar en la morgue. Todo sucedió hace unos diez años, aproximadamente, cuando después de haber sido picada por un alacrán me llevaron de urgencias al hospital regional de la ciudad. Yo ya le había asegurado a mi mamá que no tenía nada, que no estaba mareada ni tenía temperatura. El alacrán apenas me había rozado con su aguijón y el lugar de la picadura estaba morado pero no mucho.
Y aún con esto me llevaron. Entré y enseguida me pasaron a Urgencias, donde un "doctor" de alrededor de 25 años me metió a una camilla y me comenzaron a enchufar millones de agujas en los brazos.
"Hasta el momento no ha empeorado su estado y no muestra complicaciones" - Pues no, grandísimo imbécil! Si nunca las tuve! Perdí un día de clases (que en esas éocas era la gloria) y también una tarde de ver caricaturas (que en esas épocas era el infierno) de a gratis.
Pasé la tarde en una cama más tiesa que el piso, sin hacer nada más que ver al techo y hacer burbujas con mi propia baba (a las enfermeras les parecía asqueroso y a mi eso me hacía tan feliz), hasta que comencé a sudar, y es que hacía un calor infernal ahí, y yo que siempre he sido muy acalorada, con tantito sudo.
Pues las muy retrasadas enfermeras pensaron que era efecto del veneno y llamaron al negligente interno ese y dio paso a una de las experiencias más locas-mal viajadas de mi vida: me inyectaron Epinefrina.
Primero me dio muchísimo más calor del que ya tenía, después me derretí como manteca expuesta al Sol. Luego me dieron unos escalofríos seguidos peores que los que te dan cuando quieres ir a hacer pipí y te la aguantas por horas. Ni bien se me habían pasado los escalofríos, sentí que el techo se me venía abajo.
Era como si me hubieran metido diez lineas de coca seguidas, y no me refiero a las que venden en lata o botella. Me pusieron toda loca y poco me faltó para subirme a bailar al mostrador donde estaban las enfermeras echadas chismeando. Tuve mil y un visiones, e incluso una epifanía que se cumplió años después de esa tarde. Mi ritmo cardiaco aumentó (no recuerdo bien por que en ese entonces era una niña... y estaba drogada) y al parecer estuve cerca de un paro o de un derrame cerebral o algo así.
Para no hacerla larga: me sacaron, me llevaron a otro hospital, demandaron al hospital, ganamos y digamos que ya se lo que es estar cerca de la muerte por un pasón.
A todo esto, revisando la cantidadde veces y la frecuencia con la que voy al hospital y que no fue esa la única vez que me atiende un inepto, mi Epitafio, que ya lo había escuchado antes, tendría que decir más o menos algo así:
"En los cielos por la voluntad de Dios, y la ayuda de algún médico imbécil"
Que desventurado, difícil y peligroso es ser yo.
Etiquetas:
cuentos macabrones,
damages,
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sábado, octubre 31, 2009
Live Fast, Die Young, Leave a Beautiful Corpse.
Nunca me he tomado muy en serio eso de morirse y no regresar jamás. He estado cerca de la muerte, la he visto actuar, sin embargo no alcanza a impactarme como a los demás. Claro que he tenido pérdidas, y personas muy cercanas a mi las han sufrido peores que yo, he estado con ellos, he sentido y he llorado. Pero sigo sin entender, sin comprender la naturaleza de irse y dejar a todos atrás. Supongo que es inútil intentar entenderlo a fondo, dudo que alguien lo haya hecho.
Tampoco ha sido un tema de mucho interés en mi vida, no paso noches sin dormir preguntándome a donde diablos vamos a dar una vez que nos declaran muertos. Si, es cierto que juego mucho con la muerte, hablo y me burlo de ella. Escribo aquí en mi blog historias de sepelios y testamentos, pero solo con fin de entretener y, más que nada, entretenerme a mi misma.
Sencillamente lo tomo de donde viene, todo en esta vida se debería tomar así. Y que irónico resulta que dos conceptos tan opuestos, tan antónimos, vayan siempre de la mano. Qué es la muerte? Qué es la vida? Cuándo se nos considera muertos? Cuándo es que uno realmente está vivo? Nacer es el comienzo de la vida? Morir es el comienzo de la muerte, o es el fin de la vida? Quizá es solo una extensión de la vida. Una vida más espiritual, menos interesada, ligera. Esto si se los pregunto, y no por que me interese saberlo, simplemente por que he visto muertos más alegres que muchos vivos que conozco. Y hay vivos que en verdad no deberían partir...
Hace poco una persona me dijo "Nadie debería morir". Y nunca pude estar más de acuerdo y en desacuerdo con alguien al mismo tiempo. Como ya expresé arriba, hay personas que nunca deberían dejar de ser. Pero, si así fuera, como sabríamos de su grandeza? Por que, seamos sinceros, y aunque sea un cliché, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Yo soy de la idea de que extrañar es aceptar que alguien se ha ido, y si se extraña, siempre se piensa en esa persona. Y al recordar a una persona, se recuerdan los mejores momentos, las mejores cualidades. Así vemos siempre su grandeza.
Yo no soy quien para decir si alguien merece morir, pero honestamente, nosotros mismos sabemos quien vive para bien y quien para joder a los demás. Nosotros mismos sabemos la vida que llevamos y conocemos lo merecido.
Todo se reduce a como vivimos. De acuerdo a esto, encontraremos el como moriremos. En lo personal, he estado en situaciones "peligrosas", por así llamarles, pues en esta vida ya nadie sabe si es más peligroso vivir o morir y ya, y en todas esas veces he estado satisfecha. No es que ya desee morir y claro que existen aún muchísimas cosas que me encantarían hacer, lugares por ver, personas por conocer, cosas por escribir, gente por besar. Aún hay gran parte del mundo que no me he comido. Pero si he estado firme ante el umbral del fin de la vida y regresado por circunstancias distintas, no he tenido remordimientos. Quizá dudas, preguntas sobre lo que me espera, de que pasará después de que me haya ido.
A la muerte no se le debe temer. Debe existir sin embargo una conciencia clara y personal del concepto individual de esta. El mio, y siempre lo dejo en claro, es vivir rápido, disfrutar. Por que no vaya a ser que me muera joven, sin haber sentido, sin haber vivido. Prefiero morir joven y conocedora. Y si así es, seré un cadáver lleno de vida.
sábado, junio 20, 2009
All the Young Dudes
Me gusta sentarme en las escaleras y ver las telarañas, aunque le tengo miedo a las arañas. Me gusta mirarme en el espejo y enseñarme la lengua, las tardes en la arena que se escurre como agua, y ver las nubes corriendo hacia el norte.
Me gusta manejar los domingos por el malecón y ver la linea enorme como el pulso del mundo que es el horizonte. Y el azul inmenso aplastándonos como tormenta. Me gusta como suena el ukelele aunque no me agrada la playa. Me gusta la sal del aire en mi cara, aunque no como salado.
Me gusta el invierno, mucho más que el verano. Comer helado sentada en el pasto y hablar de Gore y dinosaurios. Me gustan los nerds y más cuando se ponen nerviosos. Me gusta el aeropuerto y el ruido que hacen los zapatos contra el suelo, abrazar los árboles y bailar los viernes. Si, me gustan los viernes.
Es mejor cuando esta cubierto de mermelada de fresa. Me gustan las fresas. Y los cactus con flores de color rosa. Me gusta mirarme los pies y alborotarme el pelo. Ir al cine a comer palomitas y las Margaritas, como me gustan las Margaritas! Y acordarme de tiempos mejores, de Enero o Noviembre.
Me gusta verte parado en la ventana con tus ojos de película de antes, y escuchar tu música rara anque diga que es ruido de granjeros. Me gusta más cuando cierras los ojos. No hay algo que me guste más que eso.
Cuando la lluvia se calma y entonces llegas con tu andar de valiente. Me gusta eso, y me gusta el queso también. Me gusta esa canción extraña de la película de la niña embarazada, la que no dejo de tararear desde ese día en el cine. Me gustan las pláticas de ovnis y fantasmas y me gusta como abres mucho los ojos al hablar. Me fascina eso.
También me gusta tomarle fotos a los árboles grandes y raros que hay a orilla de carretera. Pero esa es otra historia.
Me gusta manejar los domingos por el malecón y ver la linea enorme como el pulso del mundo que es el horizonte. Y el azul inmenso aplastándonos como tormenta. Me gusta como suena el ukelele aunque no me agrada la playa. Me gusta la sal del aire en mi cara, aunque no como salado.
Me gusta el invierno, mucho más que el verano. Comer helado sentada en el pasto y hablar de Gore y dinosaurios. Me gustan los nerds y más cuando se ponen nerviosos. Me gusta el aeropuerto y el ruido que hacen los zapatos contra el suelo, abrazar los árboles y bailar los viernes. Si, me gustan los viernes.
Es mejor cuando esta cubierto de mermelada de fresa. Me gustan las fresas. Y los cactus con flores de color rosa. Me gusta mirarme los pies y alborotarme el pelo. Ir al cine a comer palomitas y las Margaritas, como me gustan las Margaritas! Y acordarme de tiempos mejores, de Enero o Noviembre.
Me gusta verte parado en la ventana con tus ojos de película de antes, y escuchar tu música rara anque diga que es ruido de granjeros. Me gusta más cuando cierras los ojos. No hay algo que me guste más que eso.
Cuando la lluvia se calma y entonces llegas con tu andar de valiente. Me gusta eso, y me gusta el queso también. Me gusta esa canción extraña de la película de la niña embarazada, la que no dejo de tararear desde ese día en el cine. Me gustan las pláticas de ovnis y fantasmas y me gusta como abres mucho los ojos al hablar. Me fascina eso.
También me gusta tomarle fotos a los árboles grandes y raros que hay a orilla de carretera. Pero esa es otra historia.
martes, mayo 12, 2009
I Love You From the Cheeks to the Nose to the Foot You Tap on the Floor
A continuación, un trivial suceso, como los otros que he narrado y narraré, sobre nuestras aburridas vidas. El aburrimiento de hoy ocurrió durante años mejores que estos, en una tarde típica en la universidad. Nunca le presté mucha atención a lo que Lietza me decía, hasta ese día.
Salí acalorada del edificio de idiomas. Para ser una tarde nublada, como las típicas tardes en la ciudad, hacía demasiado calor. Al pasar a toda prisa frente a una ventana, pude ver mi rostro enrojecido por el bochorno. Me pasé la mano para ver si así se quitaba un poco. Solo lo empeoré. Ya me habían dicho antes que las mejillas se me enrojecían con el frío o el calor. Osea, casi siempre estaban de un color rosa mexicano.
Me apresuré dentro de la biblioteca para escapar del calor y ver si así se me bajaba un poco el color. Refunfuñando quien-sabe-que-cosas me interné entre los estantes repletos de libros desde el piso hasta el techo y me paré justo debajo de una salida del aire acondicionado. Cerré los ojos y dejé que el aire me arrullara. Pronto iría a encontrar algún lugarcito afuera en el pasto y me quedaría dormida un rato. Primero aprovecharía para buscar unos libros que necesitaba.
Abri los ojos y busqué mis libros en menos de diez minutos. Me disponía a la huida cuando lo vi.
Sentadito como en la foto de un alumno prodigio. Usaba lentes de pasta negra gruesa, un poco más que los mios. El cabello alborotado y café claro. No separaba la mirada del libro que estaba leyendo. Era tan grueso como un diccionario enciclopédico, pero parecía fascinado por como sus ojos brillaban mientras recorrían hambrientos las líneas del texto. Ya me podía imaginar el tamaño diminuto de la letra y la miopía o atismatismo que esto le causaría.
-Qué nerdazo! - me dije a mi misma y salí sin más del edificio.
Unas semanas después, de vuelta a la biblioteca huyendo del calor como siempre, lo volví a ver. Los mismos lentes, el mismo cabello desaliñado, y si me hubiera fijado mejor la primera vez juraría que traía la misma ropa. No sé. Me dediqué a lo mio, de nuevo aproveché para buscar libros que necesitaba. Mientras la mujer de la entrada registraba los titulos, le eché una mirada rápida, solo para ver si el ente se movía en señal de que aún respiraba. Por una fracción de segundo me pareció que no respiraba, pero después movió torpemente una mano para cambiar la página de su enorme libro. Esta vez era uno más grande y lo leía con igual entusiasmo.
-Qué flojera! - salí corriendo pues ya me esperaban afuera para ir a no se donde a embrutecernos.
Siete días después, recién me habían encargado un trabajo y no podía esperar. La fecha límite era hasta dentro de dos meses, y nisiquiera era algo grande, pero últimamente me sentía muy responsable y hacía mis tareas por adelantado. Era medio día, la universidad estaba casi vacía. Además era viernes. Todos debían estar en casa, o en alguna clase, muchos ya estarían perdidos en alcohol a estas horas. Pero no, yo ahí estaba, en un bonito incio de fin de semana, dentro de una biblioteca. Sentí que me merecía un premio.
Entré, busqué mis libros y me senté en una mesita sin levantar la vista. Yo había ido ahí a trabajar y eso haría. Al parecer estaba desierto, nadie en su sano juicio iría a ese lugar en viernes. Buena cosa que yo ya había perdido el juicio hacía muchos años.
Levanté la cara solo para ver si alguien más compartía mi locura. Vacio. Rei para mi misma. Regresé la mirada a mi mesa y de nuevo, como me juré a mi misma, levanté los ojos por alguien por la última vez.
Entró, con su andar ligero que a cualquier otro le hubiera parecido encorvado y guandajo. Esa actitud relajada que se reflejaba desde como agachaba los hombros hasta la manera en que caminaba de forma automática hasta la estantería donde lo esperaba su libro de siempre. Se sentó en la misma mesa de hacía una semana, y hacía un mes, y hacía dos. Recargó todo su peso sobre un codo y apoyó su rostro cansado sobre esa mano mientras con la otra tocaba la portada del libro como si se tratara de una flor muy exquisita y delicada. Y entonces, como nunca antes en mi vida, deseé ser rosa, o violeta, o camelia.
Hojeó hasta encontrar la página amarillenta que ya había marcado hábilmente con un hilo rojo (arrancado de su camisa, supuse enseguida) y posó toda su atención sobre las letras y palabras. Por segunda vez en el día, deseé ser algo más. Me quedé mirándolo for the longest time, tanto que casi sentí que my eyes popped out.
Las horas pasaron así, y yo no podía superar la manera en que se acomodaba los lentes empujándolos hacia arriba con el dedo índice. O como arrugaba la nariz mientras leía (supuse que eran partes desagradables o aburridas o que simplemente no eran de su agrado), y entonces sentí la urgencia de saber que era lo que le gustaba o interesaba, que le causaba gracia, que lo hacía enojar. Obviamente me olvidé por completo del trabajo. Tanto, que faltando dos días para entregarlo decidí hacerlo en mi casa para evitarme distracciones.
Después de ese viernes la biblioteca era mi refugio. Ahí me escondía, si hacía calor, que bien. Si hacía frío, llevaba un sueter. Todos los demás pensaron que se trataba de un intento por mejorar calificaciones, y aunque no me iba nada mal, nadie notó mejora alguna en mis notas. Pronto comensaron a aburrirse de mis idas a ese edificio tan desconocido y místico para ellos. Pero no me importaba, yo solo quería saber del chico callado y pensativo de la tercera mesa, de derecha a izquierda.
Solía sentarme tres o cuatro mesas más atrás, lo suficientemente cerca para verle la cara, pero lo suficientemente lejos para que no se diera cuenta de que lo observaba. Llegué a sentirme como una acosadora, pero era imposible evitarlo.
Con el tiempo descubrí que el libro que tanto tiempo llevaba leyendo era una recopilación de literatura inglesa. Días después encontré el primer libro con el que lo vi, historia mundial. Un día, Martes, entró con audifonos. Por los leves movimientos de sus pies bajo la mesa y sus manos golpeteando suavemente sobre el libro, llegué a la conclusión de que escuchaba música que involucraba a un baterista. Quizá Rock, Jazz o Blues. Tuve el impulso de pararme e ir a hablar con el de bandas, pero me contuve.
Continué así el resto del semestre. Me perdí tanto que algunas personas con las que acostumbraba salir a parrandear dejaron de buscarme. Incluso terminé por cortar con mi novio. Pero claro, eso era más que obvio que pasaría. Y me quité un gran peso de encima. Pero con esa descarga, llegó una pesadez mayor. El chico simplemente no parecía notarme. Siempre ahí, sentado, leyendo, acomodándose los lentes, alborotándose el pelo con la mano. Casi inmovil, como sin respirar.
Me sentí una inútil, una estúpida... Pero lo pensé y decidí que no me importaba. Ultimamente el era mi desayuno, comida, y cena, hasta que él dejara la biblioteca y yo unos metros detrás de él. Llegó Diciembre. Era mi última oportunidad de verlo antes de irme a casa para vacaciones. Tenía demasiadas ganas de ver a Lietza, Mago, Felipe y Rafa. Pero una parte de mi, la más fuerte, quería quedarse colgada de la espalda de "mi nerd", como lo bauticé, aunque ya sabía que su nombre era Andrés.
Entré a la biblioteca, y no lo ví ahí. Me fui sintiendo una presión horrible en el pecho, sin esperar unos minutos a ver si llegaba. Sería la peor Navidad de todas, lo sabía.
Regresé a la Universidad. Había sido una buena Navidad. Buena comida, buena gente, buenos regalos, risas, abrazos. Casi de manera conciente había dejado a un lado al nerd. Pero en mi inconciente, estaba tan presente como el primer día.
Después de las clases de la mañana, mis pies me llevaron automáticamente a la biblioteca. Sin saber muy bien que hacía ahí, encontré una mesa y me senté. Escuchando música con mi reproductor, los sonidos del exterior eran casi mudos. Solo escuchaba la música y mi propia respiración. No tenía tareas ni examenes. Solo estaba ahí por que ahí había pensado en ir. La lista de reproducción aleatoria puso una canción que en ese entonces (y aún hoy en día) me encantaba. Me puse a tararearla en voz baja, conciente del lugar en donde me encontraba.
Unos dedos sobre mi hombro me sobresaltaron y me quité los audifonos. Levanté la cara y lo vi, frente a mi. Con todo y su cabello y sus lentes y su nariz que se arrugaba.
- Estás en mi silla.
Que debía decir!? Tenía la voz grave pero clara, profunda pero suave, y sus ojos eran de color miel, como la miel que saboreaba en mi boca en ese instante... CONCENTRATE! Me dije (grité) a mi misma.
- Lo... siento? - pero si no era SU silla! - Pero esta no es TU silla...
- Lo sé, pero es mi lugar. Creí que estaba claro.
- ...Además no tiene tu nombre en ningún... Claro? Que estaba claro?
- Pues que yo vengo aquí, todos los días de Lunes a Viernes, de 4 a 6pm, a leer mi literatura, y que tu vienes todos los días de Lunes a Viernes de 4 a 6pm y te sientas ayá - señaló la mesa que había soportado mi peso por casi cuatro meses - y te pones a leer, a escribir, o simplemente a mirarme.
... Y yo que pensaba que era una buena espía. Me quedé sin palabras (cosa casi tan rara como un eclipse solar), y solo se me ocurrió decir:
- Me gustan tus lentes - mientras sacaba los mios de su estuche y me los ponía para que viera que eran prácticamente iguales.
Se rio con un ruido profundo, como un "Hum Hum Hum" y se sentó frente a mi, del otro lado de la mesa. Tomó mi reproductor y comenzó a urgarlo. Yo no me sentí invadida ni ofendida, solo me limité a observarlo. Asintía de vez en cuando y se reía a veces. Una o dos veces arrugó la nariz y una sola vez se acomodó los entes que se resbalaban sobre su perfil largo y recto.
Hablamos y al final, los dos miramos el reloj colgado en la pared. Las 7:30pm. Se volvió a reir con sus Hums Hums y me dijo muy seguro:
- Nos vemos mañana - se fue con su andar enconrvado y me dejó sentada.
El nerdazo no tenía nada de nerd. Y lo demás, es historia.
Salí de la habitación con los ojos rojos por las ganas de llorar, pero mis pupilas estaban secas como piedra. Sin embargo, no podía dejar de sonreir. Me dejé caer sobre un bulto café, que supuse era un sofá, no me fijé bien. Cerrado era mi amigo, y ahora estaba muerto. Pero había hablado con él, y habíamos dicho todo.
De pronto la tristeza me golpeó. Todo el cansancio, todo el trabajo, la idea de no volver a reir los cinco juntos una vez al año en Central Park. Y en medio de mi tormenta, en la orilla vislumbré al faro, a mi puerto seguro.
Andrés puso su mano sobre mi espalda y me dijo al oido lo mismo que siempre me decía cuando sentía que me ahogaba.
En ese momento, di gracias a quien fuera que nos estuviera viendo ayá arriba (por que ahora gracias a Rafael sabía que si había alguien ayá), tomé de la mano a mi esposo y me uní a Mago, Lietza y Felipe en el velatorio. La vida había sido buena conmigo, y quería que siguiera siendo así.
Salí acalorada del edificio de idiomas. Para ser una tarde nublada, como las típicas tardes en la ciudad, hacía demasiado calor. Al pasar a toda prisa frente a una ventana, pude ver mi rostro enrojecido por el bochorno. Me pasé la mano para ver si así se quitaba un poco. Solo lo empeoré. Ya me habían dicho antes que las mejillas se me enrojecían con el frío o el calor. Osea, casi siempre estaban de un color rosa mexicano.
Me apresuré dentro de la biblioteca para escapar del calor y ver si así se me bajaba un poco el color. Refunfuñando quien-sabe-que-cosas me interné entre los estantes repletos de libros desde el piso hasta el techo y me paré justo debajo de una salida del aire acondicionado. Cerré los ojos y dejé que el aire me arrullara. Pronto iría a encontrar algún lugarcito afuera en el pasto y me quedaría dormida un rato. Primero aprovecharía para buscar unos libros que necesitaba.
Abri los ojos y busqué mis libros en menos de diez minutos. Me disponía a la huida cuando lo vi.
Sentadito como en la foto de un alumno prodigio. Usaba lentes de pasta negra gruesa, un poco más que los mios. El cabello alborotado y café claro. No separaba la mirada del libro que estaba leyendo. Era tan grueso como un diccionario enciclopédico, pero parecía fascinado por como sus ojos brillaban mientras recorrían hambrientos las líneas del texto. Ya me podía imaginar el tamaño diminuto de la letra y la miopía o atismatismo que esto le causaría.
-Qué nerdazo! - me dije a mi misma y salí sin más del edificio.
Unas semanas después, de vuelta a la biblioteca huyendo del calor como siempre, lo volví a ver. Los mismos lentes, el mismo cabello desaliñado, y si me hubiera fijado mejor la primera vez juraría que traía la misma ropa. No sé. Me dediqué a lo mio, de nuevo aproveché para buscar libros que necesitaba. Mientras la mujer de la entrada registraba los titulos, le eché una mirada rápida, solo para ver si el ente se movía en señal de que aún respiraba. Por una fracción de segundo me pareció que no respiraba, pero después movió torpemente una mano para cambiar la página de su enorme libro. Esta vez era uno más grande y lo leía con igual entusiasmo.
-Qué flojera! - salí corriendo pues ya me esperaban afuera para ir a no se donde a embrutecernos.
Siete días después, recién me habían encargado un trabajo y no podía esperar. La fecha límite era hasta dentro de dos meses, y nisiquiera era algo grande, pero últimamente me sentía muy responsable y hacía mis tareas por adelantado. Era medio día, la universidad estaba casi vacía. Además era viernes. Todos debían estar en casa, o en alguna clase, muchos ya estarían perdidos en alcohol a estas horas. Pero no, yo ahí estaba, en un bonito incio de fin de semana, dentro de una biblioteca. Sentí que me merecía un premio.
Entré, busqué mis libros y me senté en una mesita sin levantar la vista. Yo había ido ahí a trabajar y eso haría. Al parecer estaba desierto, nadie en su sano juicio iría a ese lugar en viernes. Buena cosa que yo ya había perdido el juicio hacía muchos años.
Levanté la cara solo para ver si alguien más compartía mi locura. Vacio. Rei para mi misma. Regresé la mirada a mi mesa y de nuevo, como me juré a mi misma, levanté los ojos por alguien por la última vez.
Entró, con su andar ligero que a cualquier otro le hubiera parecido encorvado y guandajo. Esa actitud relajada que se reflejaba desde como agachaba los hombros hasta la manera en que caminaba de forma automática hasta la estantería donde lo esperaba su libro de siempre. Se sentó en la misma mesa de hacía una semana, y hacía un mes, y hacía dos. Recargó todo su peso sobre un codo y apoyó su rostro cansado sobre esa mano mientras con la otra tocaba la portada del libro como si se tratara de una flor muy exquisita y delicada. Y entonces, como nunca antes en mi vida, deseé ser rosa, o violeta, o camelia.
Hojeó hasta encontrar la página amarillenta que ya había marcado hábilmente con un hilo rojo (arrancado de su camisa, supuse enseguida) y posó toda su atención sobre las letras y palabras. Por segunda vez en el día, deseé ser algo más. Me quedé mirándolo for the longest time, tanto que casi sentí que my eyes popped out.
Las horas pasaron así, y yo no podía superar la manera en que se acomodaba los lentes empujándolos hacia arriba con el dedo índice. O como arrugaba la nariz mientras leía (supuse que eran partes desagradables o aburridas o que simplemente no eran de su agrado), y entonces sentí la urgencia de saber que era lo que le gustaba o interesaba, que le causaba gracia, que lo hacía enojar. Obviamente me olvidé por completo del trabajo. Tanto, que faltando dos días para entregarlo decidí hacerlo en mi casa para evitarme distracciones.
Después de ese viernes la biblioteca era mi refugio. Ahí me escondía, si hacía calor, que bien. Si hacía frío, llevaba un sueter. Todos los demás pensaron que se trataba de un intento por mejorar calificaciones, y aunque no me iba nada mal, nadie notó mejora alguna en mis notas. Pronto comensaron a aburrirse de mis idas a ese edificio tan desconocido y místico para ellos. Pero no me importaba, yo solo quería saber del chico callado y pensativo de la tercera mesa, de derecha a izquierda.
Solía sentarme tres o cuatro mesas más atrás, lo suficientemente cerca para verle la cara, pero lo suficientemente lejos para que no se diera cuenta de que lo observaba. Llegué a sentirme como una acosadora, pero era imposible evitarlo.
Con el tiempo descubrí que el libro que tanto tiempo llevaba leyendo era una recopilación de literatura inglesa. Días después encontré el primer libro con el que lo vi, historia mundial. Un día, Martes, entró con audifonos. Por los leves movimientos de sus pies bajo la mesa y sus manos golpeteando suavemente sobre el libro, llegué a la conclusión de que escuchaba música que involucraba a un baterista. Quizá Rock, Jazz o Blues. Tuve el impulso de pararme e ir a hablar con el de bandas, pero me contuve.
Continué así el resto del semestre. Me perdí tanto que algunas personas con las que acostumbraba salir a parrandear dejaron de buscarme. Incluso terminé por cortar con mi novio. Pero claro, eso era más que obvio que pasaría. Y me quité un gran peso de encima. Pero con esa descarga, llegó una pesadez mayor. El chico simplemente no parecía notarme. Siempre ahí, sentado, leyendo, acomodándose los lentes, alborotándose el pelo con la mano. Casi inmovil, como sin respirar.
Me sentí una inútil, una estúpida... Pero lo pensé y decidí que no me importaba. Ultimamente el era mi desayuno, comida, y cena, hasta que él dejara la biblioteca y yo unos metros detrás de él. Llegó Diciembre. Era mi última oportunidad de verlo antes de irme a casa para vacaciones. Tenía demasiadas ganas de ver a Lietza, Mago, Felipe y Rafa. Pero una parte de mi, la más fuerte, quería quedarse colgada de la espalda de "mi nerd", como lo bauticé, aunque ya sabía que su nombre era Andrés.
Entré a la biblioteca, y no lo ví ahí. Me fui sintiendo una presión horrible en el pecho, sin esperar unos minutos a ver si llegaba. Sería la peor Navidad de todas, lo sabía.
Regresé a la Universidad. Había sido una buena Navidad. Buena comida, buena gente, buenos regalos, risas, abrazos. Casi de manera conciente había dejado a un lado al nerd. Pero en mi inconciente, estaba tan presente como el primer día.
Después de las clases de la mañana, mis pies me llevaron automáticamente a la biblioteca. Sin saber muy bien que hacía ahí, encontré una mesa y me senté. Escuchando música con mi reproductor, los sonidos del exterior eran casi mudos. Solo escuchaba la música y mi propia respiración. No tenía tareas ni examenes. Solo estaba ahí por que ahí había pensado en ir. La lista de reproducción aleatoria puso una canción que en ese entonces (y aún hoy en día) me encantaba. Me puse a tararearla en voz baja, conciente del lugar en donde me encontraba.
Unos dedos sobre mi hombro me sobresaltaron y me quité los audifonos. Levanté la cara y lo vi, frente a mi. Con todo y su cabello y sus lentes y su nariz que se arrugaba.
- Estás en mi silla.
Que debía decir!? Tenía la voz grave pero clara, profunda pero suave, y sus ojos eran de color miel, como la miel que saboreaba en mi boca en ese instante... CONCENTRATE! Me dije (grité) a mi misma.
- Lo... siento? - pero si no era SU silla! - Pero esta no es TU silla...
- Lo sé, pero es mi lugar. Creí que estaba claro.
- ...Además no tiene tu nombre en ningún... Claro? Que estaba claro?
- Pues que yo vengo aquí, todos los días de Lunes a Viernes, de 4 a 6pm, a leer mi literatura, y que tu vienes todos los días de Lunes a Viernes de 4 a 6pm y te sientas ayá - señaló la mesa que había soportado mi peso por casi cuatro meses - y te pones a leer, a escribir, o simplemente a mirarme.
... Y yo que pensaba que era una buena espía. Me quedé sin palabras (cosa casi tan rara como un eclipse solar), y solo se me ocurrió decir:
- Me gustan tus lentes - mientras sacaba los mios de su estuche y me los ponía para que viera que eran prácticamente iguales.
Se rio con un ruido profundo, como un "Hum Hum Hum" y se sentó frente a mi, del otro lado de la mesa. Tomó mi reproductor y comenzó a urgarlo. Yo no me sentí invadida ni ofendida, solo me limité a observarlo. Asintía de vez en cuando y se reía a veces. Una o dos veces arrugó la nariz y una sola vez se acomodó los entes que se resbalaban sobre su perfil largo y recto.
Hablamos y al final, los dos miramos el reloj colgado en la pared. Las 7:30pm. Se volvió a reir con sus Hums Hums y me dijo muy seguro:
- Nos vemos mañana - se fue con su andar enconrvado y me dejó sentada.
El nerdazo no tenía nada de nerd. Y lo demás, es historia.
Salí de la habitación con los ojos rojos por las ganas de llorar, pero mis pupilas estaban secas como piedra. Sin embargo, no podía dejar de sonreir. Me dejé caer sobre un bulto café, que supuse era un sofá, no me fijé bien. Cerrado era mi amigo, y ahora estaba muerto. Pero había hablado con él, y habíamos dicho todo.
De pronto la tristeza me golpeó. Todo el cansancio, todo el trabajo, la idea de no volver a reir los cinco juntos una vez al año en Central Park. Y en medio de mi tormenta, en la orilla vislumbré al faro, a mi puerto seguro.
Andrés puso su mano sobre mi espalda y me dijo al oido lo mismo que siempre me decía cuando sentía que me ahogaba.
En ese momento, di gracias a quien fuera que nos estuviera viendo ayá arriba (por que ahora gracias a Rafael sabía que si había alguien ayá), tomé de la mano a mi esposo y me uní a Mago, Lietza y Felipe en el velatorio. La vida había sido buena conmigo, y quería que siguiera siendo así.
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Loves like these..,
That's why it's good to be ME
lunes, mayo 04, 2009
Trivialidades, Bodas y Waffles
Esto ocurrió varios años antes de la muerte de Cerrado. Es una de las tantas anécdotas dignas de contar. En esta no pasa nada raro o sobrenatural, no hay gente hablando sola, ni cadáveres que hablan. Es solo algo trivial, típico de nosotros. Enjoy.
El novio no dejaba de moverse. No tengo ultra visión ni nada por el estilo, pero juro que vi desde el otro lado de la iglesia como se le saltaba una vena en la frente. Mi naturaleza neurótica me tenía a mi más estresada que a la misma novia. No contestaba al celular, como era su costumbre. Volví a intentar. Tono de marcado... Nada.
De nuevo. Tono... y vaya! Por fin contestó. Su voz se escuchaba calmada, pero con un pequeño ápice de nerviosismo.
- Wey, la cagas. Tu propia boda!
- Mames, el tráfico está cabrón.
- Me vale, es tu pinche boda y yo estoy peor que novia de rancho que se comió la torta antes de tiempo.
- Haha, mamona...
- Tu wey! Apurate que se te va el novio!
- Si si si, ya voy! Nos vemos en diez.
- Ok... Y Lietza...
- Mande...
- No intentes huir.
Colgó con una risilla. Guardé el celular habilmente entre los dobleces de mi vestido y me acomodé el outfit por centésima vez. Ni siquiera en mi propia boda había estado tan nerviosa.
Lietza siempre había dicho que yo era el tipo de personas que conseguría un novio en la universidad, duraríamos toda la carrera y después nos casaríamos. No se equivocó. Era perfecto, todo tan perfecto que hacía que mis ojos saltaran fuera de sus orbitas. Como dicen en inglés? Ah si si, my eyes popped out!
Me asomé por la puerta. Recorrí con la vista a todos los invitados sentados en las incómodas banquitas de la iglesia. Algunos moviendose incómodos, otros dormidos, y unos cuantos (del lado de la novia) platicando y bromeando. Decidí revisar al novio, solo par asegurarme de que ahi siguiera. Nuestras miradas se encontraron justo en el centro. El me miraba parte desesperado, parte deprimido, y una parte, la mas grande de las tres, era como de locura y rabia.
Mi mirada fue un "Lo siento" débil. Del otro lado, sentí la mirada furiosa de la Morsa, el papá de Lietza, sobre mi. Probablemente pensaba que su hija había decidido escapar y que yo la estaba encubriendo. Cerré la puerta antes de que alguien más me mirara feamente.
Me di media vuelta, y ahí vi a Mago, en una esquina, hecha un manojo de nervios, llorando histéricamente.
- Y que pasa si le pasó algo, Marie? Qué hacemos!? Yo no quiero decirle al novio que ya es viudo antes de ser casado! No puedo! Como le digo: Hola, que crees, Lietza se murió y dce que no va a venir!?? No no no no... - gemido y luego palabras que no entendí - muerte!
- Mago cál-ma-te!¬¬ Te necesito entera para esto. No me puedes dejar sola. Respira!
En eso, como trueno, sudando y temblando de exitación, entra Lietza al recibidor.
- Maquillaje exprés!
Le caimos encima como buitres, pero el resultado no fue un cadaver descarnado y deforme. Era... hermoso, mi creación más mágica. Mi Opera Prima. Mago balbuceó algo que no entendí, como de costumbre, y sin más, la empujé por la puerta hacia el pasillo.
La marcha de Wagner comenzó a sonar mientras la gente se volteaba para ver. Mago seguía lloriqueando. La Morsa estaba más roja que de costumbre. Mientras caminaba con las demás damas, entre las caras de los invitados pude distinguir a unos cuantos buenos amigos. Luego, a personas que no creí ver ahí. Me reí para mis adentros y seguí caminando.
Fue una ceremonia larga, lenta y un poco cursi. Fue una buena boda.
A la salida de la iglesia, Felipe y Rafa estaban en muy buena disposición con el arroz y se lo arrojaron a Lietza a la cara con más fuerza de la necesaria. El recién esposo los miró con ojos de pistola, pero al ver a su esposa reir, se le olvidó todo.
En la recepción, tocó la mejor orquesta. La comida fue excelente. Y la decoración era hermosa. Ahí tuvimos complicaciones ya que Lietza había puesto a mi mamá como encargada de la decoración, pero la gente del salón no compartía la visión bohemia de mi madre de poner una plataforma de plexiglass sobre la piscina para que la gente pudiera bailar sobre ella, mietras por debajo flotaban velas en forma de flores de colores. Era una buena idea, lástima.
Llegó la hora del brindis. Y, aunque Rafa insistía en que no le importaba no haber hablado, tomó una copa (vacía por que ya se había acabado con Felipe las cinco botellas que les habían llevado a su mesa) y se levantó de la mesa.
- Amigosss! - hipo chistoso - amiga - dijo mirando a Lietza con condescendencia y ternura - hoy es tu día. Hoy, eres una mujer. No por que tengas más de quince años - hipo y una mirada nerviosa al novio - tampoco digo que te veas de más de quince años... y tampoco digo que tu esposo sea un pedófilo... Naaaah, para nadaaa! Lo que intento decir, es que hoy eres una mujer, hecha y derecha, indepenfff... indepdddd... perrrrdón... in-de-pen-dien-te-men-te de la noche de bodasssss, y tampoco digo que...
- Gracias Rafa. Ve a sentarte - intenté quitarle el micrófono, pero se aferraba como a su vida misma.
- Una última cosa, mujer- me dijo ofendido y se volteó hacia los novios - Lietza, de todo corazón, chinga a tu madre.
- Si Rafa si ¬¬. - lo mandé a su mesa donde Felipe ya lo esperaba con otra botella de quien sabe que.
Le dediqué a los novios el discurso más lacrimógeno y cursi que pude escribir jamás, desempolvando mis habilidades de blogger que no usaba en años.
Después el discurso del padrino. Felipe también intentó balbucear algo, pero lo dejó por la paz.Y Mago, incapaz de dejar de llorar, no se animó.
La fiesta acabó a eso de las 5am. Lietza y su nuevo marido se habían ido como a las 3am para cambiarse y subir las maletas al auto. En un mismo carro nos fuimos Cerrado, Felipe, Mago y yo hasta el aeropuerto.
Llegamos tarde gracias a que Rafa y yo discutimos por quien manejaría. Al final, como era el Mercedez de Mago, ella lo manejó. Por la seguridad de todos. Al llegar a las salidas internacionales, solo alcanzamos a ver una mano ondeando entre la gente, despidiendose de quien sabe quien. Nosotros nos adueñamos de ella.
Salimos molidos, golpeados, mojados, peleados, ebrios y con los pies hinchados. Nos quedamos los cuatro ahí parados bajo el frío de la noche de Dublin en silencio. Alguien habló. Estaba tan cansada (ebria) que no reconocí muy bien la voz. Creo que fue Cerrado.
Cerrado: Quien - hipo de ebrio feliz - quiere Waffles!??
Felipe: Yyyyoooo!!
Marie: Pero sin plátano,eeeeh! ¬¬
Cerrado: Culera haha!
Felipe: giggle giggle
Mago: No entendí!!
Nos subimos los cuatro al Mercedez y manejamos dentro de la noche hasta encontrar una cocina con wafflera para preparar waffles.
El novio no dejaba de moverse. No tengo ultra visión ni nada por el estilo, pero juro que vi desde el otro lado de la iglesia como se le saltaba una vena en la frente. Mi naturaleza neurótica me tenía a mi más estresada que a la misma novia. No contestaba al celular, como era su costumbre. Volví a intentar. Tono de marcado... Nada.
De nuevo. Tono... y vaya! Por fin contestó. Su voz se escuchaba calmada, pero con un pequeño ápice de nerviosismo.
- Wey, la cagas. Tu propia boda!
- Mames, el tráfico está cabrón.
- Me vale, es tu pinche boda y yo estoy peor que novia de rancho que se comió la torta antes de tiempo.
- Haha, mamona...
- Tu wey! Apurate que se te va el novio!
- Si si si, ya voy! Nos vemos en diez.
- Ok... Y Lietza...
- Mande...
- No intentes huir.
Colgó con una risilla. Guardé el celular habilmente entre los dobleces de mi vestido y me acomodé el outfit por centésima vez. Ni siquiera en mi propia boda había estado tan nerviosa.
Lietza siempre había dicho que yo era el tipo de personas que conseguría un novio en la universidad, duraríamos toda la carrera y después nos casaríamos. No se equivocó. Era perfecto, todo tan perfecto que hacía que mis ojos saltaran fuera de sus orbitas. Como dicen en inglés? Ah si si, my eyes popped out!
Me asomé por la puerta. Recorrí con la vista a todos los invitados sentados en las incómodas banquitas de la iglesia. Algunos moviendose incómodos, otros dormidos, y unos cuantos (del lado de la novia) platicando y bromeando. Decidí revisar al novio, solo par asegurarme de que ahi siguiera. Nuestras miradas se encontraron justo en el centro. El me miraba parte desesperado, parte deprimido, y una parte, la mas grande de las tres, era como de locura y rabia.
Mi mirada fue un "Lo siento" débil. Del otro lado, sentí la mirada furiosa de la Morsa, el papá de Lietza, sobre mi. Probablemente pensaba que su hija había decidido escapar y que yo la estaba encubriendo. Cerré la puerta antes de que alguien más me mirara feamente.
Me di media vuelta, y ahí vi a Mago, en una esquina, hecha un manojo de nervios, llorando histéricamente.
- Y que pasa si le pasó algo, Marie? Qué hacemos!? Yo no quiero decirle al novio que ya es viudo antes de ser casado! No puedo! Como le digo: Hola, que crees, Lietza se murió y dce que no va a venir!?? No no no no... - gemido y luego palabras que no entendí - muerte!
- Mago cál-ma-te!¬¬ Te necesito entera para esto. No me puedes dejar sola. Respira!
En eso, como trueno, sudando y temblando de exitación, entra Lietza al recibidor.
- Maquillaje exprés!
Le caimos encima como buitres, pero el resultado no fue un cadaver descarnado y deforme. Era... hermoso, mi creación más mágica. Mi Opera Prima. Mago balbuceó algo que no entendí, como de costumbre, y sin más, la empujé por la puerta hacia el pasillo.
La marcha de Wagner comenzó a sonar mientras la gente se volteaba para ver. Mago seguía lloriqueando. La Morsa estaba más roja que de costumbre. Mientras caminaba con las demás damas, entre las caras de los invitados pude distinguir a unos cuantos buenos amigos. Luego, a personas que no creí ver ahí. Me reí para mis adentros y seguí caminando.
Fue una ceremonia larga, lenta y un poco cursi. Fue una buena boda.
A la salida de la iglesia, Felipe y Rafa estaban en muy buena disposición con el arroz y se lo arrojaron a Lietza a la cara con más fuerza de la necesaria. El recién esposo los miró con ojos de pistola, pero al ver a su esposa reir, se le olvidó todo.
En la recepción, tocó la mejor orquesta. La comida fue excelente. Y la decoración era hermosa. Ahí tuvimos complicaciones ya que Lietza había puesto a mi mamá como encargada de la decoración, pero la gente del salón no compartía la visión bohemia de mi madre de poner una plataforma de plexiglass sobre la piscina para que la gente pudiera bailar sobre ella, mietras por debajo flotaban velas en forma de flores de colores. Era una buena idea, lástima.
Llegó la hora del brindis. Y, aunque Rafa insistía en que no le importaba no haber hablado, tomó una copa (vacía por que ya se había acabado con Felipe las cinco botellas que les habían llevado a su mesa) y se levantó de la mesa.
- Amigosss! - hipo chistoso - amiga - dijo mirando a Lietza con condescendencia y ternura - hoy es tu día. Hoy, eres una mujer. No por que tengas más de quince años - hipo y una mirada nerviosa al novio - tampoco digo que te veas de más de quince años... y tampoco digo que tu esposo sea un pedófilo... Naaaah, para nadaaa! Lo que intento decir, es que hoy eres una mujer, hecha y derecha, indepenfff... indepdddd... perrrrdón... in-de-pen-dien-te-men-te de la noche de bodasssss, y tampoco digo que...
- Gracias Rafa. Ve a sentarte - intenté quitarle el micrófono, pero se aferraba como a su vida misma.
- Una última cosa, mujer- me dijo ofendido y se volteó hacia los novios - Lietza, de todo corazón, chinga a tu madre.
- Si Rafa si ¬¬. - lo mandé a su mesa donde Felipe ya lo esperaba con otra botella de quien sabe que.
Le dediqué a los novios el discurso más lacrimógeno y cursi que pude escribir jamás, desempolvando mis habilidades de blogger que no usaba en años.
Después el discurso del padrino. Felipe también intentó balbucear algo, pero lo dejó por la paz.Y Mago, incapaz de dejar de llorar, no se animó.
La fiesta acabó a eso de las 5am. Lietza y su nuevo marido se habían ido como a las 3am para cambiarse y subir las maletas al auto. En un mismo carro nos fuimos Cerrado, Felipe, Mago y yo hasta el aeropuerto.
Llegamos tarde gracias a que Rafa y yo discutimos por quien manejaría. Al final, como era el Mercedez de Mago, ella lo manejó. Por la seguridad de todos. Al llegar a las salidas internacionales, solo alcanzamos a ver una mano ondeando entre la gente, despidiendose de quien sabe quien. Nosotros nos adueñamos de ella.
Salimos molidos, golpeados, mojados, peleados, ebrios y con los pies hinchados. Nos quedamos los cuatro ahí parados bajo el frío de la noche de Dublin en silencio. Alguien habló. Estaba tan cansada (ebria) que no reconocí muy bien la voz. Creo que fue Cerrado.
Cerrado: Quien - hipo de ebrio feliz - quiere Waffles!??
Felipe: Yyyyoooo!!
Marie: Pero sin plátano,eeeeh! ¬¬
Cerrado: Culera haha!
Felipe: giggle giggle
Mago: No entendí!!
Nos subimos los cuatro al Mercedez y manejamos dentro de la noche hasta encontrar una cocina con wafflera para preparar waffles.
viernes, mayo 01, 2009
Queso Caducado
Me giré sobre la cama y choqué contra algo. Un cuerpo. Este pasó un lago brazo sobre mi tronco y me dijo algo como, "vuelve a dormir" con una voz grave y reconfortante.
Después me levanté y me asomé a la ventana. Un hombre parado en la esquina me saludó. Volteé a ver la cama, y la persona que estaba ahí había desaparecido.
La mañana siguiente, fui al aeropuerto. Era de madrugada. Ahí conocí a un tipo que intentó ser amable conmigo, pero mi naturaleza me hizo ser mal pedo con el. Abordamos el avión, el cual casi se cae. Llegamos al aeropuerto de Londres y ahí tomé un taxi, ya que nadie me pasó a recoger.
Llegué a un edificio enorme y blanco, con una puerta negra gigante. Intenté abrir pero nadie contestó a mi llamado. Esperé ahí sentada un buen rato. De repente, llegaron tres carros, todos negros y brillantes. Era obvio que el segundo carro, que iba entre dos camionetas, era el importante. Se abrió la ventanilla automática y una voz de mujer salió de el. Me dijo que subiera al auto y que mi papá nos esperaba en otro lado.
Obedecí y me llevaron a otro edificio más grande aún, con rejas eléctricas y muchas cosas extrañas. En el reibidor me encotré con un wey que al parecer ya me conocía. Habló, habló y habló hasta que la misma mujer rubia del auto me llamó. Entré a un despacho y ahí estaba el Primer Ministro de Inglaterra, un hombre de edad, poderoso a simple vista y también muy bonachon. Me ofreció una taza de té, pero se la cambié por café. Entró a la habitación con una charola el mismo tipo del aeropuerto. Sin querer casi hago que pierda su trabajo.
Minutos después llegó mi papá todo golpeado con una historia de como había caido en la ducha, algo típico de él, así que nadie más hizo preguntas.
Fuera del despacho del ministro, tuve un encontronazo con el wey ese del aeropuerto y del café, que resultó llamarse ___. Luego fui a casa con mi papá.
De repente, todo estaba cubierto con nieve y hacía un frío de la chingada. Llamaron a la puerta, abrí y era ___, me dijo que tenía que ir con él, que habían descubierto que era un clon y que su papá (el ministro) estaba en peligro.
Nos subimos a un carro y salimos hechos la madre. Nos venían persiguiendo unos tipos. ___ se estacionó y nos internamos en el bosque. Perdimos a los que nos perseguian, pero también nos perdimos nosotros. Ahí muertos de frío, yo de miedo, en pleno bosque, confesamos abiertamente nuestro amor.
No tengo idea de como salimo del bosque. Llegamos a un laboratorio donde vimos como todo era una conspiración para que los demás países ya no tuvieran que comprar petróleo de México (hahaha), asesinando al representante de Pemex internacionalmente (osea mi papá... que diantres!?). No entendí que tenían que ver clones con todo esto pero bueeeenoo... El ministro no estaba en peligro, era parte del plan.
Nos encontraron. Se llevaron a ___ a no se donde y el chiste es que casi morimos todos pero a la hora, el clon defectuoso de ___ hizo explotar todo. Solo me salvé yo.
Pasó el tiempo. Fui a visitar las tumbas de ___ y de mi padre. Después desperté y me bajé a desayunar.
Diablos, no vuelvo a ver el Extraño Mundo de Jack antes de dormir... eso... o no vuelvo a hacerme sandwiches con queso de dudosa procedencia.
Después me levanté y me asomé a la ventana. Un hombre parado en la esquina me saludó. Volteé a ver la cama, y la persona que estaba ahí había desaparecido.
La mañana siguiente, fui al aeropuerto. Era de madrugada. Ahí conocí a un tipo que intentó ser amable conmigo, pero mi naturaleza me hizo ser mal pedo con el. Abordamos el avión, el cual casi se cae. Llegamos al aeropuerto de Londres y ahí tomé un taxi, ya que nadie me pasó a recoger.
Llegué a un edificio enorme y blanco, con una puerta negra gigante. Intenté abrir pero nadie contestó a mi llamado. Esperé ahí sentada un buen rato. De repente, llegaron tres carros, todos negros y brillantes. Era obvio que el segundo carro, que iba entre dos camionetas, era el importante. Se abrió la ventanilla automática y una voz de mujer salió de el. Me dijo que subiera al auto y que mi papá nos esperaba en otro lado.
Obedecí y me llevaron a otro edificio más grande aún, con rejas eléctricas y muchas cosas extrañas. En el reibidor me encotré con un wey que al parecer ya me conocía. Habló, habló y habló hasta que la misma mujer rubia del auto me llamó. Entré a un despacho y ahí estaba el Primer Ministro de Inglaterra, un hombre de edad, poderoso a simple vista y también muy bonachon. Me ofreció una taza de té, pero se la cambié por café. Entró a la habitación con una charola el mismo tipo del aeropuerto. Sin querer casi hago que pierda su trabajo.
Minutos después llegó mi papá todo golpeado con una historia de como había caido en la ducha, algo típico de él, así que nadie más hizo preguntas.
Fuera del despacho del ministro, tuve un encontronazo con el wey ese del aeropuerto y del café, que resultó llamarse ___. Luego fui a casa con mi papá.
De repente, todo estaba cubierto con nieve y hacía un frío de la chingada. Llamaron a la puerta, abrí y era ___, me dijo que tenía que ir con él, que habían descubierto que era un clon y que su papá (el ministro) estaba en peligro.
Nos subimos a un carro y salimos hechos la madre. Nos venían persiguiendo unos tipos. ___ se estacionó y nos internamos en el bosque. Perdimos a los que nos perseguian, pero también nos perdimos nosotros. Ahí muertos de frío, yo de miedo, en pleno bosque, confesamos abiertamente nuestro amor.
No tengo idea de como salimo del bosque. Llegamos a un laboratorio donde vimos como todo era una conspiración para que los demás países ya no tuvieran que comprar petróleo de México (hahaha), asesinando al representante de Pemex internacionalmente (osea mi papá... que diantres!?). No entendí que tenían que ver clones con todo esto pero bueeeenoo... El ministro no estaba en peligro, era parte del plan.
Nos encontraron. Se llevaron a ___ a no se donde y el chiste es que casi morimos todos pero a la hora, el clon defectuoso de ___ hizo explotar todo. Solo me salvé yo.
Pasó el tiempo. Fui a visitar las tumbas de ___ y de mi padre. Después desperté y me bajé a desayunar.
Diablos, no vuelvo a ver el Extraño Mundo de Jack antes de dormir... eso... o no vuelvo a hacerme sandwiches con queso de dudosa procedencia.
sábado, abril 25, 2009
Miffie es Bonita
Por que se rie como la mala del cuento. Por que es la mala del cuento. Es bonita cuando duerme y cuando despierta con peinado de Robert Smith. Por que es amiga de personas bonitas. Por que la gente le carga las maletas. Por que es consentida y, aunque no lo acepte, siempre obtiene lo que quiere. Por que es intolerante y un desmother, por que te hace reir y tiene pésimo caracter. Por que es obsesiva-compulsiva, paranoica e histérica.
Es bonita cuando se desespera, cuando comienza con su delirio de persecución, cuando no quiere ver a nadie, cuando sale, cuando lee, cuando ve tele. Es bonita por que es super puntual y muy irresponsable. Por que solo piensa en ella y en las personas que quiere y le vale todo y todos los demás. Por que tiene un blog, twitter, msn, facebook y myspace y está muy conectada. Por que usa el ipod de su papá sin permiso. Por que dice/escribe/dibuja/canta lo que siente. Por que toca el bajo (sin albúrrrr). Por que canta como los ángeles. Por que le gusta bailar y le gusta ir al cine.
Por que siemre tiene algo que decir. Por que siempre está pensando en lo mucho que odia a la gente. Es bonita cuando se enoja y te dice tus verdades. Cuando llora por estupideces, y es aún más bonita cuando se da cuenta de que llorar no sirve de nada y le da a la vida una sonrisa burlona. Es bonita cuando te ve con superioridad y cuando es irónica.
Es bonita por que she could totally kick your ass y por que sabes que es cierto. Por que escribe decentemente en el msn. Por que su ortografía apesta. Por que es capaz de matar a alguien, y lo confiesa. Por que sabe que algún día irá a prisión por su mal temperamento y por que tiene malas costumbres como sentarse en los sillones de exhibición de las tiendas o hacerle caras a las personas que se paran al lado de su carro en los altos.
Por que no le gusta la cebolla y adora el queso. Por que su comida favorita son los sandwiches. Por que hay canciones que la hacen sonreir. Por que puede ser muy nerdy sometimes. Por que ha viso Crepúsculo más de lo que una persona sana, mentalmente hablando, la podría ver. Por que no te soporta. Por que siempre se burla de ti. Es bonita cuando no te das cuenta que se burla de ti. Y es más bonita por que probablemente se este riendo de todos ustedes justo ahora.
Es bonita por que sabe lo que quiere y por que sabes que lo obtendrá. Por que tiene los pantalones para hablarte de frente y por que en general, es una chingoneria. Por que lees su blog y no puedes creer que alguien escriba tan fregonamente como ella lo hace. Por que tiene una mente un poco random y amas eso de ella.
Por que es una rocola con piernas. Por que nunca deja de pensar en los que se fueron. Por que siempre se acuerda de los cumpleaños de todos. Por que es buena amiga y amas sus consejos. Por que igual puede salir de parranda toda la noche y quedarse contigo viendo películas en tu casa. Por que no sabe jugar mas que Nintendo y Wii. Por que siempre se rompe algún hueso del cuerpo. Por que es el tipo de persona con la que te gustaría tener algo en común.Por que todos piensan que es dulce cuando en verdad no lo es. Por que es una cursi y cheesy y lo acepta.
Es bonita cuando va a Nayarit y cuando se va de viaje todas las vacaciones. Cuando habla en inglés y va a clases de francés. Cuando canta Rammstein. Cuando escucha música y canta a gritos. Cuando te empuja. Cuando te enseña la lengua y te hac señales obsenas. Es bonita cuando te la menta y aún mucho más bonita cuando te arranca una sonrisa. Por que no sabe mantener una platica por teléfono, por que le caga textear y por que escribe demasidado rápido en la computadora.
Es bonita si se enamora, y si te odia también. Es bonita por que así es ella y no lo puede evitar! Por que te cae bien aunque no sabes si tu le caes bien. Por que cuando ella se rie, no sabes si es de ti o contigo y eso, mi amigo, es bonito.
Es bonita cuando se desespera, cuando comienza con su delirio de persecución, cuando no quiere ver a nadie, cuando sale, cuando lee, cuando ve tele. Es bonita por que es super puntual y muy irresponsable. Por que solo piensa en ella y en las personas que quiere y le vale todo y todos los demás. Por que tiene un blog, twitter, msn, facebook y myspace y está muy conectada. Por que usa el ipod de su papá sin permiso. Por que dice/escribe/dibuja/canta lo que siente. Por que toca el bajo (sin albúrrrr). Por que canta como los ángeles. Por que le gusta bailar y le gusta ir al cine.
Por que siemre tiene algo que decir. Por que siempre está pensando en lo mucho que odia a la gente. Es bonita cuando se enoja y te dice tus verdades. Cuando llora por estupideces, y es aún más bonita cuando se da cuenta de que llorar no sirve de nada y le da a la vida una sonrisa burlona. Es bonita cuando te ve con superioridad y cuando es irónica.
Es bonita por que she could totally kick your ass y por que sabes que es cierto. Por que escribe decentemente en el msn. Por que su ortografía apesta. Por que es capaz de matar a alguien, y lo confiesa. Por que sabe que algún día irá a prisión por su mal temperamento y por que tiene malas costumbres como sentarse en los sillones de exhibición de las tiendas o hacerle caras a las personas que se paran al lado de su carro en los altos.
Por que no le gusta la cebolla y adora el queso. Por que su comida favorita son los sandwiches. Por que hay canciones que la hacen sonreir. Por que puede ser muy nerdy sometimes. Por que ha viso Crepúsculo más de lo que una persona sana, mentalmente hablando, la podría ver. Por que no te soporta. Por que siempre se burla de ti. Es bonita cuando no te das cuenta que se burla de ti. Y es más bonita por que probablemente se este riendo de todos ustedes justo ahora.
Es bonita por que sabe lo que quiere y por que sabes que lo obtendrá. Por que tiene los pantalones para hablarte de frente y por que en general, es una chingoneria. Por que lees su blog y no puedes creer que alguien escriba tan fregonamente como ella lo hace. Por que tiene una mente un poco random y amas eso de ella.
Por que es una rocola con piernas. Por que nunca deja de pensar en los que se fueron. Por que siempre se acuerda de los cumpleaños de todos. Por que es buena amiga y amas sus consejos. Por que igual puede salir de parranda toda la noche y quedarse contigo viendo películas en tu casa. Por que no sabe jugar mas que Nintendo y Wii. Por que siempre se rompe algún hueso del cuerpo. Por que es el tipo de persona con la que te gustaría tener algo en común.Por que todos piensan que es dulce cuando en verdad no lo es. Por que es una cursi y cheesy y lo acepta.
Es bonita cuando va a Nayarit y cuando se va de viaje todas las vacaciones. Cuando habla en inglés y va a clases de francés. Cuando canta Rammstein. Cuando escucha música y canta a gritos. Cuando te empuja. Cuando te enseña la lengua y te hac señales obsenas. Es bonita cuando te la menta y aún mucho más bonita cuando te arranca una sonrisa. Por que no sabe mantener una platica por teléfono, por que le caga textear y por que escribe demasidado rápido en la computadora.
Es bonita si se enamora, y si te odia también. Es bonita por que así es ella y no lo puede evitar! Por que te cae bien aunque no sabes si tu le caes bien. Por que cuando ella se rie, no sabes si es de ti o contigo y eso, mi amigo, es bonito.
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